Otro caso de "portación de cara"
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Uno de los más sonados antecedentes de discriminación por los rasgos físicos registrado en los últimos meses fue el que sufrieron la boliviana Valentina Sánchez Gorena y sus dos hijos adolescentes argentinos.
A fines del año último, la familia viajó a La Paz, Bolivia. A su regreso, personal de la Dirección de Migraciones y de la Gendarmería Nacional los detuvo en la frontera y los deportó a Bolivia, porque, debido a su aspecto, los confundieron con extranjeros indocumentados.
Fue una historia de confusión y agresiones que duró más de dos semanas, en las que la familia no pudo regresar a su domicilio en Buenos Aires.
Como consecuencia de esa demora, Valentina Sánchez Gorena perdió su trabajo.
La familia fue demorada en Purmamarca, Jujuy, cuando ya habían cruzado la frontera en ómnibus.
Allí, un gendarme les pidió documentos y les ordenó que se bajaran del micro.
Al igual que los hermanos Martínez, que denunciaron haber sufrido ofensas y agresiones en Ezeiza, la familia Sánchez Gorena vivió horas de tensión. Estuvieron detenidos, los obligaron a dormir a la intemperie y no les dieron de comer, según denunció después la mujer.
Dos días después, en la sede de Migraciones jujeña, luego de haber sufrido agresiones físicas, se decidió deportarlos a Bolivia.
La mujer denunció lo que les había ocurrido ante la embajada argentina en La Paz, que facilitó su regreso al país.
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