Quejas por los robos en los hostels de San Telmo
Los empresarios dicen que están aumentando esos delitos
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La estada en un hostel de Buenos Aires puede deparar numerosos atractivos, aunque, también, algunos sinsabores propios de estos tiempos. En San Telmo, los propietarios de este tipo de alojamiento para turistas extranjeros decidieron reunirse con la policía ante la sucesión de robos -algunos graves- y hurtos que se produjeron en los últimos meses.
"Nos robaron dos veces en cuatro días y, una vez, el local de abajo", se quejó Manuel Sánchez Toranzo de Antico Hostel Boutique, en la esquina de Bolívar y Estados Unidos. "La primera vez, vino un señor para hacer una reserva y, más tarde, volvió con otro cuando debía ingresar como pasajero. Entonces, nos robaron. A los dos días, entraron unos jóvenes detrás de unos turistas y se llevaron pertenencias de los pasajeros."
Sánchez Toranzo hizo la denuncia en la comisaría 2a de San Telmo, a tres cuadras del hostal: "Cuando me vio el agente, me dijo: «¡Vos otra vez!». «Y sí...», le contesté", relató el empresario hotelero.
En la Policía Federal afirmaron que se había reforzado con más móviles y agentes la vigilancia de los corredores turísticos. "Por la falta de noticias sobre nuevos hechos, el servicio que montamos está dando resultados. Tengo la sensación de que de 2005 a esta fecha los hechos ilícitos bajaron", dijo una alta fuente de esa fuerza de seguridad.
Un lunes de marzo, un ladrón ingresó en el Buenos Aires Hostel Clan, de Alsina y Tacuarí, forcejeó con el conserje y le disparó. El empleado del hostal quedó herido; el ladrón huyó, y una turista inglesa fue golpeada en la cabeza.
"Afortunadamente, no hemos tenido ningún otro episodio por el estilo, pero la zona no es para nada segura, y eso no depende del hostel ", expresó Gonzalo, conserje del alojamiento donde se hospedan turistas de todos los países. "No hubo ninguna resolución por aquel robo y tuvimos que poner una persona de seguridad y puertas especiales", explicó.
Fervor extranjero
Hasta hace apenas unos años, había sólo 30 hostels en todo el país, según datos de Hostelling Internacional. Actualmente, gracias al fervor del turismo extranjero, existen unos 160, de los cuales, más de 60 están en Buenos Aires. Como un reflejo de lo que ocurre en el mundo, este tipo de alojamiento se convirtió en la Argentina en una alternativa económica y divertida.
En los hostales suelen alojarse estudiantes universitarios y un público joven que encuentra en estos establecimientos la posibilidad de abaratar costos y relacionarse con otras personas.
En general, los hostels presentan un ambiente poco formal, donde se comparten habitaciones y terminan mezclándose pertenencias, algunas de valor, como cámaras digitales, computadoras portátiles, dinero y teléfonos celulares, entre otras cosas.
"Los robos son muy rápidos y los turistas no tienen mucha conciencia, porque dejan las cámaras, la plata y otras cosas a la vista", explicó Luis Alberto Durán, encargado del Hostal Granados, situado en la calle Chile al 300. "Hicimos una reunión con la policía y, por un tiempo, pasaban con una planilla y hacían preguntas en los hostels ; eso estuvo bien, pero hace rato que no aparecen", dijo Durán.
Uno de los temores de los comerciantes hoteleros es que las malas noticias terminen espantando a los turistas. "Uno trata de que no se enteren, pero tampoco es muy bueno exponerlos a esta situación de inseguridad", dijo Sánchez Toranzo. "Saben que ocurren las cosas de cualquier ciudad grande, pero nosotros esperamos que sea dentro de algunos parámetros", agregó Gonzalo, de Hostel Clan en referencia al tiroteo dentro de su alojamiento.
"Gracias a Dios, a nosotros, por ahora, no nos pasó nada, pero hay que estar muy atentos; la mayoría de los turistas no tiene idea, pero pasan cosas", advirtió Laura Soloaj, del Hostel Carlos Gardel, de la calle Carlos Calvo.
Cámaras de seguridad, puertas especiales, sofisticados porteros eléctricos y hasta personal de seguridad terminaron transformándose en una inversión para este tipo de alojamientos. No obstante, estos detalles trastocan la vida del hostal, que se presupone menos rígida, libre y diferente de la de un hotel clásico.
Los turistas, mientras tanto, recorren las entrañables calles de San Telmo sin prestar demasiada atención a una situación de inseguridad que, según los hoteleros, crece peligrosamente.




