Payasos y malabaristas en una singular convención
El encuentro nacional se realizó en el barrio de Barracas
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Un malabarista en cualquier circo o espectáculo callejero divierte. Ahora bien: ¿qué hacen 350 acróbatas y payasos, entre ellos estudiantes y aficionados en una convención?
Durante cuatro días, Buenos Aires se transformó en la sede de la IX Convención Argentina de Malabares, Circo y Espectáculos Callejeros, que terminó ayer y se desarrolló en el Centro Cultural del Sur, en el barrio de Barracas.
Si bien esto no es nuevo, en los últimos ocho congresos que se realizaron en diferentes campings del interior del país pasaron más de 4000 artistas de todas partes del mundo. Esta vez se trata del primer encuentro urbano, en la Capital.
Los asistentes intercambiaron técnicas e información. Además mostraron sus destrezas y aprendieron nuevos trucos y secretos de todas las artes circenses.
"El objetivo es la difusión a todo nivel. Lograr un lugar de encuentro para que los artistas armen una red de contactos", explicó a LA NACION Fernando Cavarozzi, más conocido como el payaso Chacovachi, coordinador general de la convención organizada por la Agrupación de Artistas de la Calle de Buenos Aires y auspiciada por la Secretaría de Cultura del gobierno porteño.
Diferente de cualquier otro tipo de convención, el auditorio es una puesta en escena que transporta a cualquier espectador al interior de un circo.
Una carpa, un patio de tangos, estructuras para hacer trapecio, monociclos, malabares y música a todo volumen.
Con la cara sin pintar
Los 350 payasos y artistas callejeros, con la cara sin pintar, participaron de los talleres de todas las especialidades (malabares, acrobacia, clown, globología), debates y muestras de espectáculos en sus diversos estilos (callejeros, varietés o renegados).
Pero... ¿y los payasos? Es una realidad: la imagen del payaso que todos conocemos pareciera no estar de moda para este congreso.
Con rastas, sin maquillaje y sin disfraz, Julieta Movia es una payasa de 32 años que se siente una artista integral. Desde que conoció a su esposo, otro clown, eligió esta vocación y se especializó en acrobacia aérea y de piso, además de trapecio en tela. Mamá de Noé y de Floreal, se gana la vida con el teatro callejero.
Esto de hacer reír no necesita de un idioma para lograr carcajadas. La magia del circo en la Argentina viene generando, desde hace varios años, un intercambio cultural que mueve a muchas personas en el mundo.
Christian Velazco viajó desde México especialmente para participar del congreso. El motivo es simple. "Esto en mi tierra está en pañales", explicó el joven, mientras revoleaba seis clavas por el aire e intentaba atraparlas.
"El arte circense te enseña a disfrutar el presente. Aprendés a estar atento no sólo para que no se te caigan las clavas. También en la vida", explicó Velazco.
El artista callejero argentino es reconocido en el orden mundial, y junto con el australiano, son los dos mejores en este quehacer.
Algunos de los que participan de este encuentro trabajan en giras por España, Italia o Francia. "Si trabajás acá, podés trabajar en cualquier lado porque el público más exigente es el argentino", explicó Chacovachi.
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