
Playas Doradas, un paraíso en el Sur
Están en el litoral marítimo rionegrino, un lugar poco explotado, donde las familias disfrutan de la arena y la tranquilidad
1 minuto de lectura'
PLAYAS DORADAS (Especial- Diario Río Negro).- Sobre un médano arenoso cubierto de plantas autóctonas, en el ángulo que forman el estuario del arroyo El Salado y el litoral marítimo en el extremo norte de este balneario, se alza un sitio paradisíaco para disfrutar en familia.
Un lugar donde la luna llena se refleja con plenitud y alumbra a los ocasionales turistas que suelen alojarse allí. Un espacio de ensueño ideal para recuperar energías tras un 2001 cansador, que en las últimas semanas pareció extenderse más allá de los 365 días que le correspondía tener.
La Posada de la Luna es una hostería construida por Jorge Natali, pionero del balneario, una persona que vio con exactitud el futuro de las playas y que eligió el punto preciso donde establecer su comercio, su hogar, sus sueños.
Natali llegó a Sierra Grande a principios de los 70. La encontró naciendo, transformándose en aquellos días en la capital nacional del hierro, título que mantuvo durante más de 20 años. Empezó con la venta de baratijas y se transformó en un comerciante exitoso.
"El primer día que abrimos la casa de repuestos tuvimos una recaudación como de 1000 pesos de ahora. Era impresionante el dinero que circulaba en Sierra Grande en aquella época", recuerda Natali, que mira el mar a través de las grandes ventanas del comedor de la hostería.
Los fines de semana iba con su familia a una zona descampada por huellas apenas marcadas. Así descubrieron Playas Doradas, donde instaló una pequeña casa para pasear. En 1979, un visionario intendente, Alberto Xifra, había enviado unas máquinas a desmontar el lugar y mejorar el camino.
El mejor lote de la villa
Una década más tarde, cuando varias viviendas se habían construido en la pequeña villa, Natali obtuvo un crédito especialmente destinado a emprendimientos en sitios alejados. La hiperinflación frustró el otorgamiento de la totalidad del dinero, pero el certificado emitido por la financiera le permitió convencer a las autoridades municipales para que le vendieran el mejor lote de la villa.
Con la mínima parte que le entregó el banco y con sus propios recursos empezó a levantar una residencia única. Un enclave donde, como el mismo dueño afirma, las familias pueden dedicarse "a no hacer nada". Mucho, en estas épocas en que la vorágine lleva a que quienes están de vacaciones en sitios más tradicionales -entre excursiones, paseos, salidas nocturnas y las corridas detrás de los chicos para controlarlos- lleguen a la cama más cansados que cuando trabajan.
La paz de la posada se vive desde el amanecer hasta el crepúsculo y en las noches sólo el viento y el ruido del mar se animan a romper el silencio total.
La vista de la hostería es fenomenal. Desde las 10 habitaciones, desde el comedor o desde lo alto de la terraza se vislumbra un paisaje increíble. Es que no todo lo que reluce es oro. También puede ser arena. Arena límpida y suave de estas Playas Doradas.
Son metros y metros cuadrados de arena que el mar cubre en la creciente y deja libre en bajamar.
Hacia el Norte, un brazo de mar ingresa calmo en el continente hasta unirse con la desembocadura del arroyo El Salado. En ese tramo se forma una laguna mansa, con unos 80 centímetros de profundidad ideal para que los niños disfruten sin correr el mínimo riesgo.
Hacia el cateto oeste de ese ángulo se extiende el mar abierto, con sus olas bajas y su enorme playa dorada, que da nombre a este lugar. A lo lejos, restingas ideales para el snorkling, el buceo, la fotografía y la caza submarina.
Familias enteras disfrutan allí paseando al sol en fourtrax, jugando al fútbol o simplemente tomando sol en un lugar calmo, que de a poco y contra viento y marea sigue creciendo.
Reparo ideal y hospitalidad
Si hay viento, nada extraño en la Patagonia, el reparo del médano, a unos metros de la hostería bajando por la escalinata en dirección al mar, es un sitio perfecto para tomar mates y descansar sin que la brisa afecte.
Y cuando el aire libre empieza a agotar y se hace necesario un baño reparador, una buena comida y un merecido descanso, la hospitalidad se plasma en su máxima expresión en el interior de la posada. Allí, Jorge y su mujer son la compañía ideal.
Ella cocina exquisiteces de mar y otros manjares. Y él recorre las mesas contando historias del lugar, regalando también los silencios precisos y montando escenas increíbles.
Por ejemplo, cuando sabe por los pronósticos meteorológicos el horario exacto en el que sale la luna, Natali finge un corte de luz, enciende velas en cada mesa y aguarda unos instantes.
Sobre el horizonte, tras el mar violáceo del anochecer los primeros reflejos comienzan a destellar. Y la masa de turistas corre hacia el exterior a filmar y tomar fotos.
A su regreso, ya con las mesas servidas y la luz de la luna ingresando a pleno por los ventanales, Natali pregunta una obviedad. "¿Enciendo la luz?", dice serio. Nadie se anima a romper el hechizo y la cena prosigue con la iluminación natural.
La habitación doble en la Posada cuesta 40 pesos, la triple, 45 y la cuádruple, 50. Los platos del menú rondan entre los 2 y los 6,50 pesos para las minutas y sandwiches; entre 8 y 12 pesos, una pizza; 5 pesos un filet de merluza; una cazuela, 8 pesos; 4 pesos, las rabas, y 5 pesos, la copa de langostinos, entre otros precios bien razonables para estas épocas.
1
2“Entró como un tornado”: la sudestada alcanzó 2,40 metros y provocó daños en playas de la costa
3Petosemtamab: la prometedora terapia contra un cáncer que causa casi 500.000 muertes al año y se compró por €7000 millones
- 4
Hay alerta amarilla por tormentas para este lunes 5 de enero: las provincias afectadas


