
¿Qué les pasó a los neandertales?
Los científicos saben ahora que compartían muchas de las capacidades sofisticadas de los Homo sapiens. Entonces ¿por qué somos los únicos humanos que quedan en pie?
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NUEVA YORK.– Durante la mayor parte de nuestra historia evolutiva, la humanidad estuvo compuesta por muchos tipos de humanos.
Tomemos los últimos 100.000 años, más o menos. Los neandertales, de grandes cejas y a menudo caricaturizados, deambulaban por Europa y el oeste de Asia. Los misteriosos e imponentes denisovanos cazaban y recolectaban en Asia. El diminuto y parecido a un hobbit Homo floresiensis habitaba una isla indonesia. Los últimos Homo erectus acababan de extinguirse en Java. Nuestra especie, el Homo sapiens, era simplemente otra variación más.
Es tentador asumir que el mundo humano monolítico en el que vivimos ahora es lo normal. Pero para muchos científicos que estudian el pasado remoto, el presente es el verdadero enigma.
“Este es un tiempo extraño”, dijo Chris Stringer, paleoantropólogo del Museo de Historia Natural de Londres. “¿Por qué somos los últimos que quedan y qué les pasó a todos los demás?”

Durante décadas, la narrativa de la humanidad sobre sus propios orígenes estuvo entrelazada con presunciones de excepcionalismo biológico. La evolución humana a menudo se retrataba como una marcha hacia cerebros grandes, el uso experto de herramientas y la complejidad social de las personas actuales.
En esa historia, los otros homininos —ancestros humanos y parientes evolutivos— eran descartes primitivos. Merecidamente se extinguieron. Éramos el final feliz.
“Todo lo demás era brutal”, dijo Eleanor Scerri, arqueóloga del Instituto Max Planck de Geoantropología, al reflexionar sobre las ideas que dominaron los debates sobre la evolución humana en la década de 1980, cuando de niña se fascinó por primera vez con el tema. “Eso estaba muy de moda: ‘Y sobrevivimos porque fuimos los mejores’”.
A lo largo de la carrera de Scerri, sin embargo, la historia sobre los orígenes humanos fue reescrita y revisada a medida que surgieron nuevas líneas de evidencia. Eso incluye la reducción de la brecha cognitiva entre el Homo sapiens y nuestros parientes cercanos, con evidencia de que también tenían capacidades sofisticadas para hacer arte, enterrar a sus muertos y manejar el fuego. Aun así, hoy hay más de ocho mil millones de seres humanos en el planeta, todos de un solo tipo.
En medio de la desalentadora saga que es la evolución humana, los neandertales, tan recientes y tan estudiados, son en muchos sentidos las celebridades accesibles de la historia. Su destino parece ofrecer un punto de apoyo para responder las grandes preguntas sobre cómo llegamos a ser la última especie en pie. ¿Qué les pasó a los neandertales, entonces?

Una respuesta simplista es que todavía están aquí, ocultos en el ADN de las personas actuales en cantidades diminutas. Los estudios de ADN antiguo revelaron que los neandertales y los denisovanos, y posiblemente otros, no tanto se extinguieron sino que fueron absorbidos mediante el apareamiento en lo que somos hoy.
Pero si fuera posible preguntarles a los neandertales, probablemente no se verían a sí mismos presentes en el planeta. Entonces, ¿por qué los humanos modernos están solos ahora? ¿Cuánto de nuestro éxito proviene de habilidades únicas? ¿Cuánto de nuestra ventaja fue simplemente suerte? ¿Puede el pasado enseñarnos algo sobre cómo pensar los riesgos existenciales del presente y del futuro?
¿Somos sobrevivientes triunfantes o simplemente los siguientes en la picota evolutiva?
¿Eran los neandertales iguales a nosotros?
Imagínese un día en el Pleistoceno. Un grupo de humanos enciende un fuego para cocinar golpeando un pedernal contra pirita. Cazan caza mayor. También recolectan plantas para comer y tal vez usarlas como medicina. Dibujan en las paredes de las cuevas. Cuidan a sus allegados enfermos y discapacitados e incluso realizan algo parecido a una endodoncia para aliviar un dolor de muelas punzante.
Pero “ellos” no son Homo sapiens: son neandertales.
Durante mucho tiempo, el proceso de evolución humana fue visto como algo similar a subir una escalera, con especies más primitivas en los peldaños inferiores.

Pero los descubrimientos arqueológicos transformaron la evolución humana más bien en un arbusto enmarañado, lleno de especies de homininos que no son claramente más o menos avanzadas unas que otras. El registro fósil incluye ahora especies de homininos que coexistieron en el tiempo, se cruzaron entre sí y muy probablemente poseían versiones incipientes de algunas de nuestras capacidades.
Cuando los neandertales fueron descubiertos en el siglo XIX, la “suposición de los científicos era que estaban a mitad de camino de los chimpancés”, dijo John Hawks, paleoantropólogo de la Universidad de Wisconsin-Madison. “Y hoy entendemos que están al 95% del camino hacia los humanos modernos”.
Las nociones de singularidad humana también se derrumbaron repetidamente, y no solo en relación con nuestros parientes más cercanos. En 2010, Zeray Alemseged, paleoantropólogo de la Universidad de Chicago, hizo un descubrimiento que desafió la visión dominante de que las herramientas de piedra eran una innovación especial de nuestro género, Homo. Encontró evidencia de huesos de animales que habían sido cortados con herramientas de piedra asociadas con Australopithecus afarensis, la especie prehumana que se hizo famosa por el fósil Lucy, descubierto en la región de Afar, en Etiopía. El hallazgo retrotrajo el uso de herramientas de piedra 800.000 años, hasta hace 3,4 millones de años.
“Fue muy, muy controvertido”, recordó Alemseged.

Siguen surgiendo evidencias que muestran las similitudes entre las capacidades de los neandertales y las del Homo sapiens. Stringer señala el caso de la cueva Bruniquel, en Francia, con una antigüedad de 176.500 años, donde los arqueólogos descubrieron misteriosas estructuras circulares construidas a partir de estalagmitas rotas y con evidencia de que habían sido coronadas por el fuego.
“Un grupo de neandertales se adentró en esta cueva y llevó consigo todos los materiales que necesitaba en términos de iluminación y combustible”, dijo Stringer. Las personas que construyeron esas estructuras habrían tenido que planificar, comunicarse y trabajar juntas. “Eso, por sí solo, es una ventana a la complejidad de la mente”, sostuvo.
A pesar de esta creciente lista de similitudes, algunos especialistas creen que el péndulo ahora se desplazó demasiado hacia una interpretación de “los neandertales son iguales a nosotros” del registro fósil. A los paleoantropólogos les gusta plantear un experimento mental: si un neandertal viajara en el subte de Nueva York, sugieren algunos, la gente ni siquiera parpadearía.
Incluso si nuestras culturas eran similares, ¿era una señal de que los neandertales y otras especies estaban copiando nuestros comportamientos y tecnologías? ¿Cuánto nos estaban influyendo también a nosotros?
Ubicar las capacidades humanas en un continuo vuelve el misterio de nuestra existencia en solitario aún más profundo. Si compartíamos tanto con estas criaturas tan emparentadas, ¿por qué nosotros sí y ellos no?
El ADN antiguo cambia la historia
El genoma neandertal llegó en 2010 con una bomba: “ellos” no evolucionaron directamente hacia nosotros ni se extinguieron por completo.
En cambio, los neandertales fueron absorbidos por las poblaciones humanas modernas y se encuentran entre nuestros ancestros, constituyendo alrededor del 2% del ADN de las personas actuales con ascendencia no africana. Los denisovanos también se cruzaron con los humanos. Y una cantidad creciente de estudios sugiere que el genoma del Homo sapiens contiene “linajes fantasma” de ancestros desconocidos.

La escasa evidencia sobre estos apareamientos prehistóricos deja prácticamente todo lo demás librado a la imaginación. Los genetistas pueden precisar las interacciones en el tiempo. Por ejemplo, un lapso de 7000 años que comenzó hace más de 50.000 años, cuando los neandertales y los humanos modernos tuvieron descendencia juntos. Pero ¿qué tan frecuentes fueron estas interacciones? ¿Fueron voluntarias? ¿Hubo violencia?
Un estudio reciente publicado en Science encontró evidencia de que los apareamientos siguieron un patrón distinto: machos neandertales con hembras humanas modernas. Pero los detalles siguen siendo difusos. “Es llamativo lo que todavía no sabemos”, dijo Joshua Akey, genetista de la Universidad de Princeton, quien contó que muchas veces la primera pregunta que le hicieron después de una charla fue cuántas veces los humanos modernos se aparearon con los neandertales. La respuesta a esa pregunta permitiría saber si esos cruces fueron “una nota al pie interesante en la historia humana o si fueron algo fundamentalmente importante para lo que somos”, sostuvo.
Una interpretación de la evidencia es que los neandertales todavía están con nosotros, aunque claramente ya no están presentes sobre el terreno.
Para buscar pistas sobre el porqué, los científicos utilizan ahora herramientas biotecnológicas para explorar la función de genes neandertales individuales. Por ejemplo, experimentan con la incorporación de variantes neandertales o denisovanas de determinados genes en ratones o células cultivadas para observar si crecen o se comportan de manera diferente. Esos estudios seguirán detallando la función de los genes neandertales en los próximos años y, hasta ahora, encontraron que desempeñan un papel en la inmunidad, los ritmos circadianos y la anatomía.
Pero muchos científicos creen que el ADN es solo una parte de una historia dinámica y compleja que incluye la dinámica poblacional y el clima. La cantidad de humanos de cualquier tipo en el paisaje habría sido relativamente escasa y el entorno podía ser duro. A veces los neandertales parecían prosperar; otras veces lo hacían los humanos. Y, en ocasiones, pequeñas poblaciones de ambas especies desaparecieron sin dejar descendientes modernos.
Podría haber existido un componente de “suerte en el sorteo”, dijo Scerri, en el que el Homo sapiens, una especie africana tropical con una población más numerosa, simplemente tuvo ventaja frente a especies que vivían en regiones del mundo “más limitadas por la brutalidad de la Edad de Hielo”.
“Probablemente haya sido solo cuestión de suerte: cuando el clima era lo suficientemente favorable podían llegar hasta allí”, dijo Hawks. “Lo intentaron una y otra vez y, para mí, esa es la conclusión sobre los humanos: a lo largo del Pleistoceno simplemente seguimos llegando”.
Lo incognoscible
En términos de mera cantidad, los neandertales eran menos numerosos que las poblaciones de Homo sapiens.
La vida de los cazadores-recolectores nunca fue fácil. Los cambios abruptos en el clima, la competencia con el Homo sapiens y otros factores podrían haber dejado a pequeños grupos aislados de neandertales viviendo al límite. Lo único que sí sabemos es que algunos neandertales se convirtieron en ancestros humanos y viven en el ADN de las personas actuales.
Pero como grupo desaparecieron.
Un número creciente de arqueólogos cree que la respuesta a por qué los sobrevivimos no es tan simple como una nueva herramienta de piedra. En cambio, los estudios exploran una red de factores interactivos menos fáciles de identificar en el registro fósil: la resiliencia frente a las enfermedades, el ritmo del desarrollo cultural, la inteligencia social y la capacidad de construir alianzas políticas.
Muchos detalles del pasado remoto permanecerán oscuros; los datos son escasos en comparación con la profundidad de la curiosidad humana. Cada nuevo hallazgo genera más preguntas de las que responde.
Pero algunos científicos sostienen que nunca fue tan urgente enfrentarnos a nuestra historia profunda, en un momento en que los riesgos existenciales aparecen en múltiples frentes. Los orígenes humanos no son una cuestión esotérica; una perspectiva de largo plazo también puede ayudar a pensar el futuro de nuestra existencia.

“Es importante reconocer que nuestra especie, el Homo sapiens, no estuvo en la Tierra durante mucho tiempo, por lo que nuestra supervivencia no está garantizada”, dijo Michael Petraglia, director del Centro de Excelencia del Consejo de Investigación Australiano para la Transformación de la Investigación de los Orígenes Humanos.
Si se observan siete millones de años de evolución humana, ni siquiera es un hecho consumado que el Homo sapiens, aunque notablemente hábil para colonizar el planeta y utilizar tecnología, termine siendo un éxito. El Homo erectus existió durante más de un millón de años; los neandertales, durante 400.000. Los científicos todavía debaten cuándo apareció el Homo sapiens, pero muchos creen que nuestra especie existe desde hace apenas unos 300.000 años.
“No estoy tan impresionado por el Homo sapiens; creemos que somos tan exitosos, que somos tan increíbles”, dijo Petraglia. “Desde una perspectiva contextual, no somos nada”.
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