
Salir en Buenos Aires es un placer que se vuelve cada vez más caro
Ir en pareja o en familia al cine, y luego a comer, ya se ha convertido en un lujo
1 minuto de lectura'
Salir es un placer... caro. Siempre estuvo entre los gastos superfluos, pero ahora, sobre todo por el peso que tiene en el bolsillo, las salidas relacionadas con el ocio son de las erogaciones más importantes en los balances contables caseros. Un clásico como ir al cine en familia y después ir a comer a un local de comidas rápidas cuesta, como mínimo, $ 120 para cuatro personas. Y ni hablar si una pareja decide ir al teatro: allí hay que calcular al menos $ 300 entre entradas, comida y taxi o estacionamiento.
Pero, a pesar de estos precios, los argentinos siguen gastando en esparcimiento. Lo prueban las filas en los restaurantes o las plateas agotadas para ciertos espectáculos; y también, un estudio de la consultora Nielsen de octubre de 2006, que muestra que luego de cubrir los gastos esenciales, el esparcimiento ocupa el tercer lugar en la lista de cosas en las que se destina el dinero sobrante. Casi el 45% dijo que gastaba en salidas y entretenimiento.
"El ocio es uno de los ítems en los que más gastan los argentinos. La gente prefiere gastar en placeres inmediatos, darse gustos en cuotas antes que, por ejemplo, ahorrar para un viaje", dijo a LA NACION María Cecilia Frka Grbin, responsable de Comunicaciones de Argentina, Uruguay y Paraguay de The Nielsen Company.
Luis María Peña, de la Asociación de Hoteles, Restaurantes Confiterías y Cafés (Ahrcc), sostuvo que la clientela en lugares para comer se incrementó el 8% en los últimos tiempos, a pesar del aumento de precios. "El sector creció casi el 10% en facturación, hubo que ocupar un 16% más de mano de obra. La gastronomía es la principal actividad de esparcimiento", dijo el empresario a LA NACION.
Una cuenta rápida revela que una salida clásica como ir al cine en pareja ($ 15 en por entrada), comer en un restaurante de mediana calidad ($ 50 por persona, más la propina), estacionar el auto en un garaje ($ 5 la hora en promedio) o tomarse un taxi desde Belgrano o Flores hasta el centro ($ 2,60 la bajada de bandera más 50 fichas de 26 centavos), hace un total de 158 pesos. Y si las entradas de cine se cambian por dos plateas de teatro (unos 80 pesos cada una) la suma alcanza los 300 pesos.
María Perlini es una joven ejecutiva de casi 30 años que reconoce, sin culpa y sin pudor, que todo lo que queda de su sueldo luego de pagar las cuentas y demás gastos fijos lo utiliza para divertirse y pasarla bien. Cada vez que hace uno de sus programas, María gasta, por lo menos, unos 80 pesos.
"Todo lo que me sobra lo destino al ocio. Me gusta salir a comer afuera, ir al cine o comprar ropa. También me muevo mucho en taxi. Como no pago alquiler puedo darme esos lujos. Obvio que me gustaría ahorrar, pero la verdad es que después de trabajar necesito salir. Y gasto la plata sin culpa."
Mariela Mociulsky, especialista en investigación de mercado y opinión pública, explica que las salidas son válvulas de escape: "Hoy existe una creciente necesidad de encontrar momentos que nos permitan tomarnos tiempo para disfrutar. Este disfrutar tiene que ver con desconectarse". Y, en esa búsqueda, la especialista sostiene que "se valora la mezcla. Es el esquema de Las Cañitas o de Palermo Holywood".
Uno de lugares que Mociulsky destaca como espacio de desconexión es el cine y el teatro. Y son, precisamente, los que elige Beatriz Bottinelli, de 59 años, y su marido, Enrique, para "desenchufarse". Una vez por semana, este matrimonio hace su programa preferido: van a ver la nueva película que ofrece la cartelera porteña. Ella calcula que en gastan unos 180 pesos, más del doble de lo que gastaban antes de la devaluación.
Además del cine, ahora le tomaron el gustito al teatro o a otros espectáculos no convencionales como The Blue Man Group. "Acabo de sacar entradas para ese show: ¡gasté 482 pesos entre las dos plateas! Y para Sweet Charity, la comedia en donde actúa Florencia Peña, las entradas me costaron 90 pesos cada una. Está carísimo salir", dijo Beatriz, que se quedó con las ganas de ver a Liza Minnelli: los tickets se agotaron ni bien salieron a la venta.
Música y boliches
Los más jóvenes prefieren invertir su dinero en recitales de artistas nacionales e internacionales o en festivales de música electrónica. Las entradas más baratas para los shows extranjeros no bajan de los 100 pesos y llegan hasta los 500 pesos. Amante de la música, Nicolás Rey, de 23 años, no se pierde un recital: el año pasado fue a ver a U2 y este año estuvo en el teatro para escuchar a Coldplay. "No me importa gastar en música si el grupo me gusta", dice.
Nicolás también va de vez en cuando a bailar a boliches como Mint, donde la entrada sale unos $ 30 y los tragos se cotizan entre 12 y 20 pesos. "Ahora preferimos ir a fiestas de algún conocido. Y si vamos buscamos entrar gratis porque es un presupuesto". Este joven gasta entre 30 y 50 pesos por salida.
Marina Ini, de 27 años, se reconoce "consumista". Su agenda de soltera la llena con salidas a comer, noches de cine y algún que otro recital. La mitad de su sueldo se le va en cubrir sus gastos fijos; la otra, en salidas, ahorro e inversión. "Cada vez que voy a un restaurante gasto entre 30 y 50 pesos. Lo que más me gusta es salir a comer. También voy mucho al cine y no tanto al teatro, pero me interesa, sobre todo las obras off". Este tipo de teatro, alternativo y fuera del circuito comercial, es el más económico: en general cuesta entre 15 y 25 pesos.
"Estando sola se me hace más cara la vida. Es cada vez más difícil ahorrar y para ahorrar poco, mejor lo gastás en cosas que te den placer", reflexiona Marina. Un pensamiento que muchos comparten. Y casi nadie cuestiona. Porque salir es un placer... a secas.




