
Una forma de vivir más tiempo: ganar la lotería genética
Podríamos tener menos control sobre cuánto tiempo vivimos de lo que se creía
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WASHINGTON.- Durante mucho tiempo, a Uri Alon lo desconcertó una estadística repetida en los libros de texto: se pensaba que la longevidad dependía apenas en un 20 % de la genética.
“Eso te hace preguntarte qué es el otro 80%: ¿El estilo de vida? ¿Por qué deberíamos estudiar los genes vinculados con la expectativa de vida si no son tan importantes? Me molestaba un poco”, explicó Alon, físico devenido en biólogo de sistemas en el Instituto Weizmann de Ciencias, en Israel.
Alon utiliza modelos matemáticos para comprender problemas biológicos complejos. Junto con sus colegas, desarrolló uno para reexaminar los factores que delinean la expectativa de vida humana, en un trabajo publicado este año en la revista Science.
Los estudios originales que sirvieron para estimar qué parte de la longevidad era hereditaria se basaban en investigaciones con gemelos escandinavos de fines del siglo XIX. En aquella época, la mortalidad “extrínseca” era alta: muertes no relacionadas con el deterioro propio del envejecimiento, como accidentes, hechos de violencia o infecciones que hoy son poco frecuentes gracias a mejoras en la nutrición, los tratamientos médicos y la higiene.
El equipo de Alon analizó una base de datos de gemelos suecos nacidos entre 1900 y 1935 y detectó que esas muertes extrínsecas estaban ocultando el componente hereditario de la longevidad. Cuando aplicaron su modelo —diseñado para excluir ese tipo de fallecimientos— a bases de datos de gemelos escandinavos y a hermanos de personas que habían llegado al menos a los cien años, la heredabilidad de la expectativa de vida mostró un aumento marcado, hasta ubicarse en torno a la mitad.
No se trata de que los estudios antiguos fueran incorrectos: simplemente estaban enfocados en la longevidad en otro contexto histórico, el de una generación nacida entre 1870 y 1900. “En ese momento, la gente moría de neumonía y tuberculosis, y no muchas personas llegaban a los 40 años”, señaló Alon. “En una situación así, ¿a quién le importa cuánto tiempo vivieron tus padres? Los genes no tenían oportunidad”.
Nir Barzilai, director del Instituto para la Investigación del Envejecimiento del Colegio de Medicina Albert Einstein, que no participó del estudio, apeló a su propia historia familiar para ilustrar el punto. Su abuelo sufrió un infarto y murió a los 68 años. Su padre tuvo un ataque al corazón a la misma edad, pero se sometió a una cirugía de triple bypass y vivió hasta los 84.
“¿Vivieron la misma cantidad de años el padre y el hijo? No, porque cuando se comparan padres e hijos, lo que ocurre en el medio es el avance de la medicina”, explicó Barzilai.
¿Qué implica que la mitad de la expectativa de vida sea hereditaria?
Visto en retrospectiva, quizá resulte obvio que los genes cumplen un papel importante en la determinación de cuánto vivimos.
“Como seres humanos, llevamos vidas muy distintas a las de otros organismos. La diferencia entre vos y yo, un ratón, una ballena de Groenlandia, un pino longevo que vive 5000 años o la levadura de una masa, que vive 13 días, es, en esencia, genética”, sostuvo Morten Scheibye-Knudsen, profesor asociado especializado en investigación sobre el envejecimiento en la Universidad de Copenhague, que tampoco participó del trabajo.
Sin embargo, como estudios previos sugerían que la expectativa de vida humana era heredable solo entre un 10 y un 30 %, “eso de algún modo nos dio libertad para imaginar que podíamos llegar a edades muy avanzadas y que teníamos el control, que éramos dueños de nuestro propio envejecimiento”, agregó. El nuevo estudio reabre el debate y muestra que tanto la genética como el entorno son factores relevantes.
Thomas Perls, investigador en longevidad de la Universidad de Boston y director fundador del Estudio de Centenarios de Nueva Inglaterra, coincide en que la genética desempeña un papel clave, aunque aclara que su peso varía según la edad que se analice.
En los extremos de la vejez —personas que alcanzan los 105 o incluso 110 años— la genética resulta determinante. Pero Perls menciona un estudio publicado en 2018 en la revista Circulation que sugiere que, incluso sin “ganar la lotería genética”, una persona promedio probablemente puede llegar a unos 88 años en el caso de los hombres y a 93 en el de las mujeres. Para eso, señala, es necesario adoptar conductas saludables. También influyen las ventajas socioeconómicas: el acceso a la atención médica, a la educación y a una alimentación adecuada.
“Creo que el ser humano promedio, con una composición genética promedio, tiene más resiliencia y resistencia al envejecimiento de lo que se pensaba en el pasado”, afirmó Perls.
Alon describe este fenómeno como un “punto de ajuste genético”. La edad a la que murieron nuestros padres y abuelos incide en la probabilidad de cuánto tiempo vamos a vivir. Los hábitos saludables pueden sumar algunos años, pero su impacto positivo es menor que el de los malos hábitos, que pueden restar décadas a la expectativa de vida.
Cómo deberíamos vivir
Sin resignarse.
Para los científicos que investigan los genes asociados con la longevidad, la nueva evidencia refuerza la urgencia de identificar los mecanismos biológicos detrás de una vida extraordinariamente larga. Entender mejor las cientos de pequeñas variaciones genéticas que influyen en la expectativa de vida podría permitir desarrollar fármacos capaces de incidir sobre el envejecimiento.
Mientras tanto, Alon sigue comiendo ensaladas y nadando. Aunque distintos especialistas en longevidad difieren en cuántos años puede sumar una vida saludable —las estimaciones van de cinco a 20—, todos coinciden en que existe cierto margen de maniobra. Lo más claro es que los comportamientos poco saludables pueden acortarla de manera drástica.
“¿Cuál es tu punto de partida? En realidad, no lo sabés. No tenemos forma de medirlo”, explicó Scheibye-Knudsen. “Así que, lamentablemente —o afortunadamente, según cómo se lo mire—, eso significa que no deberías fumar, deberías beber con moderación y comer verduras”.
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