
Pasaportes: no hay solución a la vista
Economía hizo un pago parcial y promete otro similar; la empresa que los confecciona exige que se cancele toda la deuda
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"La semana próxima se recibiría el material, con lo cual empezaría a normalizarse el sistema", aseguró el comisario inspector Jorge Troncoso, jefe del Departamento de Identificación Personal. Agregó que había tenido una comunicación en ese sentido de parte del jefe de la Policía Federal, comisario general Rubén Santos.
Se refería a la demora en la confección y entrega de por lo menos sesenta y ocho mil pasaportes tramitados en las tres semanas últimas por parte de la Policía Federal, que carece de los insumos necesarios para realizar esa tarea. Y que irrita los ánimos de miles de viajeros.
Troncoso ordenó a un subalterno que comunique la novedad a los empleados, para que a su vez la informen al público. Aclaró que debía usarse "el verbo en potencial". No se calmaron mucho los ánimos.
Menos se hubieran calmado si tras sus palabras se hubiese difundido la réplica de Roberto Molina, director de Ciccone Calcográfica, la empresa que confecciona los pasaportes.
Consultado Molina sobre lo dicho por Troncoso, desestimó la posibilidad de solución, al señalar que el Ministerio de Economía les había remitido dos millones de pesos (de la deuda de 14 millones) y que se "habla de otro envío por tres millones".
Agregó que, de todas formas, el problema "no se soluciona, porque al facturar el nuevo material que nos mandan, se vuelve a la deuda que ha generado todo esto. Si no se paga el total o no se establece un compromiso fehaciente, con plazo de cancelar la deuda en no más de dos semanas, no se puede renovar el envío de insumos".
Fuentes cercanas al Ministerio de Economía confirmaron que enviaron los dos millones de pesos y que probablemente la semana próxima paguen una cifra similar. Desde la Secretaría de Seguridad Interior informaron ayer que la solución definitiva depende de Hacienda, "ya que ellos deberían liberar los fondos para saldar la deuda en forma total".
El tema de los pasaportes que no se entregan -casi 70.000- seguía mostrando sus efectos ayer en el Departamento de Documentación, de Azopardo y Chile. Nerviosismo generalizado. Con algo más de tensión, parecerá una escena del film "El año que vivimos en peligro", en la que cientos de personas intentan abordar un avión para salir de la capital de Indonesia, Yakarta.
Pero en este caso, a los que proyectan viajar ni siquiera les servirá ir al aeropuerto. Sencillamente no podrán abordar ningún avión.
En el salón principal (trámite para la obtención de pasaportes) esperaban turno para ser atendidas unas 600 personas, sobrepasando ampliamente el número de asientos. Al mediodía, el destellador que indica los turnos marcaba el número 953.
Una cola de cerca de 30 personas estaba formada en un sector lateral, frente a una puerta que da a una pequeña oficina. Se la destinó especialmente para los casos "de urgencia".
Las historias que se escuchan allí son similares. Con un absoluto denominador común: la obsesión de irse con una libreta rectangular, azulada, en la que hay una inscripción que parece haber adquirido un valor mágico: Pasaporte argentino.




