
"No hay que poner límites a la imaginación"
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Cuando Juan Salvador Gaviota alcanza su máxima velocidad de vuelo, a 320 kilómetros por hora, exclama emocionado: "¡Podremos alzarnos sobre nuestra ignorancia! ¡Podremos descubrirnos como criaturas de la perfección! Ahora tenemos una razón para vivir ¡para ser libres!" La metáfora que el célebre escritor Richard Bach introdujo en "Juan Salvador Gaviota" (Ediciones B) -su libro más exitoso, del que ha vendido 45 millones de ejemplares en 48 idiomas incluidos varios dialectos africanos- pintaba ya en 1972 con trazo indeleble la filosofía de su autor.
Bach trascendió entonces las fronteras de los Estados Unidos, su país natal. Tanto como lo hicieron Antoine de Saint-Exupéry con "El Principito" y Paulo Coelho con "El Alquimista".
Mañana, este escritor consagrado y aviador apasionado de 64 años llegará a Buenos Aires para presentar, el sábado próximo, en la Feria del Libro, sus dos títulos recientes: "Mensajes para siempre" (Vergara & Riba Editoras) y "Al otro lado del tiempo" (Ediciones B). Y, además de firmar ejemplares en los stands de ambas editoriales, tendrá un encuentro con sus lectores.
Para persuadirlo de venir a nuestro país, las editoras Trini Vergara y Lidia Riba llegaron hasta su casa en los bosques de Seattle, donde el escritor y aviador vive aislado del mundo con su segunda esposa Sabrina. Desde San Pablo, Bach mantuvo un diálogo con La Nación vía e-mail.
Alas de libertad
-Hace 30 años, usted se convirtió en una suerte de precursor de una filosofía espiritual.
-No creo serlo. Desde el principio de los tiempos, el hombre ha buscado algo que lo lleve más allá de lo que puede ver o tocar. Tengo un rechazo casi instintivo por los rótulos que son sólo límites a nuestra capacidad de imaginar. Cada uno puede elegir su propio camino porque todos somos seres especiales. Podemos acomodarnos a la facilidad de ser uno más o elegir escuchar la voz de nuestro ser interior que contradice esas otras voces que señalan que no somos especiales, sino uno más entre millones. La vida es ese aprendizaje permanente acerca de nosotros mismos.Toda nuestra vida está justificada por ese viaje, por la idea de que ese tesoro vale la pena.
-¿Fue "Juan Salvador Gaviota" su obra maestra?
-Un libro ha sido exitoso cuando al terminarlo se siente uno inmerso por completo en la historia, cuando sus personajes lo han interpretado. Juan Salvador Gaviota ha sido tal vez mi libro más vendido, pero todos han sido exitosos. Nunca pienso en términos de mercado cuando escribo. Lo hago para mí mismo, para divertirme, para comunicar mis ideas, para expresar lo que vivo y lo que siento. Soy afortunado porque he podido comprobar que lo que me divierte a mí también agrada a muchos otros.
-Sus libros proponen la libertad espiritual como herramienta capaz de superar aún las barreras del espacio y del tiempo. ¿Cómo lo ha logrado usted en su vida?
-La imaginación es la herramienta más poderosa que tenemos, la única capaz de llevarnos a aventuras más allá del espacio y el tiempo. La libertad espiritual que he tratado de buscar en mi vida consiste en nunca poner límites a la imaginación.
-¿Cree que cada hombre llega al mundo con una misión? ¿Cuál ha sido la suya?
-Creo que existe un principio de amor que está por encima de nosotros, mucho más allá de nuestra presencia en este pequeño planeta, con un pequeño sol en una galaxia menor. Ese amor se refleja en cada uno y somos parte de él. Somos incapaces de morir porque la fuerza de ese amor nos trasciende. Existen innumerables ejemplos de que el amor prevalece, de que constituye una fuerza poderosísima capaz de lograr cosas heróicas que jamás produciría el dinero. Todos tenemos un don que, tarde o temprano, debemos ofrecer a los demás. Pero primero tenemos que descubrir cuál es. Si escuchamos nuestra voz interior, ella nos revelará aquello que amamos más y estaremos en camino de encontrar ese don. Mi misión ha sido transmitir mis ideas y las experiencias profundas que encontré en el vuelo.
-Volar es su gran pasión, ¿qué encuentra en el cielo que le falte en la tierra?
-Cuando tenía ocho años tuve una visión. Me imaginé observándolo todo desde las nubes. Aunque nadie en mi familia volaba, yo comencé en un pequeño aeroclub limpiando esas máquinas. Todo obedece a un principio: la aerodinámica. Si obedecemos a ese principio, descubierto por alguien lleno de imaginación, podremos volar más alto y mejor.
-En este siglo nacido con más dudas que certezas, ¿qué utopía podría ayudarnos a cambiar el mundo en que vivimos?
-Ese principio del amor que está presente en cada individuo es lo que nos mueve a buscar la propia salvación. Al comprender qué puede salvarnos de nuestra propia destrucción tal vez podamos salvar al mundo. Sólo es necesario que una gaviota se eleve mucho más allá de sus posibilidades para que otra se atreva y la siga, y luego otra, y otra más, hasta que se forme una bandada diferente, con cada uno de sus integrantes volando más alto y mejor.




