
Testigos vieron a quien lanzó la bengala
Los jóvenes dijeron que las puertas estaban cerradas, que los matafuegos no funcionaban y que había demasiada gente
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Los fantasmas que invadieron República Cromagnon la noche del 30 de diciembre de 2004 se corporizaron ayer en el juicio oral, con el testimonio de cuatro sobrevivientes. Coincidieron en que aseguraron haberse salvado por milagro, que en el lugar había demasiada gente como para poder moverse, que las puertas del local estaban cerradas cuando comenzó el fuego, que por lo menos uno de los matafuegos no andaba. Pero, especialmente, dos de ellos aseguraron haber visto quién lanzó la candela que provocó la tragedia.
Aunque recibieron contención emocional de parte del presidente del tribunal, Marcelo Alvero, y de funcionarios de la Oficina de Protección a la Víctima, dos de ellos se quebraron en llanto: una joven que tenía 16 años cuando logró escapar del boliche, tiznada, y otra chica, de 33 años, aún quebrada por el recuerdo de aquella noche.
Primero declaró Iván, de 23 años, un muchacho locuaz que con su ordenado relato hundió a Omar Chabán. Recordó que aquella noche había entrado como amigo de uno de los encargados del control y que no lo habían revisado al ingresar. Otros testigos coincidieron: a los amigos de la banda no los obligaban a sacarse las zapatillas, vaciar mochilas o bajarse la bragueta para mostrar que no llevaban pirotecnia. Había tanta gente "que no se podía caminar", dijo, y remató: "Si hubieran estado abiertas las puertas no estaríamos lamentando tantos chicos muertos ese día". Chabán escuchaba en silencio.
Recordó Iván que apenas empezó a tocar Callejeros, tras la inútil advertencia de Chabán de que dejaran de tirar bengalas, vio una mano con una candela. "Estoy seguro de que fue un tres tiros. Explotaron dos antes de llegar al techo y el tercero explotó en la media sombra y originó el fuego. Las llamas corrían por la tela, por los costados." Iván estaba junto a un amigo y cuando empezó el humo le dijo "vámonos, esto no es normal, acá nos morimos". Luego perdió a su amigo. Encontró un matafuego, intentó activarlo, pero no funcionó.
El muchacho, de suéter rayado y flequillo "rollinga",recordó la salida en medio de la oscuridad, una vez que se cortó la luz. "Todos se pisaban y nadie podía hacer nada, porque todos peleaban por sus vidas." Se cayó al piso. Quedó debajo de la pila de chicos, de un metro y medio, protegido por su mochila en el pecho, donde guardaba una gran bandera argentina.
Gritó y descubrió que quien estaba encima suyo era su amigo: "Parece que acá nos morimos", le gritó, y se puso a llorar. "¡No quiero morir, no quiero morir!", le gritaba, y empezó a manotear los pies de los que corrían a su lado. Para entonces, la presión de los cuerpos ya le había fracturado un tobillo. Uno de los "pibes" se detuvo a ayudarlo. Un chico lo sacó, lo puso de pie y lo encaminó a la salida. Lo subieron en una ambulancia con otros cinco, entre ellos una joven que tuvo convulsiones y murió en sus brazos. Ya en el hospital Durand, recordó, estuvo en una sala con 20 chicos, algunos desvanecidos, turnándose para usar dos tubos de oxígeno.
Le siguió Graciela, una joven de 33 años que, entre sollozos, recordó que había ingresado en el local con dos amigos, que murieron allí. Antes del show, en esa noche agobiante, había ido al baño, pero no había agua. Ella estaba en el fondo del local, cerca de una barra, y cuando empezó el fuego alcanzó la salida tanteando la pared. "Pisaba bultos en el piso, pero sabía que eran chicos", recordó. Hasta que no pudo más y se desmayó, casi en la puerta. La sacaron, y ya en el hospital Ramos Mejía la atendieron con oxígeno, también compartido entre tres. Con la ayuda del fiscal recordó haber visto a un chico subido a los hombros de otro arrojar la candela que comenzó el incendio.
María Sol, de 20 años, conmovió a todos con su cara de niña y su cabello lacio. Tenía 16 cuando se salvó, pero hacía cuatro años que seguía a Callejeros por todos lados. Recordó cómo Chabán insultó a los chicos por tirar bengalas. Reprodujeron un audio de Callejeros, donde Patricio Fontanet pedía lo mismo: "Hace 20 días tocamos al aire libre para que tiraran todas las bengalas que quieran". No ayudó a su defensa. Ella también vio el fuego y huyó. Tanteó hasta la salida y la empujaron afuera. Había dos puertas cerradas.
Leonardo, de 24 años, recordó: "Sentía la presión, o el lugar era muy chico o había mucha gente". Dijo que Chabán había hablado de 3000 o 6000 personas esa noche, en un lugar habilitado para 1000. Tras el incendio fue empujado por los demás hacia la puerta, pero en un momento no hubo más presión. Se dio vuelta y vio a todos desmayados en el piso.
Testigos protegidos y abogados acotados
- Contención . En un banco, en la entrada de la sala de audiencias, el juez Marcelo Alvero explicaba al primer testigo cómo iba a ser la mecánica del juicio. La contención fue constante. Por eso, los periodistas acordaron no publicar los nombres completos de esos declarantes. María Sol, una testigo de 20 años, se puso a llorar antes de que empezara la audiencia. La tuvieron que acompañar para animarla a declarar su novio y su mejor amiga, que se sentaron a su lado.
- Cerveza . El interrogatorio de los defensores también tuvo que ser medido. Iván recordó que antes de entrar en la disco tomaron cerveza frente a un patrullero. Francisco Orlando, abogado de uno de los policías que son juzgados, sugirió en su pregunta que habían bebido de más. Pero el juez Alvero lo amonestó. "No va a poner en duda a los testigos", le dijo. El chico quiso responder igual, pero el juez lo retó: "Iván, ya te expliqué que esto lo manejo yo".
- Abrazos . Iván, uno de los testigos, se transformó en ícono para los padres de los chicos muertos durante la tragedia. Terminó su testimonio y lo esperaban en la puerta. Muchas madres lo rodearon, lo abrazaron, lo acariciaron y el muchacho, conmovido, les dijo que llevaba a cada a uno de los padres de los chicos muertos en su corazón. Antes, al finalizar su testimonio, aclaró a los jueces: "Yo sólo trato de que se haga justicia, por los chicos que ya no están".
- Defensas . Poco pudieron hacer los defensores para contrarrestar los testimonios de los sobrevivientes. Y esto será así durante muchas semanas, pues está previsto que declaren unos 120 más. Uno de los abogados de Chabán, Vicente D Atolli, trató de saber si la apreciación del testigo Iván sobre las puertas cerradas era una suposición o si las había visto. El chico le contestó: "Las puertas estaban cerradas porque la gente chocaba contra las puertas. Yo lo vi".




