TV gigantes, robots, coches y la casa inteligente (otra vez)

Una de las ferias de electrónica de consumo más vitales del mundo, con más de medio siglo de historia, volvió a deslumbrar en Las Vegas, aunque sin anuncios disruptivos
Una de las ferias de electrónica de consumo más vitales del mundo, con más de medio siglo de historia, volvió a deslumbrar en Las Vegas, aunque sin anuncios disruptivos Crédito: STEVE MARCU / REUTERS
Ricardo Sametband
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12 de enero de 2019  • 00:00

LAS VEGAS.– Ayer cerró sus puertas en esta ciudad la edición 2019 de una de las ferias de electrónica más grandes del mundo, la CES; 180 mil visitantes llegaron para conocer las novedades que traerá la tecnología en los próximos años, de manos de unos 4500 expositores, entre los que hay desde gigantes de los televisores, electrodomésticos y automotrices hasta pequeñas compañías que buscan hacerse lugar en algún nicho del mercado. La CES fue, históricamente, el lugar donde las empresas mostraban sus novedades en televisores, y este año cumplieron. Samsung, con un televisor hecho con bloques de pantalla, lo que permite cambiar el tamaño y formato (hacerlo cuadrado, una columna vertical, etcétera).

LG, por su parte, apostó por un modelo que se enrolla. Cuando el usuario no está viendo tele, la pantalla se pliega y queda escondida en un mueble.

El televisor de LG, cuya pantalla se pliega y queda escondida en la base
El televisor de LG, cuya pantalla se pliega y queda escondida en la base Crédito: Robyn Beck / AFP

El resto de sus competidores prefiere tratar a los televisores como portarretratos gigantes, para evitar tener un rectángulo negro enorme en la pared la mayor parte del día. Sony, como Samsung, presentó un televisor de descomunales 98 pulgadas (2 metros y medio, en diagonal) y con resolución 8K, el estándar de calidad de imagen que ofrece 4 veces más pixeles (puntos de color discreto en una pantalla) que el 4K, y que comenzará a imponerse en el mundo a partir de 2020, aunque los expertos calculan que su progreso será lento.

Conectados

Lenta también será la llegada del 5G, uno de los temas que en teoría se iba a llevar puesta la CES, y que quedó circunscripto a algunos anuncios protocolares y a la promesa de que sí, este año comenzarán los primeros servicios, para tomar fuerza en 2020 (para la Argentina, la estimación es que entrará en servicio en 2021).

No faltaron las demos, sin duda, pero fueron similares a las que se vienen viendo. Soluciones para telemedicina, para manejo de vehículos a distancia y cosas similares, que aprovechan su fenomenal ancho de banda y su mínima latencia (algo así como el tiempo de reacción entre que se envía una orden digital y llega a destino al otro lado del planeta).

Autónomos

La CES estuvo, como otros años, repleta de propuestas en los tres ámbitos donde, todavía, hay lugar para experimentar, innovar a grandes saltos, a diferencia de los televisores o las computadoras portátiles, en las que hay novedades, pero ya son menores y no trascendentales. ¿En qué sectores? Robots, la casa inteligente, los vehículos (eléctricos y autónomos).

Estos últimos ofrecieron la vidriera más espectacular. BMW mostró el prototipo de una moto que circula sola; no es enteramente autónoma, pero se encarga de mantenerse en equilibrio, inclinarse en las curvas, etcétera.

Harley Davidson dio a conocer su primera moto eléctrica, Livewire. Bell tenía a Nexus, un enorme helicóptero (o dron gigante, dado el contexto) con el que Uber iniciará su servicio de taxis aéreos en 2020. Whil presentó una silla de ruedas que tiene detección de colisiones, para personas con cierta autonomía, pero que pueden no tener un control completo sobre sus movimientos.

Mobileye (la firma de Intel) mostró cómo su sistema de cámaras, acoplado a un servicio de análisis de imágenes, permite actualizar la cartografía de toda una ciudad en instantes, anotando la ubicación incluso de postes de luz, señales de tránsito en el pavimento, tapas de inspección, baches, etcétera. La compañía sigue convencida de que para 2021 veremos los primeros autos realmente autónomos circulando por las calles: vehículos que no necesitan ayuda humana para circular. Desde que se pasó por alto la movilidad, la internet de las cosas es una de las grandes apuestas del inventor del microprocesador.

Bosch calculó en la feria, al presentar una combi autónoma, que para esa fecha habrá un millón de estos vehículos semipúblicos circulando por el mundo en rutas específicas (transportes dentro de un aeropuerto, un servicio de taxis punto a punto, etcétera).

Otros fabricantes son más cautos. Ford, por ejemplo, dice que para 2022 todos los vehículos que venda en Estados Unidos incorporarán un sistema que les permitirá hablar unos con otros y compartir información (los que van adelante alertan a los que vienen atrás de un atasco, un bache, un peatón, etcétera).

Nissan presentó una estrategia similar, llamada "hacer visible lo invisible", en el que los autos colaboran entre sí para darse información del tránsito. No está claro todavía si las plataformas estarán cerradas a cada fabricante o una marca podrá hablar con otra. Si la historia de la tecnología deja alguna lección, deberían acordar un estándar abierto, como lo es la norma MIDI para instrumentos musicales desde 1983.

Robótica

En lo que refiere a autómatas, el camino sigue siendo el mismo: mejorar sus movimientos, su capacidad para entender qué quieren los humanos, y eventualmente ayudarlos. Pululan los modelos amigables, con ojos grandes, piel tipo de peluche, aspecto de mascota extraterrestre y modales simpáticos.

El Lovot fue uno de los más comentados en los pasillos. También siguen los clásicos de plástico blanco y aspecto humanoide, como Walker, un robot con manos humanas que sirve de mayordomo y ayuda en la casa.

Los queribles Lovot, de Groove X
Los queribles Lovot, de Groove X Crédito: JOHN LOCHER / AP

Samsung presentó unos modelos hogareños, orientados sobre todo a ayudar a personas mayores, una estrategia similar a la de LG. Uno, por ejemplo, funciona como changuito para el supermercado; otro deambulará por los lobbies de los hoteles dando ayuda. Ambas compañías también mostraron exoesqueletos, suplementos que se enganchan a la cintura y las piernas para ayudar a caminar a personas con movilidad reducida, problemas de equilibrio, debilidad en las piernas, etcétera.

Tampoco falta por supuesto, la mesa con ruedas que lleva cerveza y una picada entre los comensales, o la valija que te sigue por el aeropuerto (Ovis) o que entretiene a tu mascota cuando no estás en casa (Varram). Pero más allá de la presencia en fábricas y demás, la industria de los autómatas domésticos los postula por ahora, sobre todo, como acompañantes para personas mayores, pacientes y niños, o para quienes quieren una mascota, pero no la responsabilidad de darle de comer o sacarla a pasear.

¿Y la casa inteligente? Sigue en su lento, pero inexorable avance: la cantidad de empresas que venden cerraduras que se abren a distancia, o sensores de presencia para habitaciones, es impactante. Ikea presentó sus persianas que se enrollan con una app; Whirpool, un sistema que nos sugiere una receta, ordena los ingredientes y va precalentando el horno cuando hicimos nuestra parte; Toto, un inodoro que tiene un sistema desodorante automático.

Pero todo va lento, porque casi nadie renueva toda su casa de un tirón. Así, Ring mostró una cámara que se pega a la mirilla de una puerta convencional y la moderniza: permite ver quién llama desde cualquier lugar de la casa, hablar a través de la puerta, etcétera. Aquí, la puja sigue entre Google (con Google Home) y Amazon (con Alexa), aunque la mayoría de los fabricantes tomó la saludable decisión de darles soporte a ambos.

Samsung se sumó confirmando que todos sus dispositivos de acá en más integrarán a Bixby, su asistente digital, para dar acceso a su servicio de gestión del hogar. Apple sigue dando vueltas con Homekit. No es una moda pasajera ni un mercado menor, y lo que invierten estas empresas en sumar dispositivos compatibles lo demuestra. Es que lograr un usuario en este rubro es un logro a largo plazo, muy contrario al ciclo de iteración anual o bianual de la informática tradicional.

Quienes automatizan las luces de su casa, tienen un reloj despertador al que se le puede hablar y hacer consultas (Lenovo Smart Clock), compran una heladerita que avisa cuando se está acabando la cerveza (Drinkshift), una puertita para mascotas que se abre y cierra a distancia (Petcare), una cerradura con identificación facial (Nest) o la máquina que te dobla la ropa (FoldiMate), querrán esperar unos años, probablemente, antes de volver a pasar por todo el proceso de cambio, instalación y aprendizaje de estos dispositivos.

FlexPai, el teléfono con pantalla plegable de Royole
FlexPai, el teléfono con pantalla plegable de Royole Crédito: GENTILEZA

Así que por unos años quedarán, para bien o para mal, atados a una plataforma. Eso tiene un valor incalculable para Amazon o Google, porque es territorio ganado, y una posible puerta de entrada para vender más productos y servicios por varios años. Es una oportunidad muy difícil de rechazar, como demuestra el interés de miles de empresas para ver cómo le ponen una conexión a internet al producto que sea, tenga sentido y traiga un beneficio (en muchos casos) o no. Es, sin duda, algo que nació como moda, pero que llegó para quedarse.

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