
Un folklorista de película
Tras la disputa por el presupuesto, la industria le bicoteó el Festival
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El hombre de zapatos de gamuza, jeans, camisa celeste con rayas blancas, corbata roja y saco cuadrillé, levanta una mano como alzando una batuta imaginaria y dice: "No sólo me van a recordar como la persona que rescató el folklore, sino como la que salvó al cine nacional".
El hombre se llama Julio Mahárbiz (alguna vez fue Márbiz a secas), tiene 64 años, es el director del Instituto Nacional de Cine y Artes Visuales, y está sentado en el living del hotel Costa Galana, casi frente a Playa Grande, en Mar del Plata.
Afuera llueve, y Mahárbiz tal vez piense que la tormenta de afuera es una metáfora de la de adentro.
El mismo está en medio de un temporal por la reducción presupuestaria del Instituto, y la mayoría de los que hacen cine en la Argentina han boicoteado el festival que organizó. Además, en los últimos días han recrudecido las acusaciones en su contra, y hasta parece estar en marcha una ofensiva que tal vez acabe con su renuncia.
Este hombre, rara avis de menemista estoico, ahora espera resignado: "Mi renuncia está en manos del presidente Menem, y sólo él decidirá cuándo me voy", dice con énfasis de locutor.
Modelo para armar
Julio Mahárbiz es un modelo para armar, donde las piezas no encajan fácilmente.
Primer ejemplo: aunque se asume como peronista, nacionalista y hasta hombre de derecha, en 1976 pasó a integrar las listas negras del gobierno militar, sospechado de proteger y promocionar a músicos de militancia izquierdista como Alfredo Zitarrosa y Los Olimareños.
Segundo ejemplo: sus defensores y detractores están insólitamente mezclados. Entre los que están en favor militan Leonardo Favio, Mercedes Sosa y Antonio Cafiero, y entre sus adversarios César Isella, el secretario de Medios, Raúl Delgado, y el productor cinematográfico Héctor Olivera.
Datos sueltos para una biografía: es hijo de un libanés que cantaba tangos, y tiene cuatro hijos, entre ellos un joven rockero que capitanea una banda llamada Restos fósiles. Hasta 1990 estuvo casado con Jovita Díaz, y su actual pareja es la productora Mabel Ongaro.
Gustos personales: es hincha de Independiente (aunque desde el retiro de Ricardo Bochini no va a la cancha), y en cuanto a artistas prefiere a Argentino Luna, al Chango Nieto y a Albino Rojas, autopropuesto agregado cultural en Paraguay y más conocido como Soldado Chamamé.
Mahárbiz nació y vivió en Noettinger, al sur de Córdoba, hasta los diecisiete años, y en 1951 se vino a Buenos Aires con la esperanza de trabajar en radio. En el único cine de su pueblo de calles de tierra se había hartado de ver películas argentinas, "hasta tres veces cada una", y ése fue su primer contacto con el asunto.
De Márbiz a Mahárbiz
Mientras Mahárbiz fue Márbiz, los problemas fueron menos y los beneficios más. Y aunque no faltaron voces que lo acusaban de manejar arbitrariamente el negocio del folklore, la mayoría le reconocía el mérito de haber recuperado para la cultura ese género musical.
Eran los años de los festivales multitudinarios en Cosquín, de hitos como Argentinísima y el descubrimiento de nuevos valores, y de plata que entraba a manos llenas.
Julio Márbiz, el hombre que en 1956 había entrado a Radio Porteña como recitador criollo, en doce años se había transformado en el gran arbitro del folklore, y concentraba en sus manos los festivales, los sellos grabadores, los programas en televisión y hasta las películas.
"Gané mucho, muchísimo dinero", dice ahora.
Y también ganó amigos. "A fines de los años sesenta, cuando yo conducía todos los festivales importantes que se hacían en el país, me tocó ir a La Rioja para el Festival de la Chaya. Ahí lo conocí a Carlos Menem".
Casi veinte años después de ese encuentro, el 8 de julio de 1989, cuando su amigo asumió como presidente, Julio Márbiz fue designado director de Radio Nacional. Entonces se transformó en Julio Mahárbiz ("como era funcionario no podía seguir usando mi nombre artístico"), y ahí empezaron a cambiar las cosas.
El funcionario
Aunque el Presidente lo consideraba "talentoso, corajudo y con un poco de suerte", en enero de 1990 esa suerte se hizo trizas cuando un grupo de diputados radicales y socialistas presentó dos pedidos de informes para conocer eventuales irregularidades en Radio Nacional y en las emisoras del Servicio Oficial de Radiodifusión.
Los diputados denunciaron a Mahárbiz como censor y le reprocharon despidos de periodistas y persecusión ideológica. Fue apenas el principio, y a los pocos meses de gestión al frente del Servicio Nacional de Radiodifusión y de Radio Nacional, ya había originado veinticinco pedidos de informes en el Congreso.
Una de las cuestiones que se le reclamaban era difundir en la radio, sobre todo, a los artistas que grababan en un sello cuya propietaria era Jovita Díaz, de la que ya se encontraba separado, y otros familiares directos.
Las supuestas irregularidades aún se están investigando, y de las causas judiciales que originaron algunas siguen abiertas.
Cuando en diciembre de 1996 dejó Radio Nacional en medio de rumores de que Raúl Delgado había pedido su cabeza, Julio Mahárbiz ya tenía puesto un pie en otro lado: en junio de 1995, Menem le había dicho: "Yo sé que vos sos un enamorado del cine argentino", y lo había nombrado director del Instituto Nacional de Cine y Artes Visuales.
El incendio
Cuando fue designado, dijo: "Yo vengo aquí a cambiar la historia del cine argentino y a pelear por él. Estoy aquí por una decisión del presidente de la Nación. Creo que tuvo en cuenta mi administración clara y transparente en el Servicio de Radiodifusión durante seis años".
Hubo otros que no pensaban como él. Al enterarse del nombramiento, la Asociación Argentina de Actores, la de Directores Cinematográficos, la Asociación General de Productores, la de Productores Independientes de Medios Audiovisuales, la Cámara Argentina de la Industria Cinematográfica, el sindicato del sector y los directores, dieron a conocer en forma conjunta un comunicado en el que rechazaban la designación.
Fue, de algún modo, el comienzo de la crisis actual, y lo que acabó de poner a Julio Mahárbiz en el centro de la tormenta.
Entre el hombre mítico que año tras año había anunciado "¡Aquí, Cosquín!" hasta el funcionario acorralado, mucha agua corrió bajo los puentes.
No tanta, sin embargo, como para apagar el gran incendio que Mahárbiz parece haber provocado en el cine argentino.
Textuales
- "¿Quién recuperó el Festival de Cine después de 26 años? Mahárbiz."
- "Lo que no podrá decir jamás la gente del cine es que yo fui un censor."
- "Este no es mi peor momento como funcionario. Lo de Radio Nacional fue peor."
- "No tengo ninguna aspiración política."
- "A Menem lo tuteaba hasta julio de 1989. Después, por respeto a la investidura, lo empecé a tratar de usted."
- "Quiero que Menem se quede. Sin él, el futuro de la Argentina está en riesgo".
"Son desagradecidos"
Julio Mahárbiz está convencido de que quienes hacen cine en la Argentina son unos desagradecidos. Según él, le han montado una campaña basada en mentiras y las mentiras son difíciles de remontar.
Mahárbiz se queja de que sus críticos no le reconocen lo que ha hecho por el cine nacional, y enumera: "Recuperé el Festival después de veintiséis años, hice el Complejo Tita Merello, compré un edificio nuevo donde funcionará la Escuela de Cine..."
Para el director del Incaa, el conflicto que lo acosa en estos días es nada más que un tema económico, y la única razón por la que lo critican es la reducción presupuestaria.
"Donde hay plata de por medio...", dice, y no parece apostarle fuerte al futuro. "No sé si el Presidente me pedirá la renuncia ahora, pero puede suceder en cualquier momento. Cuando eso pase me volveré a mi casa y a mis negocios. Nunca pensé jubilarme como funcionario público".
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