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El aire sopla caliente como si lo produjera un batallón de secadores de pelo. Ese viento deshidratado explica por qué en San Fernando del Valle de Catamarca también rigen la ley de la siesta y la del toco y me voy: la capital es un punto de llegada más que un destino en sí mismo.
La escasa masa turística visita la zona para conocer la Puna, belleza norteña excluida del circuito Salta-Jujuy. Sea por falta de servicios o de promoción, esa condición la convierte en uno de los paisajes áridos menos obvios de estas latitudes. Y si de ella poco se sabe, menos aún de la versión verde de Catamarca.
Para descubrir la geografía de ríos, cañones y selva subtropical de esta tierra donde el sol brilla 300 días al año, hay que viajar hacia San Fernando, epicentro del que parten los caminos hacia los valles.
La provincia está atravesada por cordones montañosos, la red vial es escasa y los caminos van sorteando empinadas cuestas. La recompensa es que desde esas alturas, las vistas son imponentes. Este singular sistema de cuestas, que es el principal atractivo de la versión selvática, es apto para viajeros con espíritu aventurero, camioneta 4x4 y ajenos al vértigo.
Antes de salir a la ruta hay que saber que:
1. En la provincia escasean los servicios, por lo que hay que cargar combustible siempre que se pueda.
2. El tiempo de viaje no se puede calcular de acuerdo a los kilómetros por recorrer: 15 km de cornisa pueden demandar una hora de manejo exigente.
3. Es preferible viajar durante el día y en épocas menos calurosas.
4. Hay que llevar agua, provisiones y abrigo.
5. No se debe subestimar el caudal de los ríos.
6. Avisar siempre qué recorrido se va a realizar y cuándo.
7. Tengan en cuenta que los restaurantes y comercios suelen respetar el horario de la siesta. generalmente cierran de 13 a 16. Los domingos es difícil encontrar comercios abiertos.
Dicho todo esto, empieza el raid:
Cuesta del Portezuelo: Dicen que es una de las rutas más lindas de la Argentina, a la que el folklore le dedicó una célebre zamba; es la que conecta el valle de Catamarca con los departamentos de Ancasti y El Alto. Después de trepar los 25 km de cornisa de la RP 2 y una vez arriba, la geografía se convierte en una meseta que antecede un paisaje insólito. De pronto, en la llanura irrumpen inmensos peñascos, como si una tormenta de meteoritos los hubiese esparcido por doquier. Este escenario de "islas" de piedra, sobre las que crecen árboles enanos, hace pensar en jardines bonsái. ¿Qué ver? Anquincila, Ancasti sede de las cuevas con pinturas rupestres: La Tunita y La Candelaria. Leer más de la Cuesta del Portezuelo.
Cuesta de Piedras Blancas: Piedras Blancas es la cuesta que sale de la capital y pasa por la villa veraniega de El Rodeo, donde descansan los catamarqueños con plata. El circuito avanza por Las Juntas y toma la RP 1 que pasa por La Puerta y el Dique Las Pirquitas, desde donde se regresa a Catamarca ciudad. Un poco más adelante del cacerío Piedras Blancas está Chamorro, un paraje verdísimo junto al río Guayumil donde hay una sola casa, con camping, terneros y sauces llorones. En Los Varela, con su placita con juegos y la capilla de Nuestra Señora de La Merced, se puede optar por completar el circuito vía Las Pirquitas, o seguir adelante y sumar la Cuesta de Balcozna como bonus. Leer más de la Cuesta de Piedras Blancas.
Hacia el Pucará de Aconquija: El primer tramo de la RP 1 es de tierra y avanza junto al río del Singuil. Las laderas aparecen cubiertas por apretadas comunidades de algarrobos, alisos y helechos. Pero todo lo que empieza, termina. El camino hacia el Pucará es tan seco que provoca sed. Hay arena para construir decenas de castillos pero también pequeños ciclones, flacos y altísimos, que los amenazan cuando el valle está caliente.
A medida que la camioneta se acerca a la sierra de Aconquija se distingue la pirca del Pucará, que surca las laderas como una Muralla China en miniatura. Es un sendero de herradura que en 1998, fue declarado Monumento Histórico Nacional. En la cumbre aplanada del cerro del Pucará, a los 300 metros, se despliega la fortaleza incaica con dos mil metros de largo y un ancho máximo de mil metros. Circundada por murallas construidas con piedra canteada, ofrece vistas espectaculares del nevado de Aconquija, la cadena del Manchao y la Sierra de Narváez.
Es fundamental ir con un guía, agua, pic nic y buen calzado. Si el plan es seguir hacia Andalgalá por la cuesta de la Chilca, no esperen a que baje el sol: los paisajes merecen luz y el estado del camino, también.
Por La Chilca hacia Andalgalá: El camino de cornisa es tan angosto que, por momentos, el giro de la camioneta no es suficiente y hay que dar marcha atrás. Ya en Andalgalá, segunda ciudad más poblada de Catamarca con 11.400 habitantes en la que la minería dividió la opinión de la población, hace calor y la plaza parece un gran bar a cielo abierto, llena de mesitas donde la gente ve a la gente hasta la madrugada.
Cuesta Capillitas: Por la RP 47 para se encara hacia la cuesta de Capillitas que une Andalgalá con Santa María. La cuesta comienza en Choya, zona membrillera donde se formó una cooperativa de mujeres dulceras. Allí comienzan los más de 60 km de recorrido de este camino de ripio que trepa hasta los 3.100 metros. Con curvas más abiertas, Capillitas es menos peligrosa que La Chilca. Quienes la transiten, sepan que el celular se vuelve cadáver en el Km 33. Leer más de Cuesta Capillitas
A Belén por el Campo de Pozuelos: Donde termina Minas Capillitas comienza Campo Arenal o de los Pozuelos. La ruta, de ripio, se abre camino por el desierto de cardones que es intransitable en verano, cuando sus ríos reciben el agua que carga la sierra de Aconquija. Al final la RN 40 y la primera parada es en Hualfín. Colorado cuando hay sol, su paisaje fue escenario de las guerras más sangrientas entre diaguitas y españoles.Allí hay que visitar la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, construida en 1770. Es la segunda capilla más antigua de Catamarca y fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1967. Una vez en Belén,una de las cunas del poncho probar el jigote en el restaurante del Hotel Belén. Leer más sobre Belén.
Destino final, Londres: A 15 km de Belén, en este Londres se habla español y no suenan los Beatles Aquí el principal atractivo son las ruinas del Shincal, ciudad que formó parte del Camino del Inca, nervio de comunicación entre el Cuzco y los actuales territorios de Argentina, Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador y Perú. Fue el arqueólogo Adán Quiroga quien avistó las ruinas entre un bosque de shinqui (aŕbol típico de la región), y el doctor Rodolfo Raffino quien, posteriormente la investigó. En esta capital del imperio sur de los incas vivieron cerca de 800 personas hasta la llegada de los españoles, que terminaron por desarticular a los rebeldes diaguitas descuartizando a su líder, el bravo cacique Juan Chelemín, en la Plaza de Armas del Shincal.
Para compensar este histórico trago amargo, pare en la Finca San Isidro, territorio dominado por unos dos mil frutales camino al sitio arqueológico. Su propietario Bernardo Isidro Sanduay lo tentará con los dulces que allí elabora y, eventualmente, con un chivito asado para devorar al aire libre. La única condición es avisar con tiempo.
Mirá el recorrido en el mapa y si para más información acerca de dónde comer, dormir, qué hacer y más hacé click acá.
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Por Connie Llompart Laigle.Extracto de la nota publicada en revista Lugares nº 202. Nota publicada en enero de 2014.





