La demógrafa Jennifer Sciubba advierte que la preocupación debería estar centrada en si los gobiernos son ágiles para adaptarse al tamaño real de la población
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¿Por qué podríamos estar equivocados con el pánico que provoca la caída en la tasa de natalidad? En pleno 2026, escucho constantemente a políticos y expertos preocupados por la disminución de la natalidad en muchos países occidentales.
Esas mermas son sin duda reales (no quiero insinuar que no lo sean). Pero lo que me sigue inquietando es que aún recuerdo que no hace tanto tiempo nos preocupábamos por el tipo de catástrofe opuesto. Durante décadas, la palabra que más generaba temor era “superpoblación”.
A medida que la población mundial aumentaba vertiginosamente de 6000 millones a 7000 millones y luego a 8000 millones, se generaban intensos debates sobre temas como el fracaso de la agricultura y las políticas del hijo único.
Pero, en general, no parece que ese futuro apocalíptico se haya materializado. Esto me hace preguntar hasta qué punto el pánico actual resulta útil. Una de las expertas que me pareció más perspicaz en este tema es la demógrafa Jennifer Sciubba. La especialista cree que deberíamos preocuparnos mucho menos de si las poblaciones crecen o disminuyen, y en cambio centrarnos en si nuestros gobiernos son lo suficientemente ágiles para adaptarse al tamaño real de la población.
En otras palabras: quizás deberíamos dejar de intentar persuadir a la gente para que tenga más o menos hijos —ya que eso a menudo no funciona— y, en su lugar, intentar mejorar nuestra capacidad de transición, pasando de formar pediatras a formar gerontólogos.
Es una tesis convincente, y una que realmente transformó mi perspectiva sobre los temores contradictorios de la “superpoblación” y la “caída en picada de la natalidad”. Aquí les comparto la conversación que tuvimos para el videopodcast de la BBC “New Normal”.

Soy lo suficientemente mayor para recordar cuando la idea de la sobrepoblación generaba mucha ansiedad. Al final, muchos estaban equivocados. ¿Qué tan seguros estamos de que nuestros miedos actuales sobre la caída de la población sean válidos?
Creo que necesitamos separar los miedos de los datos. Si miramos al auge de la retórica sobre la sobrepoblación en el mundo —estamos hablando de fines de los años 60 y los años 70—, pareciera que el crecimiento global de la población fue exponencial. En el lapso de tiempo de mi propia vida se más que duplicó.
Pero lo que estaba ocurriendo debajo de la superficie es que la tasa de crecimiento poblacional estaba disminuyendo. Y eso ya estaba ocurriendo en los años 60. El problema es que ese fenómeno se demora en aparecer en la superficie.
Estábamos preocupados por el número de personas, ¿deberíamos haber estado mirando la tendencia de crecimiento?
Tal vez sí, pero es difícil porque eso era lo que estábamos experimentando, ¿no? Suele ocurrir que no prestamos atención a una fuerza tectónica latente que nadie puede ver. Lo que experimentamos son cosas como, ¿qué tan mala está la congestión vehicular? o ¿cómo es la competencia por un trabajo?
Pero lo que está pasando en nuestras vidas es que nos pusimos al día. No miré aún la información publicada hace unos días, pero más del 42% de los condados en Estados Unidos se están encogiendo.
Las personas en esos condados sienten que eso estuvo ocurriendo debajo de la superficie. Y, de hecho, sabemos que hay más de 40 países en el mundo con poblaciones que están disminuyendo. Entonces, la situación cambió y el miedo que genera este cambio es otro tema.

Esto se trata entonces de cómo las sociedades manejan los cambios y no sobre los cambios en sí mismos.
Eso es correcto, y me gustaría que pudiéramos hablar más sobre eso, sobre cómo las sociedades se enfrentan a este cambio. Pero es difícil para un político salir a decir que será necesario aumentar la edad de jubilación.
Si asumimos que esta tendencia de caída poblacional se mantendrá por un tiempo, digamos 20 años, ¿qué deberían hacer los países y los gobiernos para adaptarse?
Cuando hablamos de la necesidad de tener más médicos gerontólogos, surge la necesidad de tener más infraestructura de salud o de planificar el cuidado de las personas mayores hacia el final de la vida.

La mayoría de las sociedades del mundo funcionan de manera que las mujeres se hacen cargo de los cuidados sin recibir ningún pago a cambio por ese trabajo. Muchas están felices de hacerlo, pero no es una situación sostenible cuando tienes una pirámide invertida, es decir, cuando hay muchas personas dependientes y muy pocas personas que puedan hacerse cargo.
Tenemos que pensar en esto a un nivel sistémico y cómo afecta a distintas personas. Mientras más pobre eres, más difícil va a ser la situación. Si eres una mujer con un trabajo fuera de la casa, también es más difícil. También tenemos que pensar en el desarrollo de habilidades y en la educación.
Tuvimos una visión muy lineal sobre este tema. Cuando vivimos más años y sabemos que tenemos que trabajar más años, hay que seguir aprendiendo, mejorar nuestras habilidades y entrenarnos continuamente, para asegurarnos de que tenemos suficientes ingresos a largo plazo, especialmente cuando la gente en edad de trabajar está disminuyendo.
¿Es posible —con todas las limitaciones que mencionaste— determinar si la calidad de vida es significativamente diferente en una sociedad que crece versus una sociedad que se encoge?
Esa es una gran pregunta que me hace caer en la tentación de sobreanalizar, porque creo que necesitamos actualizar nuestra definición sobre este tema. Pero si trato de explicarlo de manera simple, lo cierto es que la calidad de vida es más alta en sociedades que disminuyeron sus tasas de fertilidad.
Tenemos mayor esperanza de vida, mayores tasas de educación superior, y eso ocurre porque las tasas de fertilidad tienden a ser menores cuando tienes un mejor estándar de vida. Y estos fenómenos se alimentan el uno del otro.
Lo que habría que preguntarse es cómo redefinimos qué significa el éxito y el bienestar en el contexto de una población que no está creciendo de manera infinita y quizás no tendrá un crecimiento económico infinito.
Antes de que nos vayamos, te voy a nombrar primera ministra, presidenta o monarca por el día. Si tuvieras que diseñar una sociedad desde cero, sabiendo que la población disminuirá, ¿cómo sería?
Tendría fuertes comunidades locales porque la manera en que vivimos la vida transcurre en nuestros barrios, calle a calle, comunidad a comunidad. Entonces, si construimos comunidades fuertes, creo que sentamos las bases para la resiliencia que necesitamos, más allá de si tu población crece o disminuye.
Y eso es algo que podemos hacer si aumentamos nuestro conocimiento sobre estas tendencias. Pienso que hay muchas personas con ideas innovadoras a nivel comunitario y me encantaría verlas.
Por Katty Kay
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