Brasil al natural: 5 parques imperdibles

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18 de diciembre de 2009  • 00:00
Chapada dos Guimarães

A 69 km de Cuiabá, estado de Mato Grosso.

Emblema del "cerrado" brasileño, las enormes formaciones rocosas de arenisca dan lugar a una suerte de miradores que balconean sobre una amplia planicie donde el agua hace de las suyas. Cascadas, zonas pantanosas y un paisaje en continuo cambio debido a las variaciones de altitud y a la generosa hidrografía forman este singular ecosistema.

La zona es ideal para los fanáticos del ecoturismo, ávidos de emprender largas caminatas. La mejor época para llegar al Parque es en verano, cuando uno se puede bañar en los saltos de agua y la vista desde lo alto es única. El salto Velo de Novia es un highlight del lugar, se trata de una bellísima cascada de 86 metros que constituye la postal más difundida del estado de Mato Grosso. Además, merece una visita el Circuito de las Cascadas -recomendado para amantes del treeking- y la Ciudad de Piedra, un sitio panorámico cuyo acceso se simplifica si contrata una excursión, ya que el camino tiene sus dificultades.

 

Aparados da Serra

A 222 km de Porto Alegre

La gran estrella de las 10.250 hectáreas es Itaimbezinho, un gran cañón de piedra roja de más de 7oo metros de altura coronado por araucarias centenarias que se extiende a lo largo de 7 km. Desde lo alto, la visión es impresionante: abajo el río aparece minúsculo y sobre él caen numerosas cascadas que se descuelgan por los paredones.

Ubicado entre los estados de Río Grande do Sul y Santa Catarina, se puede visitar todo el año, pero en verano las temperaturas son más templadas. En invierno, en cambio, la media no supera los 10ºC y puede bajar hasta -8ºC.

Los senderos clásicos son dos, ambos autoguiados y de baja exigencia física: la Trilha do Cotovelo que concluye en el Itaimbezinho y la Trilha do Vértice, que además llega hasta la cascada Das Andorinhas.

Abre de miércoles a domingos de 9 a 17 y no tiene infraestructura para dormir. El centro de servicios más cercano es Cambará do Sul, a unos 20 km.

 

Chapada Diamantina

A 425 km de Salvador, Bahía.

Conocer bien este Parque supone al menos una semana: se trata de una superficie enorme, colmada de senderos, grutas, cascadas y quebradas increíbles. La localidad que sirve de base es Lençois, una pequeña joyita con calles empedradas y casas antiguas, que datan de los tiempos de los garimpeiros que hicieron explotación intensiva de diamantes en toda la zona. No se pierda las cachoeiras do Buracão (85 m) y da Fumaça (380 m), ni la visita al Poço Encantado, una caverna de agua transparente que gana tonalidades azuladas cuando entra el sol. Sucede exactamente de abril a septiembre, entre las 10:30 y las 12:30. Por más que se muera de ganas, sepa que está prohibido nadar.

Llegar al Vale do Capão o Vale do Paty requiere 5 días. Son 70 km de trekking por una sucesión de morros y plataformas, con noches en carpa o en refugios de nativos, y el premio de magníficos cielos coronados de estrellas.

 

Chapada dos Veadeiros

A 229 km de Brasilia.

Ubicado en el estado Goiás, es un destino para los viajeros de espíritu místico y esotérico, que consideran a este lugar como el corazón magnético de Brasil: abundan las construcciones piramidales, que convocan buenas ondas y energías positivas. Es, también, un paraje preferido por los amantes de la naturaleza en estado puro.

Cascadas, ríos y piscinas naturales rodeados de altísimos cañadones de roca dan forma a esta increíble geografía donde se alternan bosques y pastizales abiertos, domicilio de una rica vida animal. Tapires, lobos-guarás, ñandúes, venados, raposinhas (una variedad de zorro pequeño), jaguares, armadillos y un gran número de aves son algunos de los habitantes de este curioso ecosistema.

Al sitio sólo se puede acceder con guías autorizados que se contratan en Alto Paraíso de Goiás o en São Jorge, las localidades más cercanas.



En el Parque hay dos senderos habilitados. Está abierto todo el año, aunque los saltos de agua disminuyen su caudal entre los meses de abril y septiembre.

 

Lençóis Maranhenses

A 265 km de São Luís.

Para conocer este Parque Nacional es preciso contar con información: su mayor atractivo se deja ver sólo de julio a septiembre, y únicamente desde el aire. No hay otra manera de apreciar la gigantesca área de dunas y lagunas que se forma con la lluvia que cae incansablemente de diciembre a mayo. La arena es blanca, blanquísima. Desde la avioneta, esta suerte de desierto tiene el aspecto de un Sahara inundado por un sinfín de espejos de agua cristalina.

Para aproximarse a este fenómeno, es preciso tomar una avioneta en la capital del estado de Maranhão, São Luís, y aterrizar en la localidad más próxima al Parque, la pequeña Barreirinhas, a orillas del río Preguiças. Una vez allí, las jardineiras (una especie de tractor con acoplado) llevan a los viajeros hasta las dunas mismas, permitiéndoles deliciosos baños y pequeños trekkings. Indispensable: toneladas de bloqueador solar, anteojos, sombrero y agua helada porque allí no hay servicios y escasea la sombra.



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