
Yapeyú quiere salir del olvido
Los pobladores admiten que para atraer visitantes deben hacer algo más que esperar los restos de San Martín.
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YAPEYU.- No es como lo describen los libros de historia. El pequeño pueblo que aguarda la llegada, el próximo 25, de los restos de los padres de San Martín y aspira a traer los del propio Libertador, hoy conserva poco de aquella próspera reducción jesuítica que vio nacer al general en 1778 y que, en aquel tiempo, llegó a ser capital de la provincia misionera.
Yapeyú se bate a duelo con el olvido. La alusión a su presencia en el país no es más que esporádica. Alza la cabeza cada 17 de agosto, cuando las autoridades nacionales se acercan aquí para conmemorar la muerte de San Martín, como lo dispuso un decreto del presidente Menem. Pero el año último ni siquiera vinieron...
El pueblo se asoma tímidamente a la ruta 14, a 60 kilómetros de Paso de los Libres, y con suerte atrapa por media hora -sólo ocasionalmente- a los viajeros que van rumbo a las cataratas del Iguazú y sienten una lejana curiosidad por la cuna del Santo de la Espada, anunciada por el arco de entrada.
Intimamente, los lugareños guardan un reproche añejo. No le perdonan a la historia una gran ironía que casi hirió de muerte a la antigua ciudad prolífica: el 13 de febrero de 1817, casualmente el mismo día y casi a la misma hora en que San Martín entraba triunfante en Santiago, Chile, tras ganar la batalla de Chacabuco, los portugueses quemaban y saqueaban la plaza central y sus alrededores para alzarse con objetos de oro del culto, ganado y aborígenes para vender como esclavos.
Escombros en la casa
En ese desafortunado episodio, la casa donde había vivido el Libertador hasta los 3 años quedó reducida a escombros humeantes, y se borraron así los años de esplendor. Desde entonces, Nuestra Señora de los Santos Reyes Magos de Yapeyú, tal como la bautizaron los jesuitas cuando la fundaron en 1626, intenta levantarse y hacer honor a su pasado.
Las circunstancias políticas y económicas no le fueron favorables. En el siglo XVII, unas 8000 almas vivían aquí, a orillas del río Uruguay, en un escenario dominado por la tierra rojiza, la vegetación tupida y el profuso canto de los pájaros. En estos días el paisaje conserva sus características, pero alberga apenas 2000 habitantes, y sólo en los últimos cuatro años se viene registrando un crecimiento demográfico.
Los 80.000 vacunos que contabilizaban las reducciones jesuíticas nunca se recuperaron. En la actualidad se ven apenas manchas aisladas de ganado en las planicies circundantes. Además de vacas, se crían caballos y cerdos.
"La agricultura tuvo un resurgimiento hace cuatro décadas, con el arroz y los cítricos -cuenta Norberto Zulpo, intendente de Yapeyú desde hace cuatro años-. Pero la buena racha duró poco, porque la gente era muy conservadora y el progreso le ganó."
El destino de los jóvenes
Actualmente, la mayoría de los pobladores son empleados públicos. El 40% trabaja en dependencias como la Prefectura, la policía, las escuelas y la Municipalidad y, cuando no, en los tres aserraderos de pino y eucalipto que se instalaron recientemente y que, según los lugareños, son la causa del inusual crecimiento demográfico.
"¿Los jóvenes? Bueno, muchísimos se van a Paso de los Libres a dedicarse al comercio; o a Posadas, Corrientes, o a Buenos Aires a estudiar", cuenta Daniel Pinos (de 33 años), que atiende una agencia de lotería correntina en la poco frecuentada estación de ómnibus. Como todos aquí, Daniel se alegra de ver caras nuevas.
Los yapeyuinos están convencidos de que, para atraer caras nuevas, deben hacer algo más que esperar la llegada de las urnas de los padres del Libertador. Para ellos, la solución es trasladar aquí los restos del mismísimo Libertador, es decir, recuperar la razón de ser de su historia.
"Por supuesto que lo vamos a traer. San Martín nació en Yapeyú; era correntino", afirma, enfático, el intendente Zulpo, cuyo despacho en la Municipalidad atesora numerosos íconos del prócer.
Mientras tanto, el pueblo hace denodados esfuerzos por mantener en buen estado sus reliquias. Elvio Rolando, concejal y docente, aprovecha para lanzar una queja. Señala que, a pesar de que el templete es un monumento histórico nacional, prácticamente no se reciben recursos para mantenerlo. "La intendencia pone lo que le sobra de los 5000 pesos que recauda. Se pide nafta a las estaciones de servicio para echar a andar las cortadoras de césped. A veces los empleados ponen plata de su propio bolsillo para comprar los artículos de limpieza..."
Aun así, las paredes de ese centro vital de Yapeyú exhiben un blanco impecable. El pasto del parque está al ras. Pero como no se puede con todo, la llama eterna luce mortal y la guardia silenciosa de los granaderos se muestra inconstante.
El intendente Zulpo impulsa fervientemente el ahora famoso Proyecto Yapeyú, que busca reconstruir la reducción jesuítica y crear un corredor turístico entre este pueblo, Gobernador Virasoro y Posadas. La iniciativa, que tanto resquemor provocó en Buenos Aires, cuenta con el apoyo de los gobiernos de Corrientes y Misiones, y de las asociaciones sanmartinianas locales. El objetivo declarado es "repatriar" al Libertador.
"Creo que va redundar en beneficio del pueblo, porque van a venir más turistas y por más tiempo. Nosotros queremos que Yapeyú tenga trascendencia en el nivel nacional. Nuestra situación no mejoró mucho en los últimos cien años; necesitamos un cambio", dice.
Desde luego, Zulpo no desconoce que el proyecto biprovincial enfrenta una gran objeción: la voluntad del Padre de la Patria, fijada en su testamento, de descansar en Buenos Aires. "Está claro que su deseo era reposar en la Capital -admite pensativo, mirando desde su ventana el templete-. Pero nuestra interpretación de los hechos nace del sentimiento."
Granadero
El jefe del Regimiento de Granaderos a Caballo, coronel Daniel Reimundes, aplicó una sanción de 30 días de arresto al granadero Daniel Aguero, de 19 años, por haber hecho declaraciones a La Nación en una consulta periodística sobre el traslado de los restos de San Martín realizada el jueves último, en el mausoleo de la Catedral.
El granadero había accedido voluntariamente a opinar y a ser fotografiado por los periodistas de La Nación . Al parecer, no tenía autorización de sus superiores.
La vida del pueblo pasa por el museo
YAPEYU (De un enviado especial).- El futuro es chico en este pueblo de unas 50 manzanas, que se extiende en calles de tierra colorada y casas bajas pintadas prolijamente de blanco o de un mimético rojizo, en cuyas esquinas suelen colgar faroles antiguos.
Además, no hay adónde salir a divertirse. "No hay cines ni confiterías. Nos entretenemos viendo ATC, Crónica TV, Canal 13, Telefé y algunas señales de Brasil", se resigna Alejandro Francisco González (16), que no estudia pero trabaja en el Hotel San Martín, muy cerca del solar donde nació el Libertador.
Como padre, Edelmiro Cabrera (53), empleado público, sabe bien lo que eso significa. "Tengo cuatro pibes -dice- y ya todos se fueron a la Capital."
Al parecer, la vida en Yapeyú ("el fruto que llegó a su tiempo", en guaraní) no transcurre en la Municipalidad ni en los campos ni en los modestos comercios e industrias.
No: la vida en Yapeyú transcurre en el museo sanmartiniano, ubicado en el cuartel del Regimiento de Granaderos a Caballo; en lo que queda del higuerón a cuya sombra -se cuenta- solía jugar el Libertador; en las escuelas que, con 500 alumnos, hacen de la evocación su principal materia y, sobre todo, en el templete construido en 1922 para guarecer los restos de la casa donde vio la luz San Martín.
El libro de visitas revela que unas 25.000 personas recorren cada año las tres habitaciones que quedaron de aquella fortificación destinada a los gobernadores. La afluencia es mayor en invierno que en verano (7605 visitas en julio de 1997, contra 2502 en enero último), porque en ese período aumenta el flujo turístico hacia las cataratas del Iguazú. Pero esto no alcanza para revivir el pueblo.
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