
Vecinos de Belgrano denuncian un "descontrol" en el Barrio Chino
Por infracciones como falta de higiene, invasión de la vía pública y destrucción de árboles
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El Barrio Chino, un polo de atracción para miles de vecinos y turistas que lo recorren cada fin de semana, esconde también un lado oscuro: el rechazo de buena parte de los habitantes de esa zona de Belgrano, molestos por "el descontrol" que, afirman, alteró su cotidianidad y su calidad de vida.
En ese polo delimitado por Arribeños, Blanco Encalada, Montañeses y Juramento, en Belgrano, un grupo de vecinos denuncian un sinfín de irregularidades que van desde la poda indiscriminada de los árboles, invasión de la vía pública, venta de alimentos en la calle, estacionamiento indebido, falta de higiene en algunos comercios y descuido con el retiro de los residuos que se apilan en las calles, hasta la construcción de un arco identificatorio del lugar que, protestan, obstruye la senda peatonal.
Las autoridades porteñas, en cambio, afirman que el Barrio Chino no está exento de controles y que los comercios son inspeccionados con frecuencia. Por otra parte, deslindaron la responsabilidad de sancionar la venta ambulante a la policía, pues se trata de una contravención.
De hecho, el descontento vecinal derivó en numerosas denuncias ante el gobierno porteño y también ante la Justicia, como, por ejemplo, por el funcionamiento de un depósito clandestino de alimentos situado en Mendoza 1658, que fue clausurado y allanado en varias ocasiones.
Así lo explicó Enrique Banfi, presidente de la Asociación Civil Vecinos de Belgrano, que junto con varios vecinos califican al barrio en el que viven como "un sitio donde reina el descontrol".
"Aquí, los comerciantes hacen su negocio sin que el Estado ponga los debidos límites y cada quien hace lo que quiere. Lo peor es que, cuando llegan los inspectores, los comerciantes bajan las persianas y los inspectores no verifican si están o no en regla. Y así subsisten", cuenta Banfi.
LA NACION recorrió durante distintos días la zona en cuestión y comprobó irregularidades que pueden advertirse a simple vista: algunos locales gastronómicos venden comida a la calle desde un ventanal; en un supermercado en Mendoza al 1600 puede advertirse que la basura se apila en el mismo sitio por donde ingresan los alimentos; la presencia de un camión de basura que pasa buena parte del día en la esquina de Mendoza y Arribeños, por la gran cantidad que residuos que generan los comercios y que provoca olores desagradables.
También hay árboles que fueron serruchados y otros cuyos canteros fueron rellenados con baldosas o cemento para evitar su crecimiento.
"Todo un descontrol"
Ana Luisa Paulesu, presidenta de la Asociación de Fomento Barrio Parque General Belgrano y Nuevo Belgrano, dijo a LA NACION que "es todo un descontrol: se han serruchado 32 árboles para transformar un barrio residencial en una zona exclusivamente comercial. Y, poco a poco, este barrio de casas bajas se está transformando en una suerte de «Salada japonesa»".
Otro hecho conflictivo ocurrió el 16 de mayo pasado y motivó que algunos vecinos presentaran una denuncia en el Juzgado Nacional en lo Correccional Nº 8, a cargo del juez Luis Schelgel. Ese día se realizó un acto cuya autorización había sido denegada por el subsecretario de Seguridad de la ciudad, Matías Molinero, pero que funcionarios de menor rango lo permitieron.
Fue en ocasión de los festejos por los 200 años de la Revolución de Mayo y el aniversario del nacimiento de Buda, organizado por la Asociación del Barrio Chino de Buenos Aires y el monasterio budista Fo Guang Shan. Se ubicó un escenario en la calle Arribeños y Olazábal, que cortó el tránsito, y el lugar se pobló de visitantes. LA NACION intentó hablar con los responsables de la Asociación del Barrio Chino, pero indicaron que estaban "de viaje".
Gabriel Goizueta, vicepresidente de la Asociación Civil Vecinos de Belgrano, afirmó: "Todo parecía muy lindo, pero, en realidad, un día antes del acto, y mediante una resolución firmada por Molinero, que fue publicada en el Boletín Oficial, no se autorizó a efectuar esos cortes de tránsito. Sin embargo, se hicieron y estuvieron promocionados por el centro comunal N° 13. Insólito. Por eso hicimos una denuncia", dijo Goizueta.
Qué dice la ciudad
Según la Agencia Gubernamental de Control (AGC), organismo de la ciudad que realiza controles para verificar si los comercios tienen la correspondiente habilitación y, en el caso de los locales que expenden alimentos, si cumplen con las normas de higiene y salubridad, en lo que va del año se realizaron 120 inspecciones, cuatro clausuras, 14 intimaciones por mejoras y 83 actas de infracción; se detectaron seis puestos ambulantes, y se secuestraron 235 kilos de comida vencida o en mal estado de conservación. Pero su labor es insuficiente, como ocurre en otros puntos conflictivos de la ciudad.
La AGC envió a LA NACION la nómina completa con todas las inspecciones realizadas a los comercios, con la fecha en que los inspectores visitaron cada lugar. De todas maneras, ningún funcionario de la AGC quiso referirse al tema. Vale recordar que aún no asumió formalmente en esa área Javier Ibáñez, que reemplazó a Oscar Ríos, echado por Macri tras el derrumbe de un gimnasio en Villa Urquiza.
En cuanto a la construcción del arco de entrada en el Barrio Chino, si bien los funcionarios nunca lo admitieron, resultó una medida polémica. Tanto es así que hasta el jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, lo inauguró el año pasado en un acto simbólico, en su despacho, cortando una cinta desde un monitor de TV, junto con autoridades chinas. Entonces, habían explicado que esa decisión se había tomado para resguardar la seguridad de los representantes extranjeros.
QUIEREN QUE VUELVAN LOS RECITALES A RIVER
El gobierno porteño buscará desde hoy que el estadio de River Plate, junto con otros escenarios que fueron suspendidos para organizar megarrecitales, vuelva a ser el centro de los grandes shows porteños. Para eso, el ministro de Ambiente y Espacio Público, Diego Santilli, que hoy se reunirá con el presidente de River, Daniel Passarella, les exigirá a los organizadores de estos eventos que realicen estudios de impacto ambiental y que cumplan las condiciones que mitiguen los efectos de las vibraciones por la acción de miles de personas saltando al mismo tiempo. Vale recordar que esa actividad, además de los ruidos molestos, causaba rajaduras en viviendas de la zona, según denuncias vecinales, razón por la que la Justicia había ordenado suspender los recitales.
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