
Sin controles, no habrá seguridad
Por Alberto Silveira Para LA NACION
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Los datos estadísticos sobre mortalidad en los accidentes de tránsito, tanto las cifras provisionales de nuestra asociación como las oficiales de 2009, coinciden en que existe una disminución en la cantidad de muertos con respecto a 2008, de alrededor de un 4 por ciento (refiere a los que, tras un accidente, fallecen en centros de salud).
No es poco: significan 320 vidas menos malogradas en el tránsito; 320 familias que no están padeciendo los dolores de la pérdida de un ser querido; costosas camas de hospital que no fueron ocupadas y millones de pesos en gastos que se han evitado el año pasado.
Es una buena noticia, de las que no abundan últimamente.
Pero la pregunta es si esta disminución es coyuntural y fruto de la conjugación de algunas variables aleatorias, no planificadas o, al contrario, marca un punto de inflexión y el comienzo de una tendencia sustentable de aumento de la seguridad vial.
En los últimos años los accidentes de tránsito y su prevención pasaron a ser uno de los principales temas en casi todos los medios de comunicación y preocupación de gran parte de la población a lo largo y ancho de todo el país.
A las campañas de toma de conciencia de nuestra asociación se le sumaron otras de diversos sectores. En el ámbito estatal, la ley 26.363 creó la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), ente coordinador en todo el país e impulsor de las acciones inherentes a la problemática.
Las primeras acciones de esta entidad, en especial el impulso y acompañamiento a controles de alcoholemia, velocidad, uso de cascos y cinturones de seguridad, encaran los cuatro temas claves de la seguridad vial.
La decisión de incrementar el número de controles, impulsar una licencia para conducir unificada para todo el país y el scoring o licencia por puntos y su difusión intensa en los medios de comunicación –en la medida en que estas acciones se concreten en la realidad– pueden explicar parte de la reducción de la siniestralidad.
Pero estos cambios que se vislumbran pueden ser transitorios. La experiencia en el orden mundial corrobora que no habrá seguridad vial sin un sistema permanente de controles eficaces y sanciones efectivas perdurables.
Que estos cambios incipientes se sostengan dependerá de que las medidas anunciadas se concreten en forma generalizada, se profundicen y se mantengan en el tiempo, sin descuidar acciones que se encuentran pendientes como es el caso de la infraestructura, educación y aquellos problemas nuevos que puedan surgir como el uso de celulares al volante o el aumento espeluznante de muertes en motos y ciclomotores.





