Calingasta, cordillera de aventuras
Este valle sanjuanino es un especialista en sonidos, aromas, colores, texturas y paisajes
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SAN JUAN.- Calingasta es el más cautivante valle entre las montañas de la precordillera y la mole andina. Viajar a ese departamento, incluyendo el distrito Barreal, es una experiencia interesantísima, pues se podrá ver, apreciar y admirar bellezas naturales de superlativa belleza. La entrada al departamento forma un cañón imponente como no hay otro en el país.
Es el departamento más extenso de la provincia, con 24.700 kilómetros cuadrados de superficie y encierra un rico pasado histórico que data mucho antes de la fundación de San Juan de la Frontera.
Las primitivas poblaciones indígenas establecidas en esos valles desarrollaron sus actividades bajo la influencia del imperio inca y posteriormente los conquistadores españoles y los jesuitas, más tarde, establecieron las bases de los distintos pueblos que conforman Calingasta.
El origen de un nombre
La denominación de Calingasta, según la tradición lugareña y algunos historiadores, responde a Calin, jefe o cacique, y gasta, población o nación, con lo que conformamos que era el pueblo de Calin.
Limita con Chile, Mendoza, y los departamentos sanjuaninos de Iglesia, Sarmiento, Zonda y Ullum. Se puede acceder en automóvil, ómnibus, camioneta y hasta se puede llegar vía Mendoza, desde Uspallata.
Desde San Juan se va bordeando el río San Juan y recostados en los contrafuertes del viejo cerro El Tontal, con un particular paisaje de río, ciclo y cerros, alternando con el verde de la variada vegetación circundante.
Pasando el río Sasso, un pequeño afluente que baja del Cerro El Tontal, se llega al Uruguay y desemboca en la isla del Sauce.
A partir de allí, se podrá disfrutar de uno de los tramos más hermosos de esta ruta montañosa, como el paraje Pachaco, a más de 1300 metros de altura sobre el nivel del mar.
Muy cerca está el paraje El Palque, donde existe una capilla en que se conservan los restos de Margarita Lima, una de las antiguas habitantes de Pachaco, cuando allí existían cultivos y huertos, que el río destruyó. Hoy es la virgen de Pachaco.
Un poco de todo
Posteriormente se ingresa a los valles calingastinos, en la confluencia de los ríos Los Patos y Castaño, portadores de los deshielos cordilleranos, que en cientos de arroyos y riachos discurren presurosos en los altos valles, en su afán de traernos su mensaje de vida para tornar el trabajo de San Juan en esperanzadas vendimias.
En Calingasta se puede visitar Villa Corral, El Cordón del Manrique, La Totora, los picos de Ansilta, la Ramada, el Cordón de El Tigre, El Mercedario y hasta el coloso de América, El Aconcagua por la pared norte.
También existen poblaciones pintorescas como Tamberías, Sorocayense, la villa Calingasta y para llegar a Barreal, 45 kilómetros al sur de Calingasta, hay que recorrer unos 180 kilómetros desde esta ciudad.
Desde Barreal se pueden efectuar excursiones y visitas a la finca Los álamos, Pampa del Indio, los picos de Ansilta y Mercedario, Los Morrillos, Arroyo de la Fortuna, Las Caletas, Las Juntas de los ríos de los Patos y Blanco, donde otrora se encontraba la estancia Las Amarillas.
Se puede visitar el curso del río de los Patos; El Breal, donde se verán los verdes paños; Las Hornillas, con una raleada alameda y algunos sauces que sobresalen en el lugar. También está el camino que conduce al refugio Alvarez Condarco, de Gendarmería Nacional.
La historia señala que en esas inmediaciones existe el escenario de la épica hazaña sanmartiniana, para pasar a Chile y liberar el país andino. Allí comienzan los verdes prados, donde se encuentra el famoso vado que traspusieron miles de hombres del Ejército Libertador de Los Andes, con todos sus pertrechos y bagajes, durante los últimos días de enero de 1817.
Preparativos libertadores
En ese lugar, tras cruzar el puente San Martín, el Gran Capitán de Los Andes, sus baqueanos y arrieros cordilleranos mantuvieron invernados a la caballada que montaron nuestros granaderos en las cargas de Chacabuco, Cancha Rayada y Maipú. Allí estaban las reservas de víveres y el ganado en pie que alimentó a la comuna que al mando del General José de San Martín pasó la cordillera de los Andes.
Otras propuestas son el refugio que mantiene el Club de Caza y Pesca de San Juan, donde se puede pernoctar o quedarse algunos días. Hay coto de pesca de truchas y salmónidos que el río Blanco le ofrece en abundancia.
Excursión al Paso de los libertadores
Partiendo desde Las Hornillas, subiendo la Cuesta de El Espinacito, a más de 4500 metros sobre el nivel del mar, se llega a Valle Hermoso, por donde cruzó el General José de San Martín con sus 5000 hombres, 9000 mulares, 400 reses y el firme propósito de liberar a Chile y Perú.
Recorrer este camino a lomo de una mula, sentado en una cómoda montura, cruzando arroyos rodeados de pastos verdes, con la imponente montaña como único testigo de aquella epopeya de 1817 es una aventura que se convierte en hazaña.
También se puede efectuar una ascensión al Cerro Mercedario (6770m), desafío máximo para la práctica del montañismo. Se parte desde Barreal en vehículo 4 X 4 hasta El Molle y luego de seis horas de cabalgata, se llega al campamento base, a 3600 metros, en Laguna Blanca, lugar ideal para lograr una buena aclimatación.
En la Pampa del Leoncito el cielo parece más grande
Un lugar de visita imperdible es la Pampa del Leoncito o Barreal Blanco. Esta blanca sabana extendida de sur a norte por 11 kilómetros es uno de los escenarios preferidos para la práctica del carrovelismo que requiere planicies y vientos constantes. Si no tiene carro a vela, puede alquilar uno y experimentar la sensación única de un singular deporte.
Al sur de Barreal Blanco están el cerro El Tontal, el complejo astrográfico El Leoncito, con una estancia donde se puede hospedar y observar las estrellas de noche en el cielo más límpido de América.
Otro atractivo es el cerro El Alcázar, una caprichosa formación de rocas que semejan o recuerdan al famoso Alcázar español, ubicado a la salida de la Villa de Calingasta. Se puede gozar de esa maravilla de la naturaleza; las ruinas de Hilario, donde se puede observar una cabeza de indio, formada por las rocas de ese cerro; cabalgatas o recorridas en auto por Villa Pituil, Tres Esquinas, el río, la romántica calles de los enamorados, el Museo arqueológico de la familia Herrera y los Cerros Colorados para advertir la presencia de los aborígenes del lugar.


