"Fue todo una locura", dijo la víctima del taxista de Villa Urquiza

Rojas junto al Chevrolet Corsa con el cristal roto por la acción del taxista Rímolo
Rojas junto al Chevrolet Corsa con el cristal roto por la acción del taxista Rímolo Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sánchez
Fabio Rojas tiene 50 años y el viernes, mientras ayudaba a su hijo con una mudanza, fue atacado violentamente por un taxista; dice que no duerme desde entonces y que siente miedo
Soledad Vallejos
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9 de abril de 2019  

Desde el viernes a la noche que no pega un ojo. Se despertó un par de veces llorando de madrugada, nervioso, con palpitaciones. Dice que la angustia también le quitó el hambre y confiesa que recién ayer, aunque agotado por la exposición mediática que tuvo su caso, recuperó algo de tranquilidad.

Fabio Rojas, de 50 años, es la víctima del "taxista loco", como se lo apodó en estos días a Claudio Daniel Rímolo, que agredió a Rojas brutalmente tras una discusión de tránsito en el barrio de Villa Urquiza y se dio a la fuga. Todo quedó registrado en un video que se viralizó durante el fin de semana, donde se ve cómo Rímolo baja del taxi para pegarle a Rojas y rompe el cristal del Chevrolet Corsa. Indignado, Rojas también bajó de su auto y comenzó a golpear la parte trasera del taxi. A lo que Rímolo respondió con un nuevo ataque: se subió al auto, hizo unos metros hacia adelante y luego dio marcha atrás violentamente para chocar el vehículo de Rojas. De inmediato, escapó a toda velocidad, con una mujer y una beba de dos años, que según datos consignados por Martín Francolino, el abogado de Rojas, serían la mujer y la hija del taxista.

Entrevista exclusiva a Fabio Rojas, el conductor agredido en Villa Urquiza

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Rojas también iba con su hijo, Paulo, de 22 años, sentado en el asiento del copiloto. Trasladaban una cama en el portaequipajes, de la casa familiar de Rojas al departamento de Paulo. "Mi hijo me había pedido que le diera una mano y le hacía de flete, llevándole la cama. Íbamos conversando cuando de repente el taxi se me tira encima y me encierra, en la esquina de Triunvirato y Pampa. Yo lo insulto y él se para unos metros más adelante. Se baja, me pega a mí por la ventanilla y después empieza a romper el parabrisas. Ahí cometo el error de bajarme. Paulo me quiso defender y le dije que se quedara tranquilo, que yo iba a resolver el tema. Todo el tiempo el taxista me decía 'te voy a matar; te voy a matar'. Y termina dando marcha atrás a toda velocidad para chocarme el auto. Mi hijo había estado parado ahí hacía dos segundos. Yo ni siquiera lo vi venir. Fue una locura", cuenta a LA NACION Rojas, que antes de hablar por teléfono le pidió a su hermano que respondiera la llamada.

Así quedó el auto de Rojas tras la embestida
Así quedó el auto de Rojas tras la embestida Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sánchez

"El sábado comenzó a viralizarse el video. A mí me lo mandó mi suegra, que se lo estaban pasando entre los taxistas. Y el domingo me llamaron de todas partes. Hoy [por ayer] sentí que la situación había rebalsado. Pero gracias al vecino que lo filmó, a toda la gente que me llamó para salir de testigo y a los medios que lo difundieron, estoy un poco más tranquilo. Yo no sé quién es este hombre, si puede aparecerse por mi casa y hacerle algo a mi familia. Él estaba con su mujer y su bebé adentro del auto cuando dio marcha atrás y embistió contra el mío. Fue un golpe terrible, pero no le importó nada", recuerda.

La brutal pelea entre un taxista y otro conductor - Fuente: YouTube

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Tentativa de homicidio

Ayer, la Secretaría de Transporte de la ciudad de Buenos Aires suspendió de forma preventiva la licencia del chofer, sin intervención de la Justicia. Hoy, Martín Francolino irá a los tribunales para pedir el cambio de carátula a tentativa de homicidio. "El chofer se dio a la fuga y hasta ahora no se presentó. Tiene que ser detenido. Es la primera vez que me toca un caso de estas características. Parece una escena sacada de la película Relatos salvajes. Este hombre no solo puso en riesgo la vida de mi cliente, sino también la de sus familiares, porque al momento de embestir el auto de Rojas, la mujer y su hija estaban dentro del vehículo", dijo.

Fabio Rojas no quiere decir dónde vive, dice que está preocupado, que tiene miedo. Además de Paulo, de 22 años, también tiene otro hijo, de 15. "El mayor me mandó un mensaje la madrugada del sábado diciéndome que me quería mucho, que no me preocupara, que todo se iba a solucionar. Y Gerónimo también. Apenas se enteraron de lo que había pasado vinieron con mi mujer y me acompañaron a la comisaría para hacer la denuncia. Uno de los vecinos que vio todo tomó la patente del taxi y me la dio en un papelito. Tan nervioso estaba yo que no había registrado nada. Después llevé el auto al mecánico porque yo lo necesito para laburar, y tuve que pagar $10.000 por el primer arreglo, aunque sea para poder usarlo", dice Rojas.

Rojas junto al Chevrolet Corsa con el cristal roto por la acción del taxista Rímolo
Rojas junto al Chevrolet Corsa con el cristal roto por la acción del taxista Rímolo Fuente: LA NACION - Crédito: Ignacio Sánchez

Hace un tiempo se quedó sin trabajo y hasta que consiga "algo estable", cuenta, ayuda a su hermano con el traslado de equipos y máquinas para una empresa de organización de eventos. "Hice de todo. Laburé en una distribuidora, fui taxista, remisero y también soy músico. Hace un año que no toco el bajo, y aunque la música es mi pasión nunca me dio de comer. Me las rebusco y ahora me está dando una mano mi hermano. Hago el traslado de algunas máquinas de luces, de humo. Me ocupo también de algunos trámites administrativos. Lo que sea", enumera. Además del insomnio y la preocupación por cómo terminará todo el asunto, Rojas menciona las lesiones físicas que le quedaron como consecuencia del ataque. "Me lastimé la pierna y tengo hinchado el pie. El sábado no podía caminar, ahora me cuesta, pero estoy mejor. No sé bien en qué momento me lastimé. No recuerdo porque todo fue muy de repente. Tengo que ir al médico legista mañana [por hoy]. Y por el momento sigo con los analgésicos".

Rojas jura y perjura que es la "primera vez en la vida" que se agarra a piñas en la calle. Que es un tipo tranquilo y que todo este episodio lo vive con mucha angustia. Sus amigos le dicen que podría haber sido peor. "Me salvó el ángel de la guarda", reflexiona.

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