
Todo un negocio crece tras el mito de la bailantera Gilda
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CEIBAS, Entre Ríos.- Un cartel sobre la banquina indica: "Entrada al santuario". Tras éste se puede leer otro que informa:"Peregrinos. Horarios del santuario. Lunes a viernes de 8 a 18. Sábados, domingos y feriados, las 24 hs.".
Una música bailantera sale de dos parlantes y desde el alambre tejido cuelgan miles de pañuelos, gorros, patentes de automóviles y banderas pertenecientes a clubes de fanáticos de lo que allí se evoca.
Hace una semana, miles de personas se convocaron allí para rendir homenaje a una mujer que hace tres años perdió la vida junto a seis de sus músicos en un accidente sobre la ruta 12 y que, a partir de entonces, se hizo más conocida que nunca, se convirtió en un fenómeno de convocatoria y, finalmente, sus seguidores la transformaron en una suerte de santa con poderes milagrosos.
Se trata de Gilda, la joven cantante de cumbia que, a partir de su muerte, no sólo pasó a ocupar un lugar dentro del mito popular, sino que atrajo la atención de varias personas que ya la miran como un gran negocio. Es así; con la cantidad de adeptos que vienen hasta aquí desde distintos lugares del país, no podían faltar los puestos de choripanes, bebidas, panchos y hasta el quiosco de souvenirs.
Mucho menos aún, las peleas entre los improvisados comerciantes y hasta entre los hombres de negocios, porque todos quieren adueñarse del santuario pagano visualizando un futuro que puede transformar un sándwich en una gran parrilla, el estacionamiento en la banquina en una playa paga y el quiosco de recordatorios en una gran boutique.
El comienzo
Todo comenzó cuando Carlos Maza, quien se define como un admirador, se adelantó a poner una cruz a la vera del camino. En el lugar, ubicó la carrocería destruida del ómnibus en el que viajaba el grupo bailantero y, con el tiempo, hizo un casilla que se llenó de ofrendas.
Hace cuatro meses, el "santuario" se prendió fuego, aunque Maza asegura: "Me lo quemaron". Hoy, está de nuevo en pie, con una casita de material, el ómnibus, un alambre tejido que pretende protegerlo y los puestos. Por eso, entre los carteles que dicen "Santa Gilda, Dios te ama", se pueden ver otros que anuncian:"Agua caliente, 1 $" o "cerveza (1) y pan casero (1)".
Del otro lado del alambre se ubicaron otros puesteros. "Esos son de un puntero político", acusa Maza. Y no da nombres. Pero la guerra va más allá. Hace un tiempo llegó un hombre con un colectivo al que denominó el "choribús". Abrió una persiana y comenzó con su despacho. Alguien, rápidamente, lo corrió del lugar.
El terreno delimitado por el alambre y en el que manda Maza, pertenece a la provincia y está ocupado ilegalmente. Pegado a la ruta se constituye en un peligro: los autos se detienen para estacionar, otros bajan su velocidad para curiosear, las banquinas están ocupadas y ya ocurrieron accidentes que estuvieron cerca de ser tragedias.
Carlos Maza ya compró, según él con las dádivas de los fieles, un espacio más retirado de la cinta asfáltica, en donde construirá el futuro santuario. "Por esa franja le pagamos 2200 pesos a un terrateniente. ¿Pero sabe cuántos empresarios importantes vinieron a hablar para asociarse conmigo y construir una gran obra para hacer de esto un gran negocio? Pero no, yo lo seguiré sosteniendo con las moneditas que deja la gente en la alcancía", asegura Maza.
Pero nadie duda de que el fenómeno Gilda promete seguir arrastrando gente. Y no sólo moneditas, sino muchos billetes.
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