Emojis, frutas y hortalizas

Guillermo Tomoyose
Guillermo Tomoyose LA NACION
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24 de noviembre de 2019  

Hubo una época donde los caracteres disponibles en el teclado eran todo lo que podíamos utilizar para poder expresarnos. Sin embargo, la combinación de letras y símbolos que se transformaban en caracteres legibles nos quedó corto y comenzamos a elaborar reglas y combinaciones informales para darle contexto a nuestros correos electrónicos. Arrancar una conversación online con un simple "HOLA", todo en mayúsculas, equivale a irrumpir en un café a los gritos. En la vida real, un simple gesto con la mano o una sonrisa basta para ser cortés en un espacio rodeado de desconocidos. Pero en el mundo virtual todo es más complejo y, por eso, se comenzaron a utilizar los emoticones, una simple y útil herramienta modelada con lo que teníamos a mano: una combinación de símbolos como los dos puntos y los paréntesis podían determinar el tono alegre o triste de una frase. Como no nos alcanzó con este recurso, los emojis llegaron en el nuevo siglo con el objetivo de ser la siguiente evolución en la complementación de la comunicación online. Y vaya si lograron su cometido. De los primeros 200 dibujos pixelados pasamos a más de 3019 emojis a marzo de 2019. Un enorme universo de representaciones donde, acorde a los nuevos tiempos, están representados todas las variantes de género y tono de piel en los emojis familiares y oficios.

Puede parecer insuficiente si vemos los últimos lanzamientos de Apple con los Memojis, las representaciones virtuales y algo narcisistas disponibles en iPhone y iPad. Por pura diversión, en el mundo de las Stories de Instagram conviven emojis, etiquetas, ubicaciones geográficas, filtros y garabatos virtuales para sobrecargar nuestros registros cotidianos con amigos y desconocidos.

Con tantas opciones disponibles, los emoticones y emojis también pueden ser hackeados. Con nuevos diseños y combinaciones, y también con diferentes significados. Unicode, el organismo regulador del uso de emojis y la codificación de los caracteres de forma global, aceptó la gota de sangre en su última actualización. Su significado es literal, pero también es un símbolo que también sirve para representar el período femenino.

De la misma forma, algunas ilustraciones clásicas comenzaron a ser utilizadas en el argot online con otros fines, una medida que no le gustó para nada a Facebook. Las ilustraciones de la berenjena y el durazno suelen estar asociadas a publicaciones con un tono sexual sugerente. Y como tal, son contenidos que no serán aceptados en la red social. Tampoco en Instagram y Messenger. Más allá de su histórica mala fama, la manzana está al margen de las regulaciones de la compañía liderada por Mark Zuckerberg. En el mundo online, por el momento, lo prohibido pasa por otra fruta y una hortaliza.

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