Vive sepultado el enigma de los túneles de Paraná
Misterio: recorren 20 kilómetros de la ciudad, se desconoce por qué fueron construidos y, con los años, se volvieron impenetrables.
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PARANA.- La capital de Entre Ríos se eleva sobre un morro que baña sus costas en el gran río en donde aún el surubí reina y todos los días se presta a una lucha franca con los pescadores.
Arriba, en lo alto, está una ciudad que parecería guardar el carácter arrogante del general Urquiza y en la que habitan casi 300.000 personas. Recuerda haber sido, en 1854, la capital de la Confederación. Fue su época de mayor gloria.
Pero tiene otra historia debajo de la misma tierra. Unos pasillos oscuros en donde no podría existir el palmar, ni siquiera el espinillo que se hace monte en otros lados de la provincia.
Son unos antiguos túneles enmohecidos, asfixiantes, y en los que sólo pueden tener vida los insectos, extrañas alimañas y alguno que otro reptil. Pero, además, tienen zonas que se volvieron impenetrables.
Por allí aparece el mayor de los misterios, ese que habla de centenares de esqueletos humanos, de cráneos semitapados por la tierra colorada, de una osamenta que espantaría y llenaría de horror a cualquiera.
Pocas ganas de investigar
Cuentan los que saben que los túneles recorren la ciudad por más de 20 km. Que no sólo están sumergidos por su propia condición, sino que fueron pocos los que tuvieron la intención política, antropológica e histórica de investigar su auténtico pasado.
Algunos dicen que fueron construidos por los jesuitas para trasladar materiales para construir la alta ciudad de Paraná; otros dicen que resultaron una estrategia para las fortalezas durante la época de Urquiza; los más descreídos insisten con la teoría de simples desagües. Pero pocos adhieren, porque de simples no tienen nada.
En uno de los pocos que están a la vista, en la Bajada de los Vascos, junto a una fábrica de tejas, pudo ingresar La Nacion. Su entrada tiene tres metros de ancho por tres de alto, y está construida en piedra y ladrillos con arcos de medio punto romano típicos de las obras jesuíticas.
Luego se achica en un ancho de 70 cm, un alto de 1,70 m y piso plano, justo para el paso de un hombre. Se puede avanzar hasta una distancia de unos 70 metros, luego la altura y la oscuridad hacen imposible seguir. El sedimento que se elevó sobre el piso torna imposible el andar de un hombre de mediana contextura.
"Es hora de acondicionarlos y mostrarlos al público. De que se comience a develar el enigma. Si recomponemos su historia, será otro de los atractivos turísticos de nuestra ciudad", asegura el secretario de Turismo, Carlos González.
La palabra oficial sostiene la teoría de los desagües, pero a medias. El mismo Roberto Sabioni, secretario de Obras Públicas, indica: "Son muchos los que opinan distinto, le recomiendo que hable con Mernes. No puede hacer una nota sobre este enigma sin hablar con él".
¿Y quién es Miguel Angel Mernes? Es el único hombre al que nadie se anima a refutar. Es el que asegura haber recorrido buena parte de los túneles, allá por el 55. Jubilado del Consejo de Educación y con 68 años, este hombre se dedicó a estudiar los túneles como ningún otro. El tema lo desvela y tiene respuestas para todo el que opine lo contrario de su teoría jesuítica.
"En la revolución del 55 -recuerda Mernes- yo hacía la conscripción en el Regimiento de Comunicaciones. Treinta oficiales y cuatro soldados nos introdujimos por el aljibe del regimiento y caminamos por los túneles hasta la plaza 1° de Mayo.
"Me impresionó la cantidad de esqueletos, de huesos diseminados. Eran muchos. Caminábamos por el medio, alejados de las paredes, que estaban llenas de alacranes. Recuerdo que se podía respirar bien y nos dimos cuenta de que los aljibes de la ciudad eran los que les daban aire a los pasadizos. Supongo que esos pozos también estaban estratégicamente ubicados para un eventual escape."
-Pero muchos discuten su teoría.
-Oficialmente, estoy solo, pero hay profesores que me apoyan. La Junta de Estudios Provinciales no se interesa en el tema porque no quiere meterse en líos.
-¿Cuál es el conflicto?
-Es que nadie quiere hablar de muerte. En el Museo Antropológico saben que esos esqueletos pudieron ser de indios o de negros, porque aquí, en el 1900, hubo barrios de negros angoleños. Pudieron ser confinamientos de enfermos por alguna peste. Una vez se encontró un esqueleto en posición fetal, típica postura de un indígena que sabe que va a morir. Lástima que las autoridades, cuando en excavaciones se encontraban huesos, los mandaban al osario común, en vez de analizarlos para rescatar la historia.
-Hay gente que habla de desagües.
-Sí, de desagües, de cloacas y hasta de heladeras para conservar alimentos en la época colonial. ¿Pero quién iba a construir 20 km de heladeras? Además, para qué se iba a construir en esa época semejante desagüe cuando la ciudad drena naturalmente Además de huesos, vi que todavía quedaban huellas de carretones, seguramente en los que se trasladaban los materiales. La construcción es perfecta, con piedras hasta la altura de un metro y ladrillos con arcos de medio punto.
-Dicen que exagera con lo de los 20 kilómetros de túneles.
-Debe de haber más, todavía. En 1877, una empresa inglesa llamada Anderson hizo una obra para traer agua a la ciudad desde el río Paraná de más de cinco kilómetros de largo. ¡La construyó en apenas 11 meses! Mernes habla con pasión y repite: "Mientras nadie haga nada, lo único que logran es darme elementos para que yo siga hablando."
Y tiene razón. Sería grandioso que se hiciera una investigación profunda de los enigmáticos túneles. Mientras tanto, la ciudad puede estar perdiendo un valor histórico inigualable, más allá de la fantasía o la realidad.
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