Cómo cruzar la calle y no morir en el intento
Bocinazos y un caos en el tránsito
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EL CAIRO.- Lo primero que llama la atención al llegar a esta ciudad es el tránsito. Poner un pie en la calle es comenzar a escuchar una orquesta de bocinazos sin fin y subirse a un vehículo, enredarse en un nudo difícil de desatar.
Ni ellos mismos pueden explicar por qué. Pero lo cierto es que cada 20 metros se cuelgan de la bocina. Siempre hay alguien a quien tocarle: el auto de adelante que frena de golpe, el del costado que se olvida que la materia es impenetrable o a algún peatón muy distraído. Y si no hay motivos, se inventan, pero cuando conducen, tocar bocina es tan imprescindible como ponerle nafta al auto. Las peripecias con el tránsito no terminan acá. El turismo de aventura, tan de moda en estos tiempos, tiene su variante urbana en El Cairo. No en las afueras de la ciudad y tampoco en el desierto, sino en pleno centro. El gran desafío es cruzar las calles sin morir -literalmente- en el intento.
A toda velocidad
Prácticamente en la ciudad no hay semáforos y los pocos que se ven parecen de adorno o, mejor dicho, tienen otro significado: el rojo es para pasar; el amarillo, para acelerar y el verde, para correr, según los comentarios de los propios egipcios, que se ríen de la situación.
Para los locales es algo cotidiano y actúan en consecuencia. Casi sin mirar se mandan y, mezclándose entre los autos que pasan a mil, llegan sanitos hasta la vereda opuesta.
Pero para los turistas, más inexpertos en estas aventuras, el trámite se complica. Esperar hasta que no venga nadie es imposible; muchos de los 16 millones de habitantes de la ciudad parece que usan demasiado el auto... y a toda hora.
Por eso hay que tomar valor, inspirar profundo, encomendarse a Dios y salir corriendo como para ganar la carrera de los 100 metros llanos.
Después de enfrentar la tercera esquina y demorar casi una hora en cada cordón, se encuentra la solución: tomar un taxi y asunto terminado.



