
Yabrán fue investigado en EE. UU.
En 1991, la DEA ya sospechaba de su conexión con el narcotráfico
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Son cinco documentos de no más de una carilla, llenos de nombres tachados y claves raras, pero alcanzan para contar buena parte de la historia secreta de Alfredo Yabrán.
Los documentos, extraídos de los archivos confidenciales de la DEA y que sólo pudieron ser revelados tras la muerte del investigado, prueban por primera vez que la agencia norteamericana investigó a Yabrán por lavado de dinero en el mismo momento en que éste, su vocero Wenceslao Bunge y altos funcionarios del gobierno argentino lo negaban.
Sólo la misteriosa muerte del magnate postal interrumpió pesquisas que se extendieron por una década, mientras la embajada norteamericana en Buenos Aires mantenía silencio y la administración menemista defendía a Yabrán a viva voz.
Esta historia empieza el 4 de junio de 1991 en la Argentina, Buenos Aires, embajada de los Estados Unidos, despacho del embajador Terence Todman.
Después viaja a Los Angeles, California, para internarse en los lavaderos de Pablo Ecobar Gaviria y su temible Cartel de Medellín, que dominaba el tráfico mundial de cocaína a fines de los años 80.
De allí sigue el rastro de los camiones de Amadeo Juncadella, el poderoso empresario argentino dueño de un imperio internacional de transportes de caudales y servicios de seguridad.
Las últimas pistas que dejan los documentos apuntan a la llamada "mafia del oro", una maniobra que permitió lavar cientos de millones de pesos, entre 1993 y 1995, por medio de exportaciones de metales preciosos y no tanto.
La historia desemboca en la antesala de los grandes negociados de la era menemista y termina con un enigma: ¿qué hay detrás del increíble suicidio del hombre que se definió en vida como un "humilde cartero", a quien sus hijos apodaron "papimafi" y el presidente Carlos Menem protegió una y otra vez, llamándolo "un empresario normal", mientras la DEA lo investigaba por lavado de dinero y lo calificaba de "presunto narcotraficante"? ¿Hasta dónde llega la larga sombra de Alfredo Yabrán?
* * *
Los documentos llegaron a La Nación en dos sobres amarillos con sellos del Correo Argentino y el U.S. Postal Service, oficina de Arlington, Virginia. Llevaban un membrete impreso del U.S. Department of Justice, Drug Enforcement Administration (DEA), Washington DC 20537.
Respondían a un pedido formal de información sobre el ciudadano argentino Alfredo Enrique Nallib Yabrán, fallecido el 20 de mayo de 1998, bajo el auspicio del Freedom of Information Act (FOIA), la ley de acceso público de los Estados Unidos. Esta ley obliga a los organismos del Estado norteamericano a entregar información no confidencial sobre cualquier investigación que hayan realizado, siempre y cuando la persona en cuestión solicite esa información o la persona esté muerta. En el pedido de FOIA, La Nación debió demostrar, razonablemente, que Yabrán estaba muerto. Lo hizo adjuntando una copia del certificado de defunción y una tapa de este diario del 21 de mayo de 1998, que daba cuenta del suicidio en un título de apertura a toda página.
Con eso, la DEA dio a Yabrán por muerto, aceptó el pedido y le asignó el número FOIA 99-2087-F. Por tratarse un de tema de interés público, de acuerdo con la ley vigente, La Nación fue eximida de pagar los "más de 250 dólares" que costaría el trámite, según las estimaciones de la propia agencia.
Confidencial
El primer documento es la copia de un cable de la DEA iniciado en la embajada norteamericana en Bruselas, en clave 041238Z jun 91, o sea 4 de junio de 1991. El encabezado reza "confidencial" y lleva un sello de "NEW CASE", que indica la apertura de una investigación.
El primer destinatario del cable es la embajada de Buenos Aires. También figuran como destinos las delegaciones de la DEA en la embajada de Luxemburgo, en Atlanta, en Los Angeles, el centro de Inteligencia de la DEA en El Paso, Texas, y el cuartel general de la agencia en Washington D.C.
Más abajo, el cable hace referencia en clave a tres casos seguidos por tachaduras que presumiblemente encubren el nombre de un agente a cargo de la investigación. Con la ayuda de un veterano de la DEA, La Nación pudo descifrar los códigos.
GFXK-91-4012 se refiere a una investigación de lavado de narcodólares de la DEA-Miami. G3-87-Z003 se refiere a otra investigación de lavado de narcodólares de la DEA-Atlanta, y RL-88-Z006, a otra investigación similar, pero de la DEA-Los Angeles. En los tres casos se habían utilizado exportaciones de oro para encubrir las maniobras de lavado.
Más abajo, el cable dice en inglés:
1. BCO (DEA-Bruselas) ha obtenido información referida a un depósito de aproximadamente 50 millones de dólares estadounidenses realizado en el Generale du Banque, Bruselas, pertenecientes a tres presuntos narcotraficantes argentinos. 2. Los sospechosos han sido identificados como (nombre tachado), titular de la cuenta, Yabrán o Jabrán, Alfredo Enrique NFI (no tenemos más información) , y (nombre tachado) , todos residentes de Buenos Aires. Tenemos inteligencia al respecto de que los sospechosos podrían estar buscados en los Estados Unidos por tráfico de drogas. Esto no ha sido confirmado. 3. Se solicita que las respectivas delegaciones revisen los casos G3-87-Z006 y RL-Z006 y le aporten a BCO cualquier información que pueda ser de utilidad para congelar y ejecutar los fondos identificados en Bélgica. NADDIS (El sistema de rastreo de nombres de la DEA) indica que el sujeto (nombre tachado) está mencionado en ambos casos.
4. Solicitamos a EPIC (el Centro de Inteligencia de El Paso) que revise la base de datos para ver si alguno de estos tres sujetos tiene pedido de captura en los Estados Unidos .
INDICE:
1. (nombre tachado).
2. Yabrán, alias Jabrán, Alfredo Enrique, argentino, NFI.
3. (nombre tachado).
"Bueno, ustedes tienen los cables. Los mandaron y la embajada los recibió. Llegaron y es obvio que el embajador toma conocimiento de cualquier tema importante."
Con estas palabras, ocho años después, Terence Todman reconoció a La Nación la semana última que había leído los cables que demostraban lo que Yabrán siempre negó en vida: que la DEA lo consideraba al menos "sospechoso", que investigaba sus cuentas secretas y que tenía informantes confiables que lo señalaban como narcotraficante.
Actualmente, Todman trabaja de lobbyista del fondo de inversiones argentino-uruguayo con domicilio fiscal en las Islas Cayman, The Exxel Group, hoy dueño de las empresas dominantes de correo privado y servicios de aeropuerto que pertenecieron a Yabrán. Todman armó esa compra en tiempo récord a fines de 1997, cuando Yabrán más lo necesitaba, ya que estaba al borde de ir preso por el asesinato del fotógrafo José Luis Cabezas.
En 1991, Yabrán le interesaba y mucho al embajador Todman. Llevaba más de un año tratando de romper el monopolio del grupo Yabrán en el correo privado para permitir el ingreso de Federal Express en el mercado argentino.
En junio de ese año, el mismo mes en que recibió los cables, el embajador cenó con el canciller Guido Di Tella, el entonces secretario General de la Presidencia, Eduardo Bauzá, el entonces ministro de Defensa, Erman González, y el hermano del presidente, Eduardo Menem.
Según cuenta el biógrafo de Yabrán, Miguel Bonasso, en su libro "Don Alfredo", durante esa cena un comensal le preguntó a Todman:
-¿Tiene alguna información de que el "brigadier" Yabrán es narcotraficante?
-Ninguna información al respecto, habría contestado el embajador.
El gran bonete
Todman hoy dice que no recuerda esa reunión, pero sugiere que organismos de inteligencia o seguridad recibieron la información que manejaba la DEA: "Recibimos un montón de cables, pero no andamos por ahí difundiendo su contenido hasta que realmente tenemos la información confirmada. Otra cosa diferente es que los encargados de un sector en particular se pongan en contacto con su contraparte... El embajador no hace todas las gestiones."
Si esa información llegó a manos de Hugo Anzorreguy, el titular de la SIDE nunca lo reconoció. En "Don Alfredo", Anzorreguy aparece haciendo sondeos entre sus contactos en la CIA, el FBI y la DEA para averiguar si Yabrán "estaba o no conectado al narcotráfico -sondeos que, según él (Anzorreguy), no habían dado ningún resultado".
Sin nombrar interlocutores, Todman le dijo a La Nación que él mismo difundió las advertencias de la DEA en reuniones privadas.
"Yo no diría que nunca hablé de Yabrán, pero hay una diferencia entre conversaciones privadas y gestiones oficiales... Uno mantiene conversaciones privadas cuando no tiene algo confirmado, porque uno no puede expandir un rumor hasta que no tenga bases sólidas."
Todman no necesitó que le preguntaran si esas sospechas eventualmente se confirmaron. El sólo, sutilmente, pateó hacia adelante esa responsabilidad, para endilgársela al ex embajador James Cheek: "La embajada no se puede permitir decir cosas que no tiene comprobadas. Hay gente que se encarga de corroborar la información, que no se consigue de un día para el otro. Algunas veces uno consigue una pista y se va desarrollando... Yabrán se convirtió en un gran tema durante la gestión de mi sucesor".




