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SANTIAGO, Chile.— Faltaba un día para que el timbre del Colegio De La Salle, en La Reina, en el oriente de esta ciudad, decretara el cierre del año escolar. Eran las ocho de la mañana y los estudiantes avanzaban hacia la entrada con paso corto, todavía aletargados por el sueño. Entre mochilas, saludos y los gritos de los más pequeños que ya corrían por los patios, se repetía un gesto que pronto quedaría fuera de la rutina: las manos que se dirigían al bolsillo para confirmar que el teléfono celular estaba ahí.




