
Un rincón de Jujuy se estremeció con el canto y la música popular
Ocurrió en Santa Catalina, un pueblo de sólo 450 habitantes
1 minuto de lectura'
SANTA CATALINA, Jujuy.- A 4000 metros de altura, en el altiplano jujeño, se erige el departamento de Santa Catalina. Es el extremo norte de la Argentina, un pueblo de calles estrechas y empedradas, desniveles y casas bajas colinales en el que 450 pobladores viven como si el tiempo se hubiese detenido.
Allí, en un escenario natural y ante la emoción de 1500 personas que llegaron desde distintos puntos de la provincia y de Bolivia, se presentó Mercedes Sosa para cerrar el ciclo de recitales gratuitos Argentina Vivo 2, que recorrió todo el país y que fueron organizados por las secretarías de Cultura y Turismo.
"Bienvenidos a Santa Catalina, cofre de virtudes y tradiciones", se leía en un pasacalle. A lo lejos, sobre el cerro Bonete -donde se unen los límites de la Argentina, Chile y Bolivia -, cientos de piedras formaban otra leyenda de bienvenida que se podía ver desde la entrada del pueblo.
"Todos trabajamos juntos para esto, porque es lo único y lo más importante que nos pasó en toda nuestra historia", comentó Normando Luis Navarro, comisionado municipal de Santa Catalina, mientras aplaudía y se emocionaba hasta las lágrimas con cada uno de los temas que entonaba la cantante tucumana.
El recital comenzó al caer la tarde, cuando un viento frío castigaba la piel de los concurrentes. Apenas Mercedes Sosa pisó la pequeña isla que funcionó como escenario natural -en medio del río Santa Catalina-, empezó a escucharse la versión de Charly García del Himno Nacional y los 1500 espectadores que desde hacía un rato esperaban sobre el cerro Bonete se pusieron de pie.
"Esto es como abrirnos una ventanita al mundo, y que sea Mercedes Sosa quien está hoy aquí es la mayor bendición, porque nadie mejor que ella para representarnos a los más pobres y más morochos", señaló Elida Villatarco, una joven de 24 años, nativa de Santa Catalina.
Fueron casi dos horas de aplausos, lágrimas, ovación y baile. Sombreros y ponchos coloridos, banderas argentinas y pañuelos blancos que se agitaron con cada uno de los clásicos. Un amplio repertorio que empezó con "Primavera los lapachos" y repasó los infaltables "Gracias a la vida", "Sólo le pido a Dios" y "Alfonsina y el mar".
Con Liliana Herrero y sus sobrinos Coqui y Claudio Sosa como invitados, la cantante tucumana se extendió más allá de lo programado y se largó a cantar cuatro temas de Charly García que el público jujeño ovacionó. Se emocionó, bailó y siguió tocando bajo una llovizna gélida que persistió durante gran parte del recital.
"A todos los argentinos les digo que no saben lo que hay que andar para llegar a este pueblo tan lindo y con gente tan cariñosa", destacó Mercedes Sosa. Y con el puño en alto agregó: "Esto también es Argentina".
Hasta El Perro bailó
Antes de subirse a la camioneta que la llevaría a la ciudad de Tilcara, la cantante se detuvo a mirar los fuegos artificiales que arrojaron desde el otro lado del río y en un breve encuentro saludó al gremialista Carlos "El Perro" Santillán, que había ido a presenciar su show y hasta bailó con algunas buenas mozas de la zona.
Situada a 60 kilómetros de La Quiaca, para llegar a Santa Catalina se necesitan casi dos horas de viaje por un camino ascendente de tierra, con curvas cerradas y altos precipicios.
Un pueblo en el que el 90 por ciento de los habitantes vive sin cloacas ni agua potable y cuyo 46 por ciento tiene sus necesidades básicas insatisfechas.
La municipalidad es su fuente principal de trabajo, y lo distribuyen como pueden. "Nos turnamos y trabajamos unos meses cada uno", comentó Carlos, un poblador que mientras no tiene trabajo fijo ofrece hojas de coca para mascar a los visitantes.
Otros pueden trabajar en la policía y en la escuela, pero desde hace algunos años, cuando cerró el profesorado de Santa Catalina, los maestros llegan desde otras ciudades.
El resto, la mayor parte, sobrevive con la cría de ovejas y llamas y las artesanías. Por eso, antes del recital, Mercedes Sosa inauguró un paseo artesanal al que Santa Catalina decidió ponerle su nombre.
El show terminó cuando llegaba la noche y el frío se hacía casi insoportable. El público cruzó el río y volvió al centro. Frente a la iglesia y a la plaza, empezó la fiesta: rondas, talco, papel picado y carnavalito.
"Venga mañana a ver cómo es realmente este lugar, cómo vive esta gente", invitó Rubén Helgueras, un conocido músico de San Salvador de Jujuy.
Es que el sábado último fue una jornada muy especial para Santa Catalina, un pueblo que nunca fue centro de nada y que, a partir de un show musical, anteayer se sintió, por un día, el centro de todo.




