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A cada barrio antiguo le toca una suerte diferente. Están los que son ocupados por nuevos inmigrantes, los que son demolidos y se llenan de edificios, los que caen en el abandono y los elegidos por los artistas. Estos, para mí, son los que tienen más suerte, como el Soho en New York, el Born y Gracia en Barcelona, Palermo en Buenos Aires y el barrio Italia en Santiago, por citar algunos ejemplos. Y en esa necesidad de compararlo todo con lo nuestro, hay que decir que estos dos últimos se parecen bastante, en aspecto, historia y probablemente en futuro. Ambos fueron territorio de chacras y quintas en el siglo XIX, a principios del XX se construyeron varios caserones de estilo, 50 años más tarde se mudaron las familias burguesas, el barrio fue luego decayendo y se llenó de talleres mecánicos, hasta que por fin llegaron los vanguardistas, quienes encontraron en esas cuadras arboladas y de casas bajas, mucho espacio por poca plata.
¿Dónde queda?
Lo delimitan las calles Bilbao, Sucre, Bustamante y Román Díaz, todas residenciales, con casas que van del estilo arquitectónico neogótico al Tudor. El barrio Italia de hoy en día es el Palermo de hace doce o trece años. Está empezando. La mayoría de los locales se instalaron después del 2010. Aquí los verdaderos precursores fueron los restauradores de muebles, que pusieron el ojo en lo que vidrieros, cartoneros y junta cosas de la calle Caupolicán tenían ahí, medio abandonado. De a poco, los cachivaches comenzaron a llamar la atención y los recolectores percibieron que restaurar lo que encontraban era un buen negocio.
Algunos lo recibieron con alegría, pero otros no tanto. Tito, que está en la calle Caupolicán desde los años 80, es hijo de Héctor Lamur, dirigente del gremio de la calle, y se queja porque "de diez lucas, el alquiler pasó a cien mil". En cambio, otro restaurador de la misma calle, Cristian Arismendi, cuya familia está hace 50 años en el barrio, dice que el movimiento que trajeron las nuevas tiendas lo beneficia a él también. Las opiniones son tan variadas como los muebles y objetos que se apilan a lo largo de la cuadra y que al final del día serán guardados, si no vendidos, en las mismas bodegas profundas y ordenadas como un Tetris, que empezaron a llenarse cinco décadas atrás.
Más antiguo todavía es el almacén que está en Caupolicán 474, con sus mostradores de madera y un balanza blanca que debe tener casi un siglo. Como este local, todavía perduran ferreterías, sastrerías, panaderías, y lugares emblemáticos como el Bar de René, donde sirven las mejores piscolas de Santiago, o la "fuente de soda" ?bar donde venden comida? Rapa Nui, ambos lugares que congregan desde siempre artistas, escritores, periodistas, bohemios y amigos a los que les gusta tomar, como a casi todos los chilenos.
La modernidad se concentra en la Avenida Italia, entre Caupolicán y Marín. Area Design es un mundo de muebles de todos los estilos que resaltan sobre el piso en damero; a metros está The Popular Design, especializado en muebles retro, de los años 30, 40 y 50. Hay reproducciones de sillas del italoamericano Harry Bertoia, réplicas del diseñador danés Hans Wegner y muebles de la firma Organic Modernism, de Brooklyn, entre otros cientos de objetos altamente deseables.
Lo primero que hay que hacer para ordenarse en el barrio es conseguir un mapa como esos de Palermo (tiene su versión on-line en www.barrioitalia.cl), donde aparece la mayoría de las tiendas que hay por la zona. Al medio centenar de propuestas de diseño y decoración, se suman las de indumentaria, entre las que figuran las marcas de origen palermitano Lupe, Felix y Ay Not Dead ubicadas en las calles Salvador y Santa Isabel.
Donde todo empezó
El recorrido comienza en una esquina fundacional: Av. Italia y Bilbao, donde está el Teatro Italia, edificio construido en 1936 por Marco Girardi, que funcionó hasta 1980 y luego se transformó en un salón de fiestas. Al lado está la antigua fábrica de sombreros Girardi, de 1904, que hoy es un espacio para eventos culturales. Tanto el teatro como la fábrica entrarán en reformas y se estima que en 2014 se inaugurará la Factoría Italia, un centro cultural y de diseño que va a mantener el estilo original de la construcción, con 4.800 m2 destinados a espacios públicos, como terrazas y un gran patio central.
Mientras el proyecto de la factoría no se materializa, el restaurante itinerante La Jardín, que ocupa un terreno cedido por los Girardi, sigue con vida. Todo empezó en Londres, cuando el artista británico Tony Hornecker inventó The Pale Blue Door, "una instalación artística y restaurante itinerante sumamente efímero que ha ido moviéndose durante tres años y medio a la manera de una caravana gitana", explica Cristobal Muhr, uno de los socios chilenos que acompaña a Tony desde el comienzo de esta aventura que ya pasó por Berlín, Glastonbury, una mansión deshabitada en San Telmo, Buenos Aires, y Valparaíso, donde montaron el restaurante entre unos trenes abandonados. El lugar, armado con muebles encontrados en los alrededores, tiene hasta un cine al aire libre. Se hacen talleres de cultivo vertical, compost, lumbricultura y otras actividades relacionadas con la jardinería y el reciclaje. El menú, que se va modificando según lo que sale de la huerta, incluye platos como panqueque de tinta de calamar relleno con picante de camarones y salsa de rocoto ?un ají muy picante-, timbal de quinoa con camarones y palta acompañado de mix de hojas verdes, con limonada fresca. De postre, crêpe con Nutella, acompañada de helado de berries. Imprescindible reservar.
ABRAXAS
Sebastián Gutiérrez es pintor y en 2011, después de un viaje a Europa, se cansó de no poder acceder al circuito artístico tradicional y decidió apostar por una galería propia, donde además de mostrar su trabajo pudiera exhibir las obras de otros artistas emergentes. El proyecto incluye una librería de arte bien completa ?Sebastián viene de una familia de libreros tradicional de Santiago, la Librería Chilena? y asegura que en su galería están los libros de arte más baratos de toda la ciudad. La casa donde está Abraxas era del actor y ex diputado Álvaro Escobar, quien tiene allí el Teatro de la Aurora. También hay un local donde leen el tarot ?allí le dijeron a Álvaro que se haría famoso y entraría en la política? y desde este mes abrirá un café-restaurante.
Tiendas Comunitarias
Si uno pasa rápido por el barrio, puede que no perciba la cantidad de cosas que hay puertas adentro. Las antiguas casas alargadas se transformaron en galerías con mucho vidrio, madera y baldosas antiguas, donde varias tiendas comparten el espacio. Una de las primeras es la galería Italier, en Av. Italia 1152. Ahí están Vicho, con diseño para niños; Kimmidoll, casa dedicada a las muñecas japonesas Kokeshi; el estudio Contexto, enfocado en el diseño sustentable, con venta de mantas de apego, como se llama a las pieles de ovejas naturales de la región de Magallanes, con que las mujeres se cubren la panza durante el embarazo para que se impregne de su olor y luego sirve como soporte para colocar a las "guaguas" (bebés), porque les da tranquilidad reconocer el olor materno.
También hay hieleras con un oso polar en el fondo, y cuando el hielo se derrite, el oso queda bajo agua. O relojes de la marca italiana WeWood, de madera reciclada, que por cada reloj fabricado planta un árbol. La tercera participante de esta tienda compartida es Linda Luisa, de la paisajista Cecilia Valcarce Oliva, que se puso a hacer accesorios con piedras cuando tuvo hijos y no paró más.
Café Survenir está al fondo de otra casona-galería, con mesas en un jardín y una fuente donde el agua cae, bien zen, con sonidos de relax. Durante el verano, es un must pedir café helado, un chai ?té? de la India y acompañar todo con una Küchen ?torta? de manzana. En una mesa cercana, una joven chilena conversa en perfecto francés; en otra, dos ingleses; también una pareja de argentinos se dan cita aquí, en el corazón del barrio más "boutique" de Santiago.
Mangia che ti fa bene
En un barrio con ese nombre, la comida tiene que ocupar un lugar preponderante. Y así lo hace. Con más de dos décadas en la esquina de Avenida Italia y Sucre, Ristorante Da Noi es en realidad una trattoria, como le gusta aclarar a don Mario San Martín, mozo diligente y conocedor de la cocina italiana, que enseguida coloca en la mesa pan casero y una salsa bolognesa que hace revolear los ojos de tan buena. Sólo hay pastas frescas y caseras, al igual que las salsas, que son sugeridas de acuerdo al plato que se pida. Mario recomienda los agnolotti Da Noi, fina masa de tinta de calamar de carne de jaiba y ricotta, con salsa Alfredo, salsa blanca, crema y jamón. Y aunque el plato es gigante, queda limpito, lustrado con pan.
Casaluz pertenece a la nueva saga gastronómica. Abrió el 28 de diciembre de 2012 y ya recibió el premio Mejor Restaurante Revelación del año, y Mejor Chef, por el diario El Mercurio. El chef es Pablo Heiremans. Después de vivir siete años en Barcelona, se trajo recetas catalanas y abrió junto a su padre, Oscar, este local de 300 m2, donde antes funcionaba De Cangrejo a Conejo, restaurante fundacional del barrio Italia. El lugar fue totalmente remodelado y la decoración, sobria y elegante, estuvo a cargo de las esposas de padre e hijo. El fuerte son las tapas, con una buena variedad de mariscos, como las de pulpo a la parrilla o el salteado de calamares con hongos y espárragos. Entre los platos, se destaca la entraña a la parrilla, risotto de mote con calabaza, queso de cabra y chimichurri.
Franco De Berardinis es romano y hace un año que inauguró Capperi!, así, con signo de exclamación, aunque la palabra significa alcaparras, en Italia se usa como una exclamación de asombro. Mientras cuenta esto, Franco saluda a tres jóvenes que atraviesan el salón para ir a sentarse en una mesa del patio. Almorzaron allí al mediodía y ahora vuelven a cenar. Capperi! es uno de esos lugares en los que no se coloca queso rallado en la mesa, ni aceite de oliva o aceto balsámico. La comida es buena como sale de la cocina, y si Franco llega a ver a alguien colocando queso a unos fetuccini con salsa de mariscos, es capaz de ir a retirarle el plato. En Italia era gerente de un banco; se jubiló, estudió gastronomía con Maurizio Capodicasa, campeón del mundo de pizza, y por fin pudo hacer lo que siempre le gustó: cocinar y crear platos, como los espirales de zapallo italiano, jamón ahumado y queso mantecoso, o la pizza "sorpresa": una blanca, con mozzarella, camarones, choclo, aceitunas negras y rúcula.
Por Ana Schlimonoich. Nota publicada en revista Lugares 205.

