Siguen prófugos los dos presuntos cómplices de Luque
La policía todavía no logró dar con el paradero de Méndez e Ibáñez
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SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.- Eduardo "El Gordo" Méndez y Hugo "Hueso" Ibáñez parecen haberse convertido en dos ágiles anguilas para la policía catamarqueña que, desde anteanoche, no puede cumplir con la orden de detención dispuesta por el tribunal que condenó a Guillermo Luque y a Luis Tula.
Tanto uno como otro, por el momento, prefieren no dar la cara ante la Justicia, que ahora sospecha de su participación en el crimen de María Soledad Morales en calidad de coautores.
A Méndez, hasta el miércoles último, se lo veía pasear y charlar por los bares céntricos sin preocupación alguna, pues alguno de sus amigos le habría preguntado "¿Qué vas a hacer si lo condenan a Luque?" "Y...yo me rajo", contestó.
De Ibáñez dicen que viajó a las playas mexicanas de Cancún, pero no pudo ser confirmado.
Los ahora prófugos hasta hace pocos años mantenían una estrecha amistad con Guillermo Luque, relación que luego se resquebrajó. Su padre, Angel, se oponía a la mala compañía que representaba Ibáñez, bien conocido por sus andanzas.
Además, solían merodear los despachos de la Casa de Gobierno cuando Ramón Saadi era gobernador. En cierta forma, por aquellos tiempos, ambos gozaban de privilegios a cambio de algunos "favores", a los que se podría describir como protección y provisión de mujeres libertinas.
Un hombre que da miedo
Méndez, apodado "El Loco" o "El Gordo", fue uno de los líderes de la Juventud Peronista (JP) hasta que cayó el saadismo.
En los últimos tiempos dicen que trabajaba como transportista en una mueblería local, propiedad de su hermano, pero siempre fue apuntado como un sujeto digno de temer.
De 35 años, este hombre corpulento y de andar arrogante, de 1,85 de altura y 110 kg, en sus horas libres durante la época del saadismo dicen que realizaba algunos "trabajitos a pedido", tales como golpear a testigos, amenazar a personas, entre otras actividades del mismo rubro.
A su vez, Méndez habría organizado "fiestitas" con funcionarios políticos que invariablemente terminaban en orgías escandalosas. Ello consta en no pocas denuncias radicadas ante la justicia local.
Ibáñez, un hombre agraciado
De incipiente calvicie y bigote estilo manubrio, Ibáñez es dueño de una diminuta figura. Sin alcanzar la pinta de un galán de cine, siempre tuvo la virtud de cargar a cuestas con un harén.
El hasta hace pocas horas remisero y conocedor de la noche catamarqueña supo "entregar mujeres a pedido" en cuanta fiesta fuera organizada por gente cercana al poder.
Su verborragia para atraer al sexo opuesto en los boliches le habría servido para ganarles su confianza y, durante algún descuido de la dama, echar algún sedante en sus copa con fines inconfesables. Del resto se encargaban sus compinches.
Lo cierto es que los veinte policías de la Brigada de Investigaciones local afectados a la búsqueda no pudieron dar todavía con el paradero del dúo.
Ya fueron rastrillados hoteles, hospitales y hospedajes en distintos puntos de esta capital. Se distribuyeron fotos de ellos por doquier. Fueron alertados los destacamentos policiales que vigilan las tres salidas carreteras de la provincia.
Pero, hasta anoche, todo había sido en vano. Ni rastros del Hueso ni del Loco.
Por Ricardo Larrondo
(Enviado especial)
Taranto dejó Catamarca en patrullero
SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA (De nuestros enviados especiales).- El fiscal Gustavo Taranto dejó esta ciudad, minutos después de que el tribunal diera a conocer el veredicto condenatorio, con destino a Córdoba, fuertemente custodiado.
Taranto, que había pedido 23 años de cárcel para Guillermo Luque y 10 para Luis Tula, es oriundo de Córdoba, y excepto el fin de semana último, viajaba todos los viernes a la Docta para visitar a su familia.
La urgencia esta vez pareció estar dada por el temor a represalias en contra del representante del Ministerio Público. Por eso, el fiscal viajó en un auto de la policía.
Igual determinación tomaron los abogados de la acción civil, José Buteler y Natalia Oviedo. Luego de visitar fugazmente a los Morales, viajaron en automóvil hacia Córdoba.
De todos modos, Taranto deberá estar de vuelta en esta ciudad mañana para continuar con sus obligaciones como fiscal de Cámara.
Si bien se retiró de Catamarca sin formular declaraciones, se estima que seguirá con su carrera judicial en los fueros locales.
No obstante, La Nación pudo saber que ganó un concurso para una ayudantía de cátedra en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Córdoba. Lo que no se sabe todavía es si Taranto va a ocupar efectivamente el cargo. Con el sueldo universitario no se puede vivir y si Taranto no retoma la actividad particular no es seguro que pueda mantener a sus cuatro hijos.
Será motivo de análisis del fiscal el tiempo que pasa alejado de su casa, todas las semanas, de lunes a viernes, y las horas y el dinero que invierte en los viajes desde Córdoba hasta aquí.
La sentencia no logró cambiar la indiferencia de los catamarqueños
En la ciudad de la joven asesinada nadie modificó sus hábitos ni se volcó a las calles
SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA (De nuestros enviados especiales).- Se puede decir que reinó la indiferencia.
Poca ha sido la repercusión que se ha podido palpar en la piel de los catamarqueños, luego del fallo que responsabilizó a Guillermo Luque y Luis Tula por el horrendo crimen de María Soledad Morales.
Si existió algún síntoma de descontento o de entusiasmo sobre el esperado veredicto, sencillamente no se volcó ayer en las calles. Catamarca no perdió el ritmo habitual de todo sábado.
Los catamarqueños, como es habitual los fines de semana, prefirieron irse a almorzar a las localidades serranas que rodean la ciudad.
"Si hay gente que está contenta porque Luque haya ido a la cárcel, seguramente lo estarán festejando puertas adentro", dijo Carlos, de 62, un habitué del tradicional bar Richmond, reducto donde son de dominio público hasta los secretos de Estado.
En la calle, la gente hizo compras habituales de los fines de semanas y pocos se tentaron a hablar para opinar sobre el fallo que, a partir de anteayer, dio un vuelco en la imagen de las instituciones de Catamarca.
"Se hizo justicia de una buena vez. Todos tenemos hijos y no queremos que les pase algo como lo de María Soledad", dijo en un lenguaje llano Valle Mercado, un ama de casa de 43 años, cuando salía de una panadería céntrica.
Como era de esperar, no todos estuvieron de acuerdo. Tal el caso de Enzo, de 31 años, promotor de ventas de teléfonos celulares: "La sentencia me cayó mal. Pareció todo preparado. Los condenaron a pocas horas del alegato del Tula, que parece que los jueces ni escucharon. No puedo decir que esto fue justo".
La puerta de un importante hipermercado céntrico fue una buena ubicación para tomar el pulso de las opiniones que, por cierto, también fueron encontradas.
"Para mí, las pruebas no fueron suficientes para semejante condena. Pienso que con lo que había tenían que haberle dado una pena menor", afirmó preocupada Mónica Figueroa, de 32, ama de casa.
"Me parece que el veredicto fue justo, pero no puedo dejar de sentirme conmovida porque los condenados y sus familiares están pasando un momento muy difícil y eso sensibiliza a cualquiera", argumentó Luisa Clark, comerciante.
Hubo también quienes coincidieron con la familia Luque en que el veredicto respondió más a una necesidad política que a la correcta aplicación de la ley.
"El fallo no fue justo. Fue muy político. No existían pruebas suficientes para tanta pena. Creo que cuando la apelación llegue a la Corte Suprema de Justicia de la Nación todo va a cambiar", gruño Luis Ghio, de 52 años, que se dedica a producir espectáculos telúricos.
César, un comerciante local, dijo que el fallo no era más que un nuevo arreglo político, aunque se manifestó satisfecho por el resultado.
El actor Mario Pierángelis se manifestó de acuerdo con la sentencia, pero no con lo que dijo la madre de María Soledad, quien reclamó a los acusados que pidieran perdón.
Otros de los comentarios coincidentes en las calurosas calles fue que la policía desplegó un impresionante operativo de seguridad, con más de 150 efectivos, para controlar sólo a medio centenar de personas que, más que gritar "asesinos" o "justicia, justicia", sólo se arrimaron a curiosear.
Para algunos conocedores del saadismo, llamó la atención qué solos quedaron los Luque tras el fallo. Las amistades que se congregaban a menudo y por decenas en la residencia de Puerta de Hierro durante la época de oro del peronismo, anteayer estuvieron ausentes sin aviso.
Sólo su madre, Edith Pretti, corrió sin razón detrás de una camioneta para el traslado de presos que no regresaría. La hermana, María Alejandra, desencajada por la histeria y su esposa, Florencia Alubiza, desplomada en un llanto en el hombro de su abogado, lamentaron la partida de Luque.
Fanny Mandelbaum, enviada de Telefé y una de las más veteranas cronistas del caso Morales, explicó el desinterés de los catamarqueños.
"Para mí lo que ocurrió fue que la gente se cansó del tema, después de haber pasado siete largos años reclamando justicia."
El testigo que del miedo pasó a la valentía
Jesús Muro: su declaración permitió establecer que María Soledad estuvo con los asesinos la noche de su muerte; hoy vive custodiado.
SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA (De nuestros enviados especiales).- Contento, aunque no exultante porque su timidez innata se lo impide, Jesús Muro, el testigo angular de la condena de Guillermo Luque y Luis Tula, confiesa: "Por fin se ha hecho justicia".
El ex barman de Clivus, que permitió al fiscal Gustavo Taranto establecer que María Soledad Morales, Luis Tula y Guillermo Luque compartieron una dudosa fiesta en la parte alta de la disco, sigue con su vida de siempre en su casa, pequeña, rodeada de palos borrachos, en Collagasta, un pueblo distante 20 kilómetros de esta capital.
Todavía no tiene conciencia del papel clave que ha jugado en el proceso que puso fin a siete años de impunidad para el crimen. Sólo dice: "Si me callaba, el asesinato no se aclaraba".
Por momentos dudó. Pensó que Luque y Tula podían ser absueltos, porque los indicios que había reunido el fiscal Taranto podían dejar margen para que los jueces los liberaran por el beneficio de la duda. Ahí también se jugaba su suerte, pues podía haber terminado preso por falso testimonio: "Estaba en manos de Dios y de los jueces desde mi última declaración".
Lo reconoce. "Tenía miedo de ir preso. Y yo sé qué es estar en la cárcel." En las épocas en que el temible Miguel Angel Ferreyra era el jefe de la policía del gobernador Ramón Saadi, Muro estuvo detenido 15 días por averiguación de antecedentes.
Valentía recuperada
Pero ahora siente alivio. Un policía custodia su puerta desde hace cinco meses. También es el encargado de ir a buscarlo para almorzar al vivero donde trabaja.
Muro declaró porque su familia lo apoyó. Su esposa María Eva, de aspecto frágil pero de fuertes convicciones, lo persuadió. Ahora espera con ella un tercer hijo que nacerá en menos de un mes. "Si es una nena, le vamos a poner María Soledad. Es una promesa a los padres de la chica."
En los hijos pone sus esperanzas y por ello declaró en el juicio. Dice de él: "Hizo que Catamarca le diera un ejemplo al país".
"En lo único que pienso es en que cuando mis hijos crezcan, alguien les diga que su padre tuvo el coraje de decir lo que tenía que decir."
Su casa está donde donde casi se acaba el asfalto. A los fondos está la montaña, ahora reverdecida por las lluvias de la semana última.
"Ahora voy a poder mirar a mis hijos a los ojos y darles consejos. Estoy tranquilo con mi conciencia y en paz con la sociedad", dice. Orgulloso de haber recuperado la valentía, confiesa que la había perdido hace tiempo, cuando trabajaba bajo las órdenes de Jorge Tevez en la disco donde, según la Justicia, se gestó el crimen de la estudiante catamarqueña.
Aún sigue respetando a su ex patrón, que cuando declaró lo protegió y no lo desmintió. Lo que indirectamente respaldó su testimonio.
"Le pido perdón a Ada"
Pero Muro todavía siente temor. "Ellos no se van a quedar con las manos cruzadas", mientras mira de reojo el patrullero estacionado entre los árboles que bordean su casa.
"Le pido perdón a Ada, otra vez, por no haber hablado tantas veces".
El joven perdió un hijo de corta edad. "A lo mejor me iluminó para decir la verdad", dice con voz queda. Los tonos altisonantes y los gestos no son compatibles con sus formas educadas y correctas, casi sumisas.
Sabe que su vida no va a cambiar. Por más que haya vencido su temor y desafiado el miedo que desde hace siete años se instaló en su interior. Su testimonio es una de las bases del veredicto. Pero más que eso, lo que realmente lo pone feliz es que el juicio por el crimen de María Soledad Morales haya terminado.
Indispuesto
El padre de Guillermo Luque, uno de los condenados por la muerte de María Soledad Morales, pospuso para hoy una conferencia de prensa que tenía previsto ofrecer ayer a la tarde debido a problemas de salud.
El ex diputado Angel Luque "se encuentra con algunos problemas de salud originados por una crisis nerviosa", ante lo cual su médico le sugirió guardar reposo.






