
Tiene 8 años y les entregó medallas a sus compañeros por su compromiso con la inclusión
Bautista vive en Córdoba y tiene el Síndrome de X Fragil
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La idea nació entre Bautista Mansi, de 8 años y Carolina Rabazani. La maestra de su grado había propuesto trabajar distintos proyectos con la temática del Mundial. Entonces, ellos pensaron por qué no hacer una medalla para premiar eso que tantas veces falta en las aulas: la empatía y la inclusión. Porque justamente, allí, en esta escuela de Arroyo Cabral, un pueblo en el Interior de Córdoba, gracias al compromiso de las maestras y de sus compañeros, Bauti, que tiene una condición conocida como X frágil, un trastorno genético (causa frecuente de discapacidad intelectual y autismo) vive su escolaridad con mucha felicidad, en un entorno en el que se siente aceptado y amado.
Por eso, para el 2 de abril último, el Día Mundial de Concientización sobre el Autismo, Bauti y su mamá, armaron diplomas y medallas para entregar a sus compañeros, para agradecerles su solidaridad y compañerismo. Las medallas decían: “En este equipo jugamos con empatía, respeto y amor”. Y los diplomas contenían un texto que hizo emocionar tanto a los docentes como a las familias: “La inclusión nos hace amigos. Hola amigos; Quería contarles algo importante para mí. Yo soy un niño como ustedes. Me gusta jugar, reírme y compartir momentos juntos. A veces aprendo un poco distinto o necesito más tiempo, pero eso no significa que no pueda. La inclusión es estar todos juntos sin dejar a nadie afuera. Es invitar a jugar, ayudar, escuchar y respetar. Cuando me incluyen, me hacen sentir feliz, importante, querido. Los quiero mucho, Bautista.”

“Nosotros somos de Arroyo Cabral. Nuestro camino comenzó cuando Bautista tenía apenas nueve meses. A partir de ahí, iniciamos un largo recorrido por distintos profesionales, hasta que finalmente dimos con un neurólogo que, al observar ciertas características físicas, nos indicó la realización de un estudio genético. Ese estudio nos dio el diagnóstico certero: Bautista tiene Síndrome X Frágil, una condición genética que es causa de discapacidad intelectual. Este síndrome se produce por una alteración en el gen FMR1, ubicado en el cromosoma X, que es fundamental para el desarrollo del cerebro”, explica Carolina, la mamá.
Debido a su diagnóstico, Bautista presenta desafíos en el aprendizaje, dificultades sociales, ansiedad y sensibilidad sensorial. “Pero más allá de todo diagnóstico, él es un niño con una enorme capacidad de crecer, aprender y vincularse. Como familia, hemos transitado, y seguimos transitando, un camino largo. No fue ni es fácil, pero lo hacemos unidos, acompañándonos en cada paso, superando barreras y aprendiendo día a día”, dice.

En este recorrido fue fundamental el acompañamiento que encontraron en la escuela Escuela Doctor Dalmacio Vélez Sarsfield, de Arroyo Cabral. “Aquí, Bautista puede desarrollarse y vivir su infancia como cualquier niño de 8 años, junto a su querido grupo de 3° A, con quienes se conocen desde sala de 3”, cuenta Carolina. “Es un grupo hermoso, que con el paso de los años ha aprendido a comprender, ayudar, empatizar y, sobre todo, a incluir y querer a Bauti tal cual es. Porque la inclusión verdadera son esos pequeños gestos cotidianos”, dice la mamá.
No es sencillo como familia apoyar, acompañar y avanzar en los desafíos que plantea tanto la condición de Bautista, como las trabas permanentes con las que se encuentra todo el ecosistema de la discapacidad por estos días, como parte de una política del actual Gobierno de priorizar el equilibrio fiscal y, como vienen denunciando las familias y organizaciones, cuando esto redunda en una desfinanciación del sector. En la práctica esto significa menos coberturas, terapias que se interrumpen e infinidad de trámites para lograr sostener lo que la ley indica que debe ser la cobertura en discapacidad. Pero en medio de un año tan difícil, Carolina reconoce que el trabajo con la escuela y la posibilidad de que Bautista se sienta incluido, integrado en su grado, como parte de un trabajo conjuntos, con compañeros que lo abrazan, lo sostienen y respetan sus tiempos, es un valor incalculable.

“Este año, en el mes de abril, junto con Bautista, tuvimos la idea, que surgió a partir de un proyecto mundialista trabajado en el aula: regalarle a cada uno de sus compañeros una medalla, como símbolo de todo lo que representan en su vida. Porque cada uno de ellos, con sus gestos, su cariño y su forma de incluir, son verdaderos protagonistas de esta historia y grandes constructores de un mundo más empático e inclusivo”, dice la mamá.
Las medallas se entregaron la semana pasada. Los compañeros estaban muy contentos de recibirlas. La maestra les explicó que esa era una medalla muy importante y que la podían llevar a clase todos los días, pero que a la vez la tenían que cuidar porque era muy valiosa.
“Quiero destacar a su docente, Rocío Daggerre, quien día a día acompaña no solo a Bautista, sino a todo el grupo, trabajando con compromiso y amor valores fundamentales. Así como también al gran equipo que acompaña a Bauti dentro de la escuela: Nora Marín, su maestra integradora, y sus acompañantes terapéuticas, Florencia Vicen y Betiana Villalón, quienes forman parte fundamental de este camino. Gracias a su dedicación, compromiso y amor, hacen posible que la inclusión sea real todos los días, brindándole a Bauti las herramientas y el apoyo que necesita para desarrollarse plenamente. Hoy podemos decir que, en medio de tantas dificultades, también encontramos personas e instituciones que hacen la diferencia. Y gracias a eso, Bautista no solo aprende, sino que también es feliz, contenido y querido”, dice.
“Tercero es un grado muy diverso, donde cada estudiante aprende de manera diferente, con sus propios tiempos, intereses y formas de comprender el mundo. Esta diversidad enriquece al grupo, ya que permite que todos podamos aprender unos de otros, compartiendo ideas, experiencias y saberes. En el aula, se valoran las distintas maneras de participar, pensar y expresarse, promoviendo el respeto, la inclusión y el trabajo en equipo”, dice Rocío, la maestra de Bautista.
“Podemos comparar al grado con un equipo de fútbol, donde cada estudiante cumple un rol importante y aporta algo único al grupo. Así como en un equipo hay jugadores con distintas habilidades algunos defienden, otros atacan y otros organizan el juego, en el aula también hay diferentes formas de aprender, pensar y participar. Lo importante no es que todos hagan lo mismo, sino que cada uno dé lo mejor de sí y trabaje junto a los demás. Con esfuerzo, respeto y compañerismo, el grupo avanza unido, aprendiendo tanto de los aciertos como de los errores. De esta manera, el grado se convierte en un verdadero equipo, donde todos juegan, todos aprenden y todos crecen juntos. De esta actividad en el proceso de diagnóstico donde trabajamos con las mascotas mundialistas y el evento que nos unirá como argentinos surge la medalla que la mamá de Bauti nos regaló para identificarnos como equipo”, dice la docente.
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