
Luces y sombras del widescreen
Finalmente, y no en pequeña medida para poner fin al burlesco escarnio de mis colegas y afines, compré una pantalla LCD.
Hablando en serio, mi buen Viewsonic E70f de tubo de rayos catódicos ya llevaba muchos años, calculo que más de ocho, encendido día y noche, así que estaba sin muleto para el día en que, inevitablemente, dejase de funcionar. Además, por la edad, había ido perdiendo brillo y por lo tanto me resultaba bastante engañoso a la hora de editar fotos. En otras pantallas o en papel, todo lo que salía de mi PC resultaba algo aguachento.
Después de dar como un millón de vueltas opté por un Dell SP2009W, un widescreen de 20 pulgadas, 1680 x 1050 pixeles de resolución, 2 milisegundos de velocidad de respuesta y entradas digital y HDMI. No es que las otras marcas no me convencieran, había un Samsung y un Viewsonic que me tentaban, pero me dio más trabajo encontrar stock; además, el Dell estaba en precio y al final sólo tuve que llenar unos formularios online para comprarlo y me lo traían a casa. Con el poco tiempo de que dispongo, era un factor mucho más importante de lo que parece.
En el trayecto aprendí una cantidad de cosas, esas que sólo se hacen obvias en la práctica; la verdad es que ya había leído tanto sobre el asunto que podría haberme fabricado la pantalla en casa, pero cuando empezás a conectar cosas y algo no anda o anda mal te das cuenta de que la distancia entre la teoría y la práctica es un largo y sinuoso camino.
Primer tema, las dimensiones. Por fortuna no opté, como estuve a punto, por 22 o más pulgadas. Cuando operamos una PC estamos entre 60 y 70 centímetros de la pantalla, y a esa distancia un widescreen de 20 me resulta perfecto. A menos, claro, que lo vaya uno a usar para grandes trabajos de animación, edición profesional de fotos y cosas así, que no es mi caso ni el de la mayoría. Hasta 22" hubiera estado bien, no más.
Segundo, la superficie de este Dell no es opaca. Eso estuvo por cancelar mi compra, pero luego noté que muchas Mac vienen con pantallas de esa clase. En lugar de tener una superficie antirreflejos son bien bruñidas, como de cristal. No estoy seguro de si hay una razón técnica para que esto sea así, pero sí hay una estética. El espacio de trabajo parece triste y apagado con las pantallas opacas, mientras que con ésta (o las muchas otras que vi últimamente, en especial las Mac, que abundan en la Redacción) todo luce mejor. No obstante, dispongo de la luz adecuada en mi estudio; de otro modo, y si usted sabe que hay una ventana que va a aparecer en su monitor como si éste fuera un espejo, conviene comprar las que tienen tratamiento antirreflejos. De otro modo, puede volverse imposible trabajar descansado.
Con todo, supongo que es uno de esos temas que despiertan pasión. Personalmente, ahora prefiero las pantallas no opacas. Quienes hayan descubierto la Verdad Revelada del Monitor Opaco, por favor dígannoslo con la humildad del sabio, y no con el sarcasmo áspero y agraz del sabiondo.
¿Widescreen o no? Lo he puesto hace poco en una nota: divide la opinión pública como pocas otras cosas. Mi elección es sí, sin duda. Tras varias semanas con mi nueva pantalla, las normales, es decir, las que tienen una relación de aspecto de 4:3, me parecen cuadradas, rechonchas y muy ajustadas de sisa. Me falta aire. Las ventajas del widescreen son, sin embargo y desde mi punto de vista, opinables, personales y de idiosincrasia; y dependen mucho de la clase de tarea que usted haga con la PC. Las defenderé, pues, sólo en ese tenor.
Para editar música y video, secuenciar MIDI, hacer 3D y tener cuarenta pestañas del Firefox abiertas, simplemente hay más lugar para moverse. Para todo lo demás hay más pantalla libre para tener a la vista otras ventanas, desde el chat hasta los widgets de Escritorio. Además, en la barra de iconos caben más aplicaciones y en la de herramientas, que coloco arriba para tener acceso rápido a mis aplicaciones frecuentes, lo mismo.
Escribo durante muchas horas y por lo tanto agrando el texto todo lo que puedo, para no forzar la vista. Las pantallas anchas también me permiten darle más aire a derecha e izquierda, de modo que las letras aparezcan todo lo ampliadas que yo quiero.
Platino y diamantes
Tan pronto como saqué el monitor de la caja ajusté su base y me dispuse a poner el viejo Viewsonic en un puesto menos ajetreado. Me di cuenta de que iba a tener un problema, y no uno menor. Para peor, no encontraría una solución perfecta, aunque sí un atajo aceptable.
Resulta que aquí hay varias computadoras en red, pero no tiene sentido ponerle un display, teclado y mouse a cada una. Por lo tanto, las dos principales están con un switch. Con un atajo de teclado paso a controlar y ver la otra máquina. Por medio de TightVNC ( www.tightvnc.org ) manejo las que están físicamente a mucha distancia o en otros pisos, como la del hotspot.
Cuando me puse a hacer las conexiones recordé que el switch era analógico, no digital. Houston, we have a problem . Le di vueltas al problema hasta que decidí que por un par de días tiraría con mi nuevo LCD en modo analógico. No me hacía mucha gracia, porque la calidad de imagen es claramente superior en DVI. Pero era cuestión de que mi proveedor de hardware me consiguiera un switch digital. Por supuesto, me esperaba una sorpresa.
La cifra en el mail me parecía absurda. Lo llamé por teléfono y me lo confirmó. Los buenos switches digitales costaban entre 195 a 240 dólares. ¡Esa semana había comprado un disco de 500 GB por 100! Supongo que en el caso de los switches encarecían el costo las incrustaciones de platino y diamantes. No lo sé, pero no estaba dispuesto a desembolsar esa cantidad de dinero por un accesorio. De vuelta en casa, se me ocurrió una idea que, al menos hasta que esos switches bajen de la estratosfera, resolvió el problema.
Estos monitores tienen dos entradas: una es digital, o DVI, y la otra analógica, o VGA. Así que conecté la máquina principal, la que uso todo el tiempo, a la entrada DVI, y la salida del switch analógico, al puerto VGA. Ahora, sólo era cuestión de cambiar la fuente de entrada en el monitor toda vez que quería usar la PC secundaria, donde mayormente corro procesos en segundo plano. La calidad de imagen, en ese caso, no era tan importante. Y conservaba la precisión digital en la que empleo continuamente. Es más engorroso, porque hay que darle tres toques al menú del monitor, pero este aparato tiene un sistema de configuración realmente muy cómodo. Asunto terminado.
El SP2009W tiene en general muy buenas críticas, y coincido. Pero nada es perfecto. Primero, no se lo puede rotar. No es que vaya a hacerlo alguna vez, pero es una función que al webmaster y otros profesionales puede resultarles muy importante. Segundo, la ubicación del botón de encendido está exactamente en la esquina inferior derecha, donde instintivamente uno presiona para cambiar el ángulo del aparato o moverlo en la mesa. La primera vez que lo apagué así, involuntariamente, pensé: "Qué poco duró". Pero luego me di cuenta del bip que había sonado y entendí que era sólo un desliz en el diseño. Tercero, el manual del usuario, inexistente en papel y pobre en la documentación digital que acompaña al equipo. Todavía tengo un par de dudas sobre el manejo de esta pantalla, y eso que han pasado varias generaciones de monitores por aquí. Notables, sin excepción; espero que éste siga la tradición familiar.
Por supuesto, cada nuevo hardware a uno le causa alguna decepción retroactiva. ¿Cómo es posible que alguna vez hayamos tenido por aceptables fotos en 640 x 480 pixeles? No lo sé. Ahora parecen estampillas. Lo cierto es que cuando uno pasa muchas horas frente a la PC, una buena pantalla es como los altavoces de un equipo de música: establecen la calidad de la experiencia más que ningún otro componente.
Para los que recién llegan a los LCD es fundamental instalar el accesorio ClearType de Microsoft, para que los textos se vean mejor. Se lo baja sin cargo de www.microsoft.com/windowsxp/Downloads/powertoys/Xppowertoys.mspx






