Virasoro, con olor a tiza y yerba mate
Este pueblo correntino creció junto al establecimiento Las Marías y se convirtió en un polo educativo modelo.
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GOBERNADOR VIRASORO, Corrientes.- Cualquier forastero que pase frente al mojón 985 de la ruta nacional 14 se quedará asombrado al mirar hacia sus costados y encontrar que -desde esas banquinas coloradas- crecen, prolijamente, pastos, plantas y flores deslumbrantes. Que, más allá del camino, los sinuosos yerbales parecen moverse con la ayuda del viento y, en unas suaves quebradas, un poco más abajo, nacen pinos en hileras empujados por una tierra vigorosa y por el tesón de los hombres.
Sabrá que está al nordeste de Corrientes y pasando junto al pueblo de Virasoro, aunque quizá no advierta que aquí mismo -en esta localidad que hace tiempo fue un paraje, una estación de ferrocarril- hoy existe un conglomerado educativo fundamental para este territorio y ejemplar para todo el interior del país.
En Gobernador Virasoro, un pueblo de 25.000 habitantes, hay unos diez mil estudiantes que se reparten entre el aprendizaje primario y el universitario. Es, sin duda, un porcentaje atípico si se lo coteja con el de otras zonas, más aún las rurales.
Pero el asunto no es una novedad para la gente de aquí. Viene de aquella época, cuando este territorio estaba poco habitado, el pueblo no tenía más de 500 habitantes y la vida en los calurosos veranos del norte correntino era para los luchadores.
En el rincón del galpón de una estancia, un grupo de peones comenzó a trabajar la yerba. Se cumplía casi un cuarto del siglo (1924) y Víctor Navajas Centeno impulsaba Las Marías, hoy el principal productor de yerba mate del país. El campo se convirtió en industria, la industria impulsó al pueblo, el pueblo apoyó a la industria y hoy Gobernador Virasoro es el reflejo de Las Marías y su gente: patrones y peones.
Pilares femeninos
La actualidad muestra entonces que aquel pionero se adelantó al estilo del compromiso social que actualmente impulsan algunas empresas. "Esto no es nuevo, venía en la idiosincrasia de la familia y sus mujeres, porque ellas fueron los verdaderos pedestales para cimentar todo esto", dice hoy el mayor de los hijos de Víctor, Adolfo Navajas Artaza, al referirse a todo el programa de contención social, educativo y de asistencia sanitaria que hoy se brinda desde el establecimiento que dirige junto a sus dos hermanos.
Las Marías es como un gran pueblo en donde viven 120 familias, hay un centro sanitario, una colonia de vacaciones, el club deportivo Taragüí, una biblioteca, una hoja informativa semanal y, principalmente, la Fundación Victoria. Allí estudian 550 alumnos la escuela primaria, queda parte del Instituto Agrotécnico y se moviliza con fuerza el Instituto de Formación de Técnicos Forestales. Además, en el último año fueron capacitadas laboralmente 1130 personas.
El parque estudiantil del establecimiento es monumental, con edificios imponentes para la zona, casas para los profesores, un comedor y un internado para los alumnos que vienen desde otras localidades. Quince computadoras son manejadas diariamente por 175 chicos. El operador de sistemas, Rodrigo Rodríguez -de 28 años, nacido en Virasoro-, habla con satisfacción del buen nivel que alcanzan los alumnos mientras ellos ni advierten la presencia de los visitantes y se concentran en las pantallas del futuro.
María Nélida Repeto, directora del primario, nació en Buenos Aires y hace 22 años que se "nacionalizó" correntina: "Nosotros, en la escuela Victoria, vivimos una revolución didáctica, además de llevar muy adentro un sentido profundo de pertenencia hacia Las Marías", comenta orgullosa y convencida la docente que años atrás estudió en el inglés colegio Northlands.
Boom educativo
Graciela Nosiglia de Navajas Artaza es la directora de la Fundación Victoria y explica los modernos métodos de enseñanza, que además es gratuita. Santos Platini, gerente de Relaciones Institucionales de Las Marías, también se explaya sobre la obra realizada: "Hoy, todas las escuelas de Virasoro reciben subsidios de Las Marías. Hace años había una sola escuela, pero hubo un plan de expansión educativa y creció todo Virasoro".
A su lado, Carmen Alegre, la asistente social del establecimiento, hace observaciones de la gente y sus aspiraciones, directamente ligadas con el aprendizaje: "Cuando la gente tiene un trabajo estable se siente más segura y, automáticamente, vuelca sus pretensiones en un mayor nivel educativo para sus hijos".
Adolfo Navajas Artaza muestra las interminables instalaciones y va dejando sus reflexiones: "Todo lo que hacemos no es un gasto extra, es una inversión redituable".
"También priorizamos el deporte, porque enseña cosas como el respeto a los semejantes, al adversario, y enseña a ser más leales a los chicos.
"La idea es que, de a poco, los empleados vayan a vivir al pueblo y tengan su casa particular. Igualmente, nadie se jubila de Las Marías sin tener su casa propia. Nunca debemos olvidarnos de destacar la gran solidaridad de la gente y los trabajadores con Las Marías."
Hoy, Las Marías cuenta con 1500 empleados y muchos recuerdan la primera escuela de Virasoro impulsada desde ese emporio yerbatero. El pueblo, hoy ciudad, tiene fuera de Las Marías institutos privados, escuelas primarias, colegios secundarios, escuelas normales, de perfeccionamiento y universidades, como la de la Cuenca del Plata y del Salvador.
Entonces, todas las mañanas, cuando la gente sale al campo, una multitud local de jóvenes y chicos ingresa en otros lotes llamados aulas. Para esta época, los trabajadores cosechan las hojas de yerba mate, mientras sus hijos siembran en otras hojas lo que mañana recogerán sus nietos.




