Suipacha cuenta 180 años de anécdotas
En la época de la colonia era un camino de tierra y se llamaba Santo Tomás; en los años 20 se pobló de reductos tangueros
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Dos hombres vestidos de negro acribillaron una noche a Heffner, alias el Rufián Melancólico. En su novela "Los lanzallamas", Roberto Arlt situó el episodio en Suipacha y Diagonal Roque Sáenz Peña. "Esquina fría y desolada", la describe.
No fue una elección al azar. En los años 20 y los 30, sobre Suipacha había numerosos reductos tangueros, frecuentados no sólo por simples amantes del 2 x 4, sino también por personajes que se movían entre el centro y el suburbio y cuyos negocios tenían entonces un matiz sinuoso, a veces turbio y violento.
Límite de la zona, antes de Carlos Pellegrini, Suipacha es la última de las siete arterias que desde Rivadavia cruzan el microcentro porteño, de Sur a Norte. Cuatro de ellas llegan hasta la Avenida del Libertador (incluida Florida, prolongada en San Martín).
La calle no puede competir con otras del área -por ejemplo, las avenidas de Mayo y Corrientes o las peatonales Florida o Lavalle- en cuanto a ganar mayor espacio periodístico. Antigua, surgida en los albores del paisaje urbano, Suipacha, sin embargo, tiene lo suyo.
Al comienzo se la llamó sucesivamente Santo Tomás, San Antonio y San Miguel, entre 1725 y fines del siglo XVIII. No era, por supuesto, mucho más que un camino de tierra, bastante alejado de la Plaza Mayor (hoy Plaza de Mayo).
Después fue Francisco Pareja, hasta 1808, luego Rosario y finalmente Tacuarí. Y en 1822 -es decir, hace 180 años, cuando la ciudad contaba alrededor de 55.000 habitantes- sus 15 cuadras céntricas quedaron comprendidas bajo la denominación actual. Innovaciones rivadavianas de por medio, ése fue el año también en que se inauguró la calle Corrientes, que devendría en emblemática avenida, y se realizaron las primeras inhumaciones en el flamante cementerio de la Recoleta (Del Norte, entonces).
Unas décadas más tarde, en el cruce de Suipacha y Viamonte (ex Del Temple) se construyó un puente para sortear el zanjón de Matorras, servido por el arroyo Tercero del Medio, que serpenteaba desde la avenida Rivadavia y se volcaba en el río, tras incursionar bajo la cortada Tres Sargentos.
Llegó a ser punto de elección para todo entusiasta encuentro amoroso, por lo que para el dicho popular fue el "puente de los suspiros".
Dos barrios, dos caras
Con los años, en parte del terreno se creó la plaza Suipacha, y luego, en la misma esquina, fue erigido el Banco Municipal de Préstamo -donde actualmente funciona la Dirección General de Rentas-, convertido rápidamente en una especie de montepío muy visitado por burreros sin suerte que desfilaban por ahí los lunes, con cualquier cosa capaz de ser empeñada. Eso le cambió el mote por el de "esquina de los suspiros".
Suipacha recorre los barrios de San Nicolás y Retiro, con ocho y siete cuadras, respectivamente, limitados por la avenida Córdoba y con fisonomía absolutamente diferente en cada uno.
Después de un comienzo descolorido, con hoteles o pensiones pobres y negocios que parecen ajustados a ese nivel, San Nicolás despliega mayor actividad comercial y suma edificios más elevados, muchos de oficinas y algunos de departamentos modestos, cuya cantidad por piso se refleja en los porteros eléctricos, que incluyen unidades hasta con la letra "N".
Hasta 1950 o 1960, San Nicolás fue zona de boliches donde se escuchaba y se bailaba el tango. Años atrás habían descollado los cafés Los Andes, de Suipacha al 400; Botafogo, de Suipacha y Lavalle, y el dancing Lucerna, de Suipacha 567. Entre los frecuentadores o músicos que tocaron en ellos se contaron los hermanos Francisco y Emilio De Caro, Angel Villoldo y Eduardo Arolas. De Arolas es el tango "Suipacha", y de Villoldo, "Soy tremendo", que en una estrofa dice: Tengo una morocha en la calle Suipacha /que es una muchacha así comilfó .
En la esquina con Corrientes funcionaba el café Mogyana, favorito de bohemios y artistas de teatro. Allí, en 1903, el dramaturgo Florencio Sánchez le leyó "M´hijo el dotor" a Enrique García Velloso y al escritor y periodista de LA NACION Joaquín de Vedia.
Además de Roberto Arlt, otros escritores le hicieron lugar a la céntrica vía: José Mármol, en su clásico "Amalia", y Julio Cortázar, en el cuento "Cartas a una señorita en París".
Negocios famosos
Desde Mitre hasta Paraguay, Suipacha fue calle de negocios que alcanzaron fama. Entre muchos otros, la mueblería Maple (mencionada en el tango "A media luz") y las tiendas Adhemar y San Miguel, esta última fundada en 1871, frente a la parroquia del mismo nombre, que ya estaba allí cien años antes. Desaparecido su antiguo esplendor, la tienda estuvo a punto de ser demolida, en 1988, pero finalmente se la destinó a casa de agasajos y oficinas. También era zona de peleterías.
Otro sitio tradicional fue la confitería La Ideal, de Suipacha 378, que de ser una de las más renombradas de Buenos Aires, preferida por figuras nacionales y del exterior, ahora languidece lentamente, como a la espera de que la roce algún milagro.
En la esquina de Suipacha y Viamonte impone su presencia el sugestivo monumento a Dorrego, obra de Rogelio Yrurtia, inaugurado en 1926. En el 521 se encuentra la única librería existente en toda la calle, de Alberto Casares. El local ostenta un hecho singular: la exhibición de primeras ediciones de Jorge Luis Borges, el 27 de noviembre de 1985, resultó también la última aparición pública del escritor en el país. Al otro día viajó a Suiza, donde murió más tarde.
Después de la avenida Santa Fe hay varias galerías de arte. Flanquea a la de Alberto Aguilar, en Suipacha 1178, que también exhibe la mayor colección de pintura argentina del mundo, la notable estatua de una mujer, de tamaño natural, emplazada casi delante de la vereda. "Representa a la Argentina. Fue hecha a pedido del general Julio A. Roca -apunta Aguilar-, y dispuse que se la colocara allí como un símbolo, por este 9 de Julio."
En el cruce con Arroyo está la plaza De la Memoria, que recuerda el terrible ataque terrorista a la embaj ada de Israel, el 17 de marzo de 1992.
Dos edificaciones significativas dominan prácticamente ese tramo de Retiro, hasta Libertador, en la que hay suntuosas torres y algunos petit hoteles. Una es la parroquia del Socorro (Suipacha y Juncal) y la otra, la magnifica construcción colonial del Museo Fernández Blanco, en Suipacha 1422.
El sector que da a su biblioteca está unido a la casona en la que vivieron el poeta Oliverio Girondo y su mujer, la escritora Norah Lange. No es el único matiz anecdótico vinculado con el museo. Su célebre fantasma ya se ha entremezclado con las más tradicionales facetas de la calle Suipacha, la última del microcentro, cuyo barro y rancherío, hace 180 años, indicaban que allí se había terminado la aldea.
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