
Un hombre de fe y acción
Designado al frente de Caritas por la reciente asamblea espiscopal, el obispo de San Isidro es un riguroso seguidor del Concilio Vaticano II
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Monseñor Jorge Casaretto vio muy de cerca cómo se ensanchó la brecha entre ricos y pobres: hace 16 años que es obispo de San Isidro, donde se extendieron en ese tiempo dos realidades sociales con contrastes muy marcados.
Allí, suntuosos barrios residenciales y countries privados conviven con enormes villas de emergencia, como la de La Cava, y reproducen en pocas cuadras desigualdades extremas como las que se multiplican en distintos puntos del país.
Ese escenario lo seguirá acompañando en su nueva tarea como presidente de Caritas Argentina. Será el nuevo rostro de la institución que diariamente les da de comer a 100.000 niños en 2000 comedores de todo el país.
Con monseñor Rafael Rey, su antecesor, Casaretto, de 62 años, comparte el criterio de que Caritas no debe limitarse al reparto de alimentos y la asistencia social. "También hay que denunciar las injusticias y enfrentar con energía la lucha contra la pobreza", señalan quienes comparten su acción pastoral.
El reciente reclamo del Episcopado en demanda de soluciones para el problema del desempleo parece anticipar la posición crítica e independiente que tomará frente al nuevo poder político.
Casaretto fue quien acuñó entre sus colegas obispos el siguiente precepto: "La Iglesia debe estar lejos del poder y cerca de la gente", el mismo que hoy prevalece en la nueva conducción episcopal.
Del Colegio Nacional
Nacido en Buenos Aires el 27 de diciembre de 1936, Alcides Jorge Pedro Casaretto cursó el secundario en el Colegio Nacional de Buenos Aires, de donde egresó en 1954, con altas calificaciones.
En esos tiempos vivía en Caballito, a pocas cuadras de Primera Junta, y fue compañero de Carlos Corach, actual ministro del Interior, y del fallecido diputado nacional ucedeísta Federico Clérici.
También forjó amistades y compartió las aulas del tradicional colegio con el dirigente radical Juan Octavio Gauna y los abogados Ricardo Monner Sanz y Diego May Zubiría (miembro del Consejo de la Magistratura), entre otros. Tuvieron como preceptor en quinto año a Horacio Sanguinetti, actual rector del CNBA.
Sus calificaciones reflejan que tomaba el estudio con responsabilidad. En sexto año tuvo 10 de promedio en historia del arte y 9 en trigonometría, inglés y filosofía. Eran tiempos de Perón y se dictaba religión en las escuelas. Cursó esa materia de primero a tercer año y las tres veces terminó con 9 de promedio.
Con frecuencia Casaretto convoca a sus compañeros de promoción a un encuentro de convivencia y reflexión, que se realiza en la Casa de Ejercicios Espirituales que el Obispado de San Isidro posee en Victoria. Algunas veces las jornadas se extienden durante dos días y el propio Corach, que profesa la religión judía, compartió más de una vez una misa oficiada por su ex compañero de curso.
Su ingreso en el seminario no fue inmediato. Descubrió su vocación a los 23 años, cuando estudiaba ingeniería en la Universidad de Buenos Aires. Fue ordenado sacerdote el 5 de septiembre de 1964 en la Catedral de San Isidro por monseñor Antonio M. Aguirre, a quien 21 años después sucedió como obispo en la diócesis.
Antes y después de su ordenación colaboraba en el seminario diocesano, cuyo rector era el padre Justo Laguna, con quien trabó una amistad que con el paso del tiempo se fue haciendo sólida. Dentro de la orientación moderada que ha prevalecido en la Iglesia en los últimos años, ellos integran la línea progresista del Episcopado, diferente de la del compromiso mucho más extremo o radicalizado que encarnaron, en otro contexto, Miguel Hesayne y Jaime de Nevares.
Además de ciertas ideas esenciales sobre la acción pastoral, Casaretto comparte con Laguna muchos viajes y salidas. Los jueves, su día libre, suele ir al cine. Las películas de acción son sus predilectas. Le gusta el fútbol y practica tenis.
Ambos se identifican con monseñor Emilio Bianchi di Cárcano, obispo de Azul, que la semana última concluyó un período de nueve años en la Comisión Ejecutiva del Episcopado. Surgidos los tres de la diócesis de San Isidro, el origen común hizo que en medios eclesiásticos se los bautizara como miembros del "Club de San Isidro", aunque la referencia pone más el acento en las coincidencias ideológicas que en la cuestión geográfica.
Monseñor Casaretto fue designado en 1977 obispo de Rafaela, en Santa Fe. Allí había estado unos años antes monseñor Vicente Zazpe, una figura de estilo renovador en la Iglesia, de cuya prédica social se nutrió el nuevo titular de Caritas.
En marzo de 1983 retornó a San Isidro como obispo coadjutor -con derecho a sucesión- para acompañar en los últimos años la gestión de monseñor Aguirre. En mayo de 1985 quedó como obispo titular.
Casaretto fue uno de los primeros obispos argentinos en enviar sacerdotes a Cuba para ayudar al fortalecimiento de la Iglesia en ese país.
Su activa preocupación por lo social no les quita espacio a sus momentos de oración. Es un ferviente defensor de los ejercicios espirituales ignacianos, retiros que consisten en recluirse un mes para dedicarse a la oración y ayudar al discernimiento espiritual.
Reflexiones de la realidad
Ya son clásicas sus cartas pastorales en los tiempos cercanos a la Navidad y a la Pascua. Se trata de reflexiones espirituales orientadas a problemas concretos de la realidad social del momento.
En septiembre último emitió una declaración sobre los barrios privados en la que refirma su decisión de no autorizar la construcción de capillas en los countries y barrios privados. "No debemos alentar la privatización de lo religioso", señala, al pronunciarse en favor de la integración y evitar la tendencia al aislamiento y la formación de guetos.
En igual sentido, en 1998 alzó su voz en contra de la idea del gobierno bonaerense de instalar un casino en el Tigre.
En los últimos seis años tuvo a su cargo en el Episcopado la Comisión de Medios de Comunicación Social.
Junto con su ingreso en Caritas, Casaretto puso un pie en la Comisión de Pastoral Social, que preside el cardenal Primatesta. Y logró que Laguna se incorporara a la comisión de tres obispos -junto con José Luis Mollaghan y Alfredo Disandro- que estudiará la futura organización y el cambio de estatuto de Caritas.
De acuerdo con el equilibrio que suele caracterizar la vida eclesiástica, Casaretto manejará la mayor institución social de la Iglesia, pero perdió un lugar en la Comisión Permanente del Episcopado.
Más allá de las especulaciones, la presidencia de Caritas parece venirle como anillo al dedo a este obispo con fuerte predicamento entre los jóvenes, apasionado por el tango y seguidor riguroso del Concilio Vaticano II.





