Viktor Frankl tuvo una vida con sentido

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4 de septiembre de 1997  

Falleció en Viena, a los 92 años, el creador de la tercera escuela vienesa de psicoteria; sobrevivió al Holocausto.

VIENA (AFP).- Viktor Frankl, último de los grades psicoterapeutas vienés, después de Sigmund Freud y Alfred Adler, fundador de la "tercera escuela de psicoterapia de Viena", murió a los 92 años, anunció el miércoles en Viena el Instituto Víctor Frankl.

"Si puedo cargar sobre mis espaldas el peso del dolor, del sufrimiento y de la muerte, podré encontrar el último sentido que la vida puede ofrecer: asumir un destino que no puede evitarse."

Esto fue dicho por Viktor Frankl, durante una entrevista concedida a La Nación en oportunidad de su quinta visita a nuestro país, en noviembre de 1990.

No eran palabras de un hombre simplemente esperanzado en hallar una fórmula con la cual enfrentar de la mejor manera la desazón ante la adversidad o, dicho situándonos en el plano más ontológico sustentado por Sartre, para sobrevivir a la angustia existencial con la mayor lucidez posible.

La teoría del sentido de la vida -fundamental eje del método de tratamiento que denominó logoterapia- tuvo, obviamente, un desarrollo intelectual, pero su trasfondo fue cincelado por la más objetiva crudeza de una experiencia límite iniciada en 1942.

Ese año toda su familia fue exterminada en el campo de concentración de Theresienstadt, cerca de Praga. A esa experiencia siguió su propia condición de "huésped del infierno", como llamó a su reclusión en cinco campos similares, hasta su liberación por los aliados en el de Auschwitz, en 1945, cuando estaba a punto de integrar el 97 % de muertos registrado allí.

En su libro "El hombre en busca de sentido", que vendió más de 2 millones de ejemplares, Frankl afirmó: "Me atrevo a decir que no hay nada en el mundo que ayude más efectivamente a una persona a sobrevivir hasta las peores condiciones que conocer el sentido de su vida".

Qué espera la vida de mí

El prestigio de este médico judío -nacido el 26 de marzo de 1905 en Viena, la misma ciudad de Freud, de quien fue discípulo, y especializado a fines de la década del 30 en la cura de adolescentes con tendencias suicidas- lo había puesto a salvo de los incipientes amagues del nazismo, hasta que, en 1942, su identidad quedó sepultada bajo el número de preso 119.104.

En algún momento, en esta condición habría de enfrentar en su último alojamiento en Auschwitz un extraño diálogo con un colega algo más siniestro: el doctor Joseph Mengele.

Su interés por la psicología había comenzado durante sus estudios secundarios, cuando participaba en causas socialistas. En 1930 obtuvo su doctorado en medicina. Cuando, ocho años más tarde, los nazis llegaron al poder, Frankl estaba encargado del departamento de neurología del hospital Rothschild, el único nosocomio judío que funcionaba en Austria durante los comienzos de la época nazi.

Tras la guerra, Frankl dirigió el departamento de neurología del Hospital Policlínico de Viena, cargo que ocuparía durante 25 años. Por esa época comenzaría a dar forma a la logoterapia, escuela que gana rápida difusión y logra posteriormente una posición destacada, junto a los métodos más influyentes del psicoanálisis moderno, posteriores a Freud, como los de Adler, Rank, Maslow, Reicht o Melanie Klein.

Frankl publicó 32 libros sobre la logoterapia, que fueron traducidos a 26 idiomas. Excelente orador, ocupó cinco cátedras de psiquiatría en los Estados Unidos durante los años 60.

Puesto en términos sencillos -simplificación que hubiera incomodado a su rigor profesional-, la técnica de tratamiento introducida por la logoterapia coloca el acento en la pregunta "¿qué espera la vida de mí?", que invierte la formulación tradicional "¿qué debo esperar de la vida?", y en la cual la respuesta conduce a una asunción de responsabilidades (equivalente al engagement sartreano).

Carácter irrepetible

¿Qué aleja a Frankl de corrientes ortodoxas, sobre todo aquellas que se alinearon más fielmente tras las premisas del padre del psicoanálisis? Básicamente, su discurso en torno de la problemática existencial por sobre las determinaciones originadas en la sexualidad, y el carácter único e irrepetible del individuo, que exige en consecuencia valerse de enfoques particularizados.

Sin conceptualizaciones previas y generalizadas, la logoterapia -podría decirse- se constituye prácticamente en una suerte de antiescuela, desde que extrema la creatividad permanente y propicia la libertad de "actuar como si todo fuera posible", según lo proclamado por otro maestro de Frankl, el psiquiatra y filósofo Rudolf Allers.

Tomar conciencia del sinsentido de nuestros tiempos será el primer paso dado por el hombre que pretende otra significación de la existencia. Se han levantado reparos a esta idea de Frankl, que aluden a ciertas circunstancias duras que postergan cualquier otra alternativa y cierran los caminos para acceder a ella.

Frankl lo refuta con su propia experiencia "en el infierno". Y agrega:"Quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo".

Análisis : Fue pura entrega

Vida rica si la hay, poseedor de riquezas baratas, como dice Descalzo, de las que no se compran con dinero: el sol, el paisaje, la familia, la amistad, el sentido de la vida. Desde pequeño ya discutió con un profesor de historia natural que enseñabaque "la vida humana no era otra cosa que un proceso de combustión y oxidación".

Frankl reaccionó preguntando ¿entonces, cuál es el sentido de la vida humana?. Contando 19 años, por indicación de Sigmund Freud apareció un artículo suyo en la Revista Internacional de Piscoanálisis. De su libro "El hombre en busca de sentido" se vendieron millones de ejemplares y fue traducido a más de 20 idiomas. Cosechó varios títulos de Doctor Honoris Causa y en su largo itinerario de humanizador de la psicología, visitó varias veces nuestro país, colmando el aula magna de la Facultad de Medicina, donde se presentó las últimas tres veces.

Quiso el destino que visitara con mi mujer a los Frankl hace escasos meses, en su antiguo, espacioso y soleado departamento de esquina. Su esposa, Elly, con su sustancial bondad, nos dijo que no se encontraba bien, que se fatigaba, que en todo caso la entrevista con él iba a ser corta. Pero como siempre fue pura entrega. En varias oportunidades hicimos algún leve - por qué no decir desganado- ademán de concluirla, pero su afán de saber de sus amigos a la Argentina, de nuestras actividades en la Fundación, eran más fuertes. Como fuerte su capacidad de autotrascendencia, esa actitud frente a la vida que permite superar obstáculos.

Descubridor y firme defensor de la Voluntad de Sentido como teoría motivacional y en oposición a las teorías causalistas que presentan al ser humano movido por el placer o el poder, deja una tarea que compromete a todos los que de una forma u otra conocen su vida y su obra.

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