
Un disparo en la oscuridad
Los modos del flash en las cámaras sin rollos, el problema de los ojos rojos y por qué un lamparazo rara vez resuelve las cosas
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Aunque es obvio, solemos olvidarlo: la clave de la fotografía es la iluminación. Las fotos son la marca que deja la luz sobre un material o un dispositivo fotosensible. Sin luz, no hay fotos. Ni buenas ni malas, no hay fotos del todo.
Un fotógrafo profesional sabe aprovechar hasta el último fotón, y eventualmente saca ventaja estética de una mala situación de luz. Pero también cuenta con más y mejores herramientas. Nuestra modesta y tercamente automática cámara digital activará el flash toda vez que su fotómetro le diga que no le alcanza la luz ambiente para sacar una foto dentro de los parámetros aceptables.
Es decir, casi siempre.
No podemos culpar a los que programan la inteligencia artificial de nuestras cámaras. Ellos saben que es mejor una foto mal iluminada por un flashazo, como se dice en la jerga, que una foto perdida.
Lo que debemos hacer es aprender qué hace el flash en cada caso, cuáles son sus modos y qué opciones tenemos cuando sabemos que su uso no nos conviene.
Y todo a toda luz
El flash de nuestra cámara digital tiene esencialmente cuatro modos.
- El clásico lamparazo que intenta (y la mitad de las veces no logra) iluminar la escena por completo.
- El flash de relleno, que se dispara siempre, independientemente de que el fotómetro diga que no hace falta. Se lo emplea para suavizar las sombras fuertes del mediodía, por ejemplo.
- El flash para reducir ojos rojos, cuyo funcionamiento explicaremos enseguida y que no suele tampoco dar un gran resultado.
- Flash apagado. No importa en qué condiciones de luz tomemos la foto, la lámpara no se disparará.
Ojos de conejo
Las personas con ojos rojos y aspecto de zombie son una plaga de la fotografía doméstica. Esto es así porque el flash está casi en línea con el objetivo de la cámara.
El fenómeno de ojos rojos ocurre cuando retratamos a alguien en un ambiente normal o pobremente iluminado. Las pupilas del sujeto están dilatadas, para ver en esas condiciones. Para la cámara, el flash es necesario. Así que lo dispara. Todo ocurre tan rápido que las pupilas de nuestro sujeto no llegan a contraerse y, literalmente, le hacemos un fondo de ojo. Como el cuerpo está lleno de sangre, salen rojos. Todo mal.
Hay dos formas de evitar esto. La primera es mejorar las condiciones de luz, algo que en la práctica no siempre es posible. La otra es usar el flash para evitar ojos rojos, que se dispara dos veces. En una primera instancia, el lamparazo obliga a las pupilas de la persona a contraerse; y antes de que regresen a su estado anterior, dispara el flash principal y toma la foto.
Pero tiene varias contras. No siempre llega a ser luz suficiente para contraer las pupilas y en no pocas ocasiones el retratado cree que el primer disparo sacó la foto y mueve la cabeza o pestañea.
Sería ideal que el flash estuviera a un costado o al menos más lejos del objetivo de la cámara, pero lamentablemente las cámaras domésticas no traen conector para flash externo y, así, casi la única salida que queda es apelar al editor de imágenes para borrar los ojos rojos cuando ya tenemos la foto en la computadora.
Iluminación por metro
Los flashes de las cámaras digitales pueden iluminar hasta más o menos tres metros, no más. Pero, si como en la foto A, el ambiente es muy grande y las paredes se encuentran lejos, la cantidad de luz rebotada será poca y, aunque estemos cerca del sujeto, la foto saldrá oscura.





