Un inevitable tono ideológico
Los enfrentamientos terminaron en bromas fuera de la sala
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Inevitablemente, el tono del debate se tenía que volver ideológico, más allá de si es o no conveniente aquello que indican algunos manuales urbanísticos al recomendar no confundir a los habitantes y visitantes de una ciudad con permanentes cambios de calles. No podía ser de otra manera: entre los 68 oradores había descendientes de uno y otro prócer, historiadores, políticos y algún vecino de la zona en cuestión.
Entonces, con 300 personas que colmaron el salón de la Legislatura, los bandos se dividieron marcadamente por sectores y se diferenciaron con aplausos, silbidos, quejas y algunos gritos cada vez que alguien completaba su exposición, más aún cuando éstas eran encendidas, de las que hubo muchas.
Durante seis horas habían vuelto los unitarios y federales, con aquellas viejas consignas y calificativos: "Muera la Mazorca", "viva el Restaurador", "el gran sanjuanino", "tirano", "cipayo", "traidor" o "masón". Eso es lo que se decía desde el estrado y, cada tanto, alguien del público respondía, aunque el presidente de la audiencia, Fernando Finvarb (PS), manejó con firmeza la reunión.
Claro que a veces se le escapaba, como cuando Julio Crespo Campos (Ucedé) finalizó su alocución diciendo: "No tiene sentido recordar a Rosas, ni sentido recordar cuando Rosas entregó las Malvinas para pagar a la banca inglesa".
"¡Mentira, mentira!", le gritaron desde los asientos, en donde se producían los diálogos más jugosos, como éste: "¿Por qué la saludaste?, ¿no sabés que esa mina es unitaria?", le dijo un joven a su amigo, que pensaba en otro tipo de conquistas. "¡Qué me importa, es monísima!"
Es que después de los agravios, en el hall contiguo, muchos fraternizaban. Por ejemplo, Rafael Sarmiento bromeaba con José María Soaje Pinto, que portaba en su solapa una escarapela entreverada con una cinta colorada y que hacía juego con el pañuelo, también punzó.
Y eso que, delante del micrófono, Sarmiento había dicho hacía unos minutos: "Rosas fue el antisistema, está en el purgatorio de la historia. No luchamos contra él, porque ya fue vencido en Caseros". El clima de bromas volvió a acabarse dentro de la sala cuando le tocó a hablar a Soaje Pinto: "No venimos a enaltecer la figura de don Juan Manuel...", aclaraba el descendiente, mientras que Sarmiento decía por lo bajo: "¡Qué caradura!".
Al tiempo que defendía la posición de dejar con su nombre actual todo el trazado de la avenida, Alejandro Arauz se apartaba del micrófono para contestar las pullas que desde la primera fila lanzaba Alberto Gelly Cantilo, quien también debió ser llamado al orden. Luego, los dos hombres de ideologías opuestas se saludaron como antiguos caballeros.
Con la divisa punzó uno y con una cinta celeste el otro, dos hombres se abrazaron en el hall. "¡No apretés tanto, che... a ver si me dejás la roja en mi solapa!"
"Dejá -le contestaron-, ¿nos tenemos que venir a encontrar aquí después de tanto tiempo?"
Una mujer, Alicia Hermida, protestó frente al micrófono: "Esta audiencia pública es vergonzante. Miren, ¡gente grande!, por no decir otra cosa", agregó, mirando a los "sarmientistas". "¿Y para qué vino?", le contestaron desde el grupo integrado por Luis Vincent de Urquiza, Ruiz Moreno y Sarmiento, entre otros.
Es que fuera de algunos que mezclaron todo, desde los pozos de las calles hasta el elevado costo del impuesto de alumbrado, barrido y limpieza, el debate, más allá de las posiciones, chistes y agresiones, resultó ser una gimnasia histórica enriquecedora.
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