¿Sabemos vivir en democracia?
Por Laura Moreno
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Una manera de mirar la crisis argentina en el contexto mundial es reconocer las pocas estrategias que dedicamos a educar para una convivencia democrática real. Ello nos permitiría evaluar nuestro comportamiento ciudadano, además de valorar a las instituciones de la democracia, que con aciertos y errores, así como con desempeños regulares permanecen por varias décadas.
Educar en valores y formas de vida democráticas constituye uno de los desafíos principales de las sociedades actuales, porque sólo con la participación de ciudadanos conscientes y responsables una democracia es posible. Sólo puede florecer en una sociedad en la que sus ciudadanos permanecen informados y capaces de entender y participar en la toma de decisiones públicas y en el debate político.
En países jóvenes como el nuestro, aspectos obvios pueden constituir una verdadera dificultad para alcanzar una convivencia madura dentro del sistema democrático. Por ejemplo, es necesario señalar que el sólo conjunto de instituciones democráticas no alcanza, sino que se necesita de una práctica diaria en la que los ciudadanos, sean conscientes de lo que pueden, en virtud de sus derechos y a través de sus acciones, así como con relación a sus deberes y obligaciones, es imprescindible.
El modelo de vida democrático tiene una clara dimensión ética, y ésta supone formación y conciencia (Carr 1994). Es en sí misma un modelo moral de vida constituido a través de valores humanos fundamentales; la democracia no es, de este modo, sólo un sistema político sino una expresión política de los valores de autorrealización, autodeterminación e igualdad de las personas; valores constitutivos del tipo de sociedad en la cual los individuos autónomos pueden realizarse a sí mismos y trabajar para el bien común.
En otro orden, la democracia es moral en el sentido de que prescribe principios morales a los que cualquier sociedad, bajo este sistema, debe ajustarse. Por tanto, proporciona una base moral sobre la cual las relaciones entre los ciudadanos deben manifestarse. Se considera como el medio natural para el ejercicio de los derechos humanos, tanto del individuo como de la sociedad, por eso tiene un fuerte valor político y social.
Educar para la democracia supone conocer los principios organizadores de este modelo, los derechos humanos que la constituyen y los tipos de comportamiento regidos por la coexistencia de individuos, grupos y naciones.
Por tanto toda propuesta educativa para la participación democrática necesita fomentar el desarrollo y la práctica de las capacidades críticas en la solución de problemas tanto individuales como grupales, así como el ejercitarse en la toma de decisiones públicas.
Las sociedades actuales, plurales y complejas, exigen formar a las personas en valores, actitudes y comportamientos democráticos: participar, colaborar, asociarse, intervenir, formar parte, actuar con otros, comprometerse por el bien común son actitudes propias de este estilo de vida y que no siempre han sido cultivadas entre nosotros.
moreno@poveda.edu.ar



