Patrimonio en peligro: el penoso estado de un emblema de la Patagonia que hoy cumple 82 años
Se suman reclamos en Bariloche por los daños que presenta un ícono de la ciudad
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SAN CARLOS DE BARILOCHE.– El 17 de marzo de 1940, la mayor parte de los menos de 4000 habitantes que por entonces tenía esta ciudad participaron del acto de inauguración del resplandeciente Centro Cívico. Más de 460 planos se dibujaron para una obra que demandó el trabajo de más de 400 personas y que pronto se convertiría en un imán para los visitantes. A 82 años de aquel día, mucho ha cambiado: el paso del tiempo, la negligencia, la falta de decisión política y organización, el vandalismo y otros factores percudieron uno de los mayores emblemas patagónicos, que hoy presenta un avanzado estado de deterioro.
La imagen general del conjunto sigue siendo protagonista de las fotos de los turistas, pero en una simple recorrida, como la que hizo LA NACION esta semana, el ojo atento comienza rápidamente a detectar las señales de los daños en múltiples detalles. Lajas faltantes en las veredas; escalinatas, cordones y bancos rotos; ventanas dañadas y postigos faltantes; aleros, dinteles y vigas podridos; cables colgantes, esculturas deterioradas y grafitis están entre las muestras más claras del abandono. Los autos chocados y motos secuestradas en la comisaría añaden deslucimiento.
Además, hace unos seis meses se rompió el reloj de la torre. Por ese motivo, ni locales ni turistas pueden ahora disfrutar del escudo de Bariloche y las cuatro figuras talladas en madera que Ernesto de Estrada (1909-1998), el arquitecto y urbanista que diseñó el Centro Cívico, dispuso en la torre y que deberían girar a las 12 y a las 18.
“Este ícono de la ciudad de Bariloche que hoy cumple 82 años se encuentra en un estado crítico, no solo por el deterioro producido por el paso del tiempo, sino también por el uso inadecuado de algunos sectores y también por el vandalismo al que cada tanto es sometido”, afirma el arquitecto Gonzalo de Estrada, que desde la década de 1990 preside la Comisión Directiva de la Biblioteca Popular Sarmiento, la institución más pujante del corazón urbano que ideó su padre. Como hijo del creador del Centro Cívico, defender ese legado es uno de sus principales motores.
El museólogo Américo Eduardo Pérez Navarro también respira esa herencia en el día a día. Es actualmente el jefe a cargo de la división Museo de la Patagonia, que funciona junto a la biblioteca. “Ingresé a trabajar en 1993 y conozco el Centro Cívico de punta a punta, desde el sótano hasta el altillo. En estos 28 años he visto muchísimas cosas: el lugar como un espacio de encuentros, actividades y reflexión, e incluso como epicentro de desencuentros y enojos”, cuenta Pérez Navarro.


Para él, el Centro Cívico es su segunda casa. De hecho, su padre entró a trabajar en 1977 en el museo y se jubiló en 2015. “Vamos viendo el deterioro, van faltando piezas y no sabemos cómo reponerlas; intentamos reparar lo que se puede. Si hiciéramos un relevamiento, hay infinidad de piezas que se fueron perdiendo y otras tantas que deberían ser restauradas. Observamos día a día el desmanejo del Centro Cívico, porque para la postal está o se utiliza, pero cada vez que hay un evento, alguna herida sufre: se perforan los pisos, se agujerean las paredes, hay grafitis que tienen más de 20 años. Y cada vez que se hace un arreglo solo se hace en la parte más visible que da a la plaza, donde hay mayor circulación, pero no en lo que no sale en la foto”, advierte Pérez Navarro, que también forma parte del Ente de Patrimonio Cultural de la ciudad.
Etapas
La historia del Centro Cívico barilochense atravesó múltiples etapas y cada una de ellas ha ido definiendo su destino. En sus orígenes, el complejo albergaba la biblioteca, el museo, el juzgado de paz, la comisaría, la aduana, el correo y la municipalidad. Construido entre 1936 y 1939, tiene forma de U; se proyectó como un espacio que mira al lago, con una plaza seca en el medio, llamada Expedicionarios al desierto.
En agosto de 1987, el complejo fue declarado Monumento y Lugar Histórico Nacional, al igual que la Intendencia de Parques Nacionales (proyectada por Alejandro Bustillo), que se ubica a pocos metros. Y en 1999, la ley 25.168 transfirió “los inmuebles pertenecientes a la Administración de Parques Nacionales que integran el conjunto arquitectónico denominado Centro Cívico” al Municipio de San Carlos de Bariloche.
“El complejo cayó en decadencia de los años 90 en adelante porque el trabajo de mantenimiento (limpieza, rasqueteado de puertas, ventanas, cuidado de techos y tejas, etc.) lo hacía Parques Nacionales. Desde la cesión al municipio, eso no fue tan organizado. En vez de hacerse anualmente o cada dos años, pasó a hacerse cada cuatro o seis, y eso llevó al deterioro”, opina Pérez Navarro.
Asimismo, a finales de los 90 se comenzó a trabajar en la transformación del espacio en un centro cultural y turístico. La idea, que incluso contó con el aval de Ernesto de Estrada, era retirar las oficinas administrativas y armar un gran circuito cultural. Se retiraron la aduana y el juzgado, lo que permitió sumar la sala de exposiciones Frey y dependencias de la Subsecretaría de Cultura, así como ampliar el museo con la Sala Chonex. También se trasladó el correo, entre otras adecuaciones hechas en los últimos 20 años.
Entre las propuestas actuales de refuncionalización aparecen el retiro de la policía y el tribunal de contralor, que aún tienen oficinas en el Centro Cívico, para destinar esos espacios a actividades culturales. También se ha propuesto retirar las oficinas del Concejo Deliberante en el excorreo y reubicar dependencias de turismo municipal, provincial y nacional.
La función predominantemente turística y cultural deseada también incluye la necesidad de dotar al Centro Cívico de baños públicos apropiados, así como resolver la accesibilidad a los distintos edificios y retirar la carpa que hoy alberga a los artesanos para realizar un paseo artesanal de diseño adecuado.


“El proyecto original también contempla una confitería que funcionó pocos años y luego se cerró. Al lado de donde hoy funciona la Sala Frey, hay una galería medio escondida que termina contra un paredón que han tapiado. Ahí había una puerta que iba a la confitería. Ese lugar es hoy el baño público del Centro Cívico, un asco que da vergüenza. Queremos impulsar que se abra esa puerta y se comunique con el edificio de abajo, para poder reacondicionar el espacio de la confitería y ponerla en funcionamiento nuevamente”, afirma De Estrada.
Respuesta oficial
Por su parte, la subsecretaria de Cultura de Bariloche, Marisa De Aguiar, destaca múltiples obras que se llevan adelante en el interior del complejo edilicio –como el arreglo de la caldera que abastece a la policía, a las oficinas de Cultura y del tribunal de contralor– y advierte que muchas tareas de mantenimiento son costosas.
“Al ser un Monumento Histórico Nacional, todas las cosas que se hacen en el Centro Cívico se tienen que consultar con la Comisión Nacional de Monumentos, Bienes y Lugares Históricos. Por ejemplo, tenemos el proyecto hace varios años de cerrar el balcón de la Sala Frey, porque a la noche entra gente y es uno de los lugares más deteriorados, pero desde la comisión lo negaron porque altera la fachada y otros criterios patrimoniales. De todos modos, se hicieron un montón de obras en el Centro Cívico, como el soterramiento de los cables, el año pasado. Quizá no es tan visible, pero fue un trabajo de mucho tiempo. Y hay otros trabajos programados. Las obras se van haciendo a medida que se puede”, explica De Aguiar.
La Subsecretaría de Cultura integra el Ente Asesor para la Preservación del Patrimonio Cultural de la ciudad, junto con la Universidad Nacional de Río Negro, la Universidad Nacional de Comahue, Parques Nacionales y la Asociación de Artistas Plásticos Bariloche, entre otras instituciones.
“Se están empezando también ahora los arreglos en la torre y el mecanismo del reloj. Todo el tiempo se limpian los grafitis que se pintan, periódicamente se pulen los pisos y se enceran. Hay que tener en cuenta que el balcón de la Sala Frey y los monumentos se vandalizan todos los días, por ejemplo. Algunas cosas son estructurales y requieren mantenimiento mayor, pero se van haciendo cosas. Es un edificio de más de 80 años que además requiere actualización, como en el caso del sistema de calefacción, que dejó de ser compatible con las necesidades actuales”, dice la funcionaria.
La subsecretaria de Cultura local coincide con De Estrada en que la policía, el Concejo Deliberante y el área de contralor deberían ser reubicados. Pero indica que “falta voluntad de algunos actores que tradicionalmente funcionan en el Centro Cívico y no quieren cambiar de lugar”. De Aguiar considera que, cuando la Comisión Nacional de Monumentos apruebe el proyecto que incluye, entre otros puntos, volver a dar vida a la confitería del diseño original, habrá otras instancias de diálogo que permitan la transformación.
La complejidad de la situación y la dificultad de encontrar soluciones inmediatas para el estado del Centro Cívico responden, en gran medida, a que son muchas las instituciones involucradas. “Es cuestión de organizarse, porque cada institución podría poner el material y la municipalidad la mano de obra, por ejemplo, pero últimamente ni siquiera las cuadrillas para la mano de obra aparecen”, cuenta Pérez Navarro.
Agrega que los equipos existen, pero no siempre se encaran los trabajos teniendo en cuenta que se trata de un Monumento Histórico Nacional: “Le dicen a un pintor, andá y pulí la ventana. Pero no es así, son tareas a realizar con mucho cuidado y eso tiene que estar controlado”.
En ese sentido, Pérez Navarro y De Estrada ponen el acento en la falta de un plan de manejo del Centro Cívico que delimite áreas para eventos, reglamente los horarios y las condiciones de uso y seguridad, al tiempo que permita el cobro por la utilización del espacio y la reinversión en mejoras al complejo. “La plaza da para todo. La municipalidad hace uso de ese espacio, que casi una vez por mes se cierra al tránsito por la Fiesta de la Nieve, la Fiesta del Chocolate, la Fiesta de los Estudiantes, etc. Pero el manejo es un caos. Y a eso se suman las manifestaciones y los reclamos, que también se hacen en el Centro Cívico”, sostiene el director del Museo de la Patagonia.
La estatua de Julio Argentino Roca
Al año de ser inaugurado y a pesar de la oposición de Ernesto de Estrada, Exequiel Bustillo –por entonces presidente de la Dirección de Parques Nacionales– decidió colocar una estatua de bronce del general Julio Argentino Roca en medio de la plaza seca del Centro Cívico. La figura ecuestre ha protagonizado más de una polémica y es permanentemente vandalizada. A su vez, el monumento resulta periódicamente “intervenido”: en los días previos al 24 de diciembre, por ejemplo, la figura desaparece debajo del gran árbol de Navidad que decora el Centro Cívico.
“Se lo utiliza para montar equipos de sonido y diversas estructuras alrededor. Es una locura. ¿Lo permitiríamos si fuera un monumento a San Martín? Nos guste o no nos guste, no podemos permitir que lo estropeen. Además, en el proyecto original, eso era una plaza seca donde la gente podía juntarse. La simbología estaba dada por las cuatro esculturas de la torre del reloj: un indígena, un sacerdote, un soldado y un agricultor. Todos tienen la misma altura y el mismo valor. El monumento a Roca altera la armonía simbólica que poseía el conjunto, además de generar una brecha social y política que antes no existía, y propiciar el vandalismo permanente. A su vez, la plaza no logra su cometido original de ser integradora, porque la estatua se interpone entre los cuatro puntos cardinales. La más damnificada es la vista norte, que fue concebida como una impoluta postal hacia el lago Nahuel Huapi”, opina Gonzalo de Estrada.
En ese sentido, luego de hacer un curso de patrimonio e interiorizarse en ejemplos de otros países donde se hizo un revisionismo histórico, De Estrada y un grupo de vecinos proponen hacer un plebiscito, para que sea la sociedad la que defina si la estatua de Roca debe permanecer en el Centro Cívico o ser reubicada.
Dos años y medio pasó Ernesto de Estrada a principios de la década de 1930 recorriendo pueblos en Bélgica, Francia e Italia. A cambio de alojamiento y comida, resolvía cuestiones de planificación y desarrollo tras estudiar urbanismo en La Sorbona. Esa inspiración quedaría luego plasmada en sus obras en San Carlos de Bariloche y Villa La Angostura, y especialmente en el Centro Cívico. A 82 años de su inauguración, esa estructura de hormigón armado con revestimiento en piedra y madera resiste el paso del tiempo y espera que su cuidado reúna consenso pronto.
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