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Portando mosquetones, arneses, cuerdas y grampones abandonamos el refugio Nunatak bajo los auspicios de un cóndor lejano para desembocar en una extensa turbera de varios metros de profundidad (crecen a razón de 1 mm por año). Avanzamos con lentitud, saltando de un bloque verdiamarillo a otro para no hundirnos en el suelo muelle que se estremece a cada paso (no en vano las llaman tremedales). De nuevo en tierra firme, cambiamos las botas de goma por las de trekking y nos internamos a marcha rápida en un bosque de lengas, coihues y ñires ("zorro" en mapuche, porque gustan de esconderse debajo), sorteando y saltando árboles caídos que el viento antártico arrancó de cuajo. El paisaje cambia abruptamente cuando el frondoso claroscuro converge en un antiguo circo glaciario enmarcado por tres cerros: Bonete (1.120 msnm), Pelado (930 msnm) y Domo Blanco (1.200 msnm) con su corona de nieves eternas. Orillando el serpenteante río Esmeralda nos topamos con la laguna homónima, un inmenso espejo de agua verde que bordeamos hasta llegar al límite de la vegetación, a unos 600 metros de altura. Hasta aquí hemos andado casi sin parar... y es aquí donde la mayoría desiste y emprende el regreso. A partir de ahora habrá que trepar y escalar: primero por un pedregal, hasta que la laguna se transforme en un punto lejano allá abajo, y luego rodeando las Paredes Naranjas (que son exactamente de ese color) hasta alcanzar el hielo milenario del Ojo del Albino a 980 msnm. El ascenso no es fácil, pero no vamos a abandonar ahora: los últimos tramos son tan empinados que se tiene la sensación de andar con el cuerpo pegado al suelo como lagartija (aunque Matías insiste en que nos paremos en firme perpendicular). Cuando por fin asomamos la cabeza en la cima dan ganas de gritar "¡Tierra!". Pero enmudecemos de asombro. El glaciar es furiosamente azul, majestuosamente blanco: una inmensidad cuyo sector transitable recorremos en fila india asegurados por cuerdas, aprendiendo a identificar y eludir grietas. A nuestro alrededor, picos oscuros y afilados se yerguen como guardando un misterio. El descenso será un memorable, zigzagueante y risueño culopatín por la nieve albina. Y la noche nos encontrará recuperando fuerzas en el nuevo restaurante Küar, de Leandro Antón, con sus dos platos estrella: centolla a la parmesana y ravioles negros de salmón.
Antartur
25 de Mayo 296.
T: (02901) 43-0329./ C: (02901) 15 48-9632 / info@antartur.com.ar / www.antartur.com.ar
Trekking de exigencia alta (promedio 8 horas) hacia el glaciar Ojo de Albino. El tour incluye traslados, equipos, vianda para el almuerzo y tentempié.
Por Teresa Arijón. Nota publicada en marzo de 2015.

