María José de Benedetti, viajera, compartió con Lugares su viaje a Malta. La isla en el sur de Italia, en el centro del Mediterráneo, en donde conviven historia y playas de película la deslumbró. Te compartimos la nota publicada en la revista de abril.
1 minuto de lectura'

Llegué a la isla de Malta en avión desde Londres y, al aterrizar, el piloto nos dio la bienvenida en maltés. Es una de las lenguas oficiales del archipiélago de Malta, que se compone de varias islas –Malta es la principal, junto con Gozo y Comino–, un idioma inentendible, con reminiscencias árabes e italianas.
En el aeropuerto de Luqa tomé un bus que me llevó hasta la parada Exiles, en la zona de Sliema. A lo largo del recorrido, me sumergí en el paisaje y atravesé distintas poblaciones donde abundan construcciones de piedra, edificios derrumbados de color sepia y casi nada de vegetación. Malta tiene impresa la huella de distintas culturas, reflejo de los distintos países que la gobernaron hasta 1964, cuando se independizó, como Italia y Reino Unido. Desde 2004 forma parte de la Unión Europea y su moneda es el euro.
La primera impresión que tuve de Malta fue de una extrema aridez, hasta que el camino llegó a la costa y desplegó todo el azul del Mediterráneo. A medida que iba llegando a destino, la arquitectura se modificaba y las casas antiguas se fundían con grandes hoteles y toda la parafernalia para recibir turistas.
Tras una hora de viaje, paré en un hostel de dueños italianos y huéspedes de distintas nacionalidades que llegaban a la isla de intercambio, para estudiar inglés. Vale aclarar que Sliema es una zona donde se entremezclan estudiantes y turistas, con muchas playas, y su lugar de mayor movimiento es el puerto. Porque Malta también se recorre por el agua. El puerto de Sliema es un hormiguero y es el nexo con todos los puntos turísticos de las islas. Veleros, yates, canoas y lanchas cargan y descargan viajeros hacia todos estos destinos soñados.
Para movilizarse en y entre las islas hay varias líneas de buses, taxis y barcos. También se pueden alquilar autos o motos, pero con cuidado, porque se maneja por la izquierda al estilo inglés, uno de los legados del largo período en que Malta fue colonia británica. Otro legado es el idioma: si bien el maltés es el principal, todo el mundo habla inglés y casi todos italiano.
Sliema, aire de mar
Una vez instalada, salí a recorrer la costanera de Sliema. A lo largo del paseo hay accesos a algunas playas, piletas naturales y otros atractivos, como la estatua de un gato gigante. Caminar sin rumbo por las callecitas internas lleva a encontrar los balcones y puertas de distintos colores –rojos, verdes, azules y amarillos– que caracterizan a la arquitectura maltesa.

La costanera desemboca directamente en el puerto y es el mejor lugar para informarse acerca de las actividades que se pueden hacer en las islas. Todas las mañanas salen desde ahí decenas de embarcaciones. Frente al puerto hay una gran zona comercial con locales de marcas internacionales, hoteles y restaurantes. Pero, sin dudas, la mayor oferta culinaria se encuentra en la bahía de San Julián. Por las noches, la bahía ofrece una variedad que abarca desde comida al paso, trattorias italianas y opciones de carnes grilladas, hasta la mejor calidad de pescado fresco en alguna terraza a la luz de la luna. Si después de comer quedan ganas de ir a tomar algo o de bailar, hay que caminar unas calles más hasta la zona de Paceville, el rincón de los bares y discos, donde todas las noches hay música y fiestas hasta el amanecer.
Comino y su laguna azul
Al día siguiente fui hasta la terminal de ferries norte para cruzar a la isla de Comino. Esta isla es conocida por la Blue Lagoon, una pileta natural de agua turquesa y templada. Lo ideal es llegar temprano porque en temporada de verano se llena de barcos y gente y resulta difícil encontrar un lugar libre para relajarse a disfrutar.
En Comino hay puestos de comida, alquiler de sombrillas y tiendas de souvenirs, además de paisajes descomunales. El agua invita a nadar todo el día, por lo que resulta indispensable llevar antiparras para apreciar la belleza submarina. Cruzar nadando al islote deshabitado de Cominotto es un desafío obligatorio. Es una isla mínima, con una playa desierta y varios rincones para descubrir. Como en el resto del archipiélago, hay que evitar estar descalzo y conviene llevar un calzado apropiado ya que las playas no suelen ser de arena sino de piedritas pinchosas, y resultan de difícil acceso.
Tras explorar todos los folletos que había recolectado, el segundo día decidí tomar una excursión en un barco pirata que navegaba cerca de las bahías y hacía algunas paradas en las islas. La primera fue nuevamente Comino, pero esta vez aproveché para recorrerla caminando y conocer otros rincones menos poblados. Al dejar atrás la isla, el capitán y su tripulación nos sirvieron el almuerzo mientras navegábamos hacia Gozo. Se trata de una isla más pequeña que la de Malta, pero con paisajes e historias igualmente interesantes. Amarramos en una bahía cercana a la icónica blue window o ventana azul, una espectacular formación rocosa con forma de arco sobre el mar (N de la R: a días de imprimir esta edición se derrumbó esta maravilla natural de piedra caliza, para el lamento de los malteses) e hicimos snorkel en unas cuevas de agua transparente.
La Valeta, ciudad capital
El último día crucé en ferry desde el puerto de Sliema hacia la ciudad amurallada de La Valeta, capital de Malta y Patrimonio de la Humanidad. Es la manera más rápida de llegar porque, si bien queda en la misma isla, se encuentra en una península y el camino por tierra sería mucho más largo. El viaje en ferry dura quince minutos y los barcos van y vienen todo el día.

La historia de La Valeta se lee en las murallas, los fuertes y las decenas de iglesias que hay en la ciudad. Perderse en la ciudad es la mejor manera de conocerla, dejarse llevar por su música y sus aromas. Desde el puerto se accede caminando a las callecitas más antiguas y el mayor encanto está en esos rincones donde el tiempo se detuvo.
República (Triq ir-Repubblika) es la calle principal y donde se concentran los edificios más representativos. Es una peatonal que recorre desde el fuerte de San Telmo hasta la nueva entrada. La puerta de la ciudad fue recientemente remodelada, al igual que el Parlamento y, a pesar de su arquitectura moderna, no desentonan con el resto de las construcciones. De hecho, son la antesala de un viaje a través del tiempo.

Si querés contactarte con María José: veruka1980@hotmail.com
Nota publicada en abril de 2017.


