Un par de trucos para detectar noticias falsas y deep fakes

Ariel Torres
Ariel Torres LA NACION
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19 de octubre de 2019  • 00:14

Como saben, existe una genuina preocupación por las noticias falsas y los deep fakes ( videos falsos). Pues bien, hay un par de trucos que me gustaría compartir aquí. Parecen algo demasiado sencillo, pero están en la raíz de estas patologías de la información y por lo tanto funcionan muy bien para desactivar estas bombas antes de viralizarlas o de, simplemente, creerlas. Antes de eso, si tienen un rato, lean este esclarecedor artículo que el criptógafo estadounidense Bruce Schneier publicó en 2018 sobre las democracias y las noticias falsas.

Un cero a la izquierda

El primer truco tiene que ver con la forma en que funcionan las computadoras. Mientras nosotros podemos darnos el lujo de usar el sistema numérico decimal, con el que es posible representar números muy grandes con pocos dígitos, las máquinas solo comprenden el uno y el cero. La buena noticia es que les da lo mismo que la cantidad de dígitos resulte enorme. Para ellas, en el fondo, ni siquiera son unos y ceros, sino cargas y señales eléctricas que nosotros interpretamos como unos y ceros.

Lo que se deduce de esto es que todo lo que ves en la pantalla es una ilusión. Es más, el pecado original de todas estas tecnologías (y eso incluye todos los servicios de Internet, la Internet de las Cosas, la inteligencia artificial y tu smartphone, entre otros) es que incluso lo que es verdadero constituye una ilusión. Debajo, solo hay unos y ceros. Las máquinas prescinden, asimismo, del papel, el acetato, el vinilo o cualquier otro soporte analógico.

Manipular unos y ceros siempre fue posible, pero ahora es cada vez más fácil. Al manipularlos, se altera la ilusión que vemos en las pantallas, y lo falso pasa sin fisuras por algo verdadero. Viceversa, antes de las computadoras, estas alteraciones eran muy engorrosas. Una anécdota de mis épocas de fotógrafo aclarará esta situación.

A los 18 años conseguí una suerte de pasantía en un medio local. Por supuesto, hice pocas fotos y mucho laboratorio, que suele ser más aburrido que el trabajo en el terreno. Una de las tareas que me asignaron (¿están sentados?) fue la de recortar fotos de pelotas de fútbol. Sé que suena raro. Pero cada domingo me pasaba un par de horas recortando balones de fotos de partidos de fútbol. Tenía que elegir de diferentes tamaños e iluminadas desde todos los ángulos posibles. Estoy bien, tranquilos, no estoy sufriendo alguna clase de brote. Esta historia es 100% cierta. Ahora, ¿para qué se usaban esos recortes de pelotas de fútbol?

Bueno, la cuestión es que a la velocidad a la que se juega el fútbol y con las limitaciones de los equipos de aquella época, muchas fotos de goles épicos salían con la pelota fuera del cuadro. Entonces el editor iba a la cajita llena de recortes, elegía una pelota del tamaño e iluminación correctos, y la pegaba en el retrato del gol. ¿No es lindo?

Puede sonar inocente, dadas las circunstancias, y bastante inofensivo. Pero era una forma de modificar la realidad que me parecía insana. Al día siguiente, pensaba, cientos de miles de lectores creerán en una imagen que ha sido alterada para aumentar su dramatismo o su carga emocional. Era algo así como un Photoshop analógico, a pura tijera y buen pulso.

Hoy una foto o un video son una colección de unos y ceros. Como para los humanos no tiene mucho sentido mostrar unos y ceros, el primer paso es transformarlos en algo comprensible. Así que, incluso cuando no haya ninguna manipulación, en la era digital (la era de los dígitos; los franceses dicen numérique) todo lo que vemos y oímos en las computadoras, celulares e Internet es el resultado de una transformación.

Este es el primer truco mental que tenemos que incorporar. Nuestra mente ve una foto y cree que es una foto de algo real. En general, ese supuesto puede verificarse; sacamos una foto y de inmediato vemos en la pantalla algo que sabemos que es real. Pero, dicho esto, me gustaría recordar que durante los 13 años del reinado de Windows XP, el sistema arrancaba con una imagen, llamada Bliss, donde se veía una colina idílica y un cielo precioso. Esa imagen era la manipulación de una foto tomada por Charles O'Rear.

Mi punto de vista

El segundo truco es mental. Tiene que ver con el punto de vista. Toda foto y todo video son grabados por alguien. Alguien, además, los sube a Internet. Por lo tanto, si aparece una foto oficial de un candidato con un textual que proclama alguna burrada, eso puede significar una de dos: o la oficina de prensa de ese candidato no sirve para nada o es una fake news. Diría que en el 99% de los casos se trata de lo segundo. OK; hagamos 95 por ciento.

Lo mismo ocurre con las deep fakes. ¿En serio ningún asesor le sugirió al candidato que ese video era extremadamente inconveniente? Raro. Muy raro. Demasiado raro.

En esta sección tenemos, claro, el hecho de que vivimos en un mundo donde hay cámaras o micrófonos todo el tiempo. Es más difícil lidiar con estos escenarios, pero no imposible, precisamente porque estamos rodeados de cámaras. Si el candidato, el actor, la celebrity o el deportista famoso aparecen diciendo públicamente alguna barbaridad, no debería ser imposible contrastarlo con otros registros de ese mismo acto.

Es de verdad complicado asumir el hecho de que las fotos y los videos siempre tienen detrás a una persona. Pero en cuanto nos ponemos en su lugar, el registro que hasta ese momento parecía una bomba noticiosa empieza a perder verosimilitud. Por supuesto, el trabajo de un periodista es verificar si un dato (esa foto, ese video) es cierto o no. Pero dedica todo su día a dicha tarea y le pagan por hacerlo. El que crea noticias falsas y deep fakes cuenta con que el resto de las personas no tienen (como mínimo) el tiempo para andar verificándolo todo. Pero si al menos logramos incorporar el hecho de que ya no hace falta recortar pelotitas de fútbol y que las fotos y videos no se producen y se publican solos, tal vez dejemos de ser terreno fértil para los que vandalizan la información.

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