
El cardiólogo Jorge Tartaglione destacó en LN+ los beneficios del Tai Chi para quienes conviven con este trastorno; explicó cómo combina movimientos lentos, respiración y meditación; su práctica puede complementar el tratamiento médico
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Los temblores, la rigidez y las dificultades para desplazarse pueden alterar profundamente la vida cotidiana de las personas con Parkinson. En ese contexto, el médico cardiólogo Jorge Tartaglione destacó en LN+ una práctica milenaria que puede contribuir a mejorar el control de los movimientos: el Tai Chi, un arte marcial de origen chino que combina ejercicio físico, respiración y meditación.
Durante su participación en el canal, el especialista puso el foco en las posibilidades de esta disciplina como acompañamiento del tratamiento. “Mejora notablemente los movimientos y la rigidez de los pacientes con Parkinson”, afirmó. También subrayó un beneficio especialmente relevante para quienes tienen dificultades de equilibrio: “Evita muchísimas caídas”.

Qué es el Tai Chi y por qué Tartaglione lo recomienda
“El Tai Chi es una técnica milenaria que combina movimiento físico con meditación”, explicó el cardiólogo. Se trata de una práctica que propone secuencias de movimientos lentos y controlados, acompañados por la respiración y la concentración.
Tartaglione contó que él mismo realiza esta actividad y mencionó a su profesora, Chen Ming, a quien presentó como campeona de artes marciales y tai chi. Durante la intervención, hizo una breve demostración para ilustrar la coordinación entre la postura, los brazos y los cambios de dirección.
La lentitud de los gestos fue uno de los aspectos que más llamó la atención en el estudio. La comparación con caminar “en cámara lenta” permitió describir de manera sencilla una característica visible de la disciplina: cada movimiento se realiza de forma pausada, con atención a la posición del cuerpo.

Qué se sabe sobre sus beneficios para el equilibrio
El interés por el Tai Chi también fue evaluado en investigaciones clínicas. Un ensayo publicado en The New England Journal of Medicine encontró que un programa adaptado podía mejorar el equilibrio y la capacidad funcional de personas con Parkinson de intensidad leve a moderada. Además, registró menos caídas frente a un programa de estiramientos, aunque esa diferencia no se observó al compararlo con ejercicios de resistencia.
Estos resultados permiten poner en contexto la afirmación de Tartaglione: la práctica puede ayudar a reducir el riesgo de caídas, pero no garantiza evitarlas. Los beneficios observados en un programa supervisado tampoco implican que cualquier secuencia de movimientos resulte adecuada para todas las personas.
Por eso, incorporar esta actividad requiere considerar las posibilidades de cada paciente y adaptar los ejercicios con orientación del equipo tratante. El objetivo es que la práctica acompañe el cuidado de la movilidad y se realice en condiciones seguras.

Una actividad para complementar el tratamiento
Durante su explicación en LN+, Tartaglione se detuvo en el impacto que pueden tener los síntomas motores. Mencionó los temblores y la rigidez, y describió cómo las dificultades para moverse repercuten en acciones tan habituales como caminar.
Más allá de esa situación, el lugar que ocupa el Tai Chi debe entenderse dentro de un abordaje integral: su incorporación no implica reemplazar la medicación ni modificar las indicaciones del equipo médico.
Tartaglione también mencionó grupos que practican esta disciplina en espacios públicos porteños, entre ellos Parque Chacabuco y Parque Avellaneda.
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