Peleas de tránsito: qué está detrás de los últimos episodios de violencia

En el barrio de Once, luego de una discusión, un conductor bajó de su auto con un bate y golpeó un colectivo
En el barrio de Once, luego de una discusión, un conductor bajó de su auto con un bate y golpeó un colectivo Crédito: Captura de pantalla
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9 de abril de 2019  • 13:36

El episodio de furia de Villa Urquiza, en que el que el taxista Claudio Rímolo atacó a Fabio Rojas y puso en peligro más de una vida, sumado a otros dos casos de violencia explícita en el tránsito porteño que transcurrieron durante el fin de semana, hacen pensar si estamos ante un recrudecimiento de la justicia por mano propia o simplemente una facilidad de registro que hace que estos hechos se viralicen más rápidamente.

"No cabe mucha duda de que vivimos en una sociedad donde hay un nivel de crispación e irritabilidad que llega a manifestaciones de este tipo", explicó José Abadi consultado por Carlos Pagni en el programa Odisea Argentina de LN+. Para el psicólogo, estos hechos de violencia inédita impactan porque hacen sentir a los ciudadanos indefensos no respecto de los riesgos lógicos de la vida, sino de una furia que ya es una especie de concentración tanática del odio.

Un clima de época que ya quedó perfectamente registrado en el film de Daniel Szifrón, Relatos Salvajes - no por nada fue la película argentina más visto en la historia durante su primer fin de semana de exhibición- y que ahora vuelve a aparecer en la trama de la recientemente estrenada 4x4. Dirigida por Mariano Cohn y con la participación protagónica de Peter Lanzani, es la historia de un ladrón que quiere robar una camioneta de lujo. Convertida en una trampa, queda encerrado y a merced del dueño que busca torturarlo, porque se cansó de que lo roben.

"Fue todo una locura", dijo la víctima del taxista de Villa Urquiza
"Fue todo una locura", dijo la víctima del taxista de Villa Urquiza Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sánchez

Abadi habla de la anarquía: "Reconocer que hay una ley y normas suprapersonales a las cuales me tengo que ajustar si no quiero que esto sea una anarquía en la cual hoy podré ser el victimario y mañana la víctima, y aun siendo el victimario soy víctima de una desorganización que me va a dejar en una situación de soledad y de apremio".

Para Sergio Sinay, el respeto es hoy un músculo poco ejercitado. Algo que se puede observar a simple vista en las formas y tendencias que predominan en las relaciones interpersonales, la vida pública y en buena parte de la privada. "El usted primero fue rotundamente reemplazado por el primero yo; si te molesta, embromate o andate a otro lado; con mi espacio (o mi auto, mi bocina, mi celular, mi música, mi bicicleta o cualquier cosa que sea mía) hago lo que se me antoja; tu tiempo o tu necesidad no me importan y otras tantas e innumerables formas de la falta de respeto".

Entre ellas, el autor rescata también responder mal o no responder, insultar por cualquier motivo, desatender obligaciones laborales, económicas o profesionales, prometer lo que se sabe que no se va a cumplir, ser impuntual, no pedir disculpas ni solicitar por favor, borrar del vocabulario la palabra gracias, desquiciar cualquier situación con ruidos atronadores, conversar a los gritos en espacios donde otros permanecen en silencio o lo requieren, dar preferencia a la pantalla del celular por encima de las personas que nos acompañan.

Sinay también recoge la figura de víctimas y victimarios para concluir que "paradójicamente, cuantos más somos los humanos, más prescindimos del otro o más lo maltratamos".

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