Cuesta del Viento, el dique que pinta de turquesa a San Juan
En el norte provincial, San José de Jáchal es el punto de partida para conocer, hacia el oeste, el fotogénico embalse y seguir la ruta de antiguos molinos harineros
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A veces, cuando los astros se alinean, algunos pequeños lugares parecen agigantarse en el mapa. Si ahora les ocurre a El Cóndor y otras localidades patagónicas, que esperan con expectativa el eclipse total de sol del 14 de diciembre, hace un año y medio Jáchal y otros pueblos sanjuaninos también tuvieron su minuto de fama gracias a la posición del sol en el límpido cielo sanjuanino: como nunca antes, sin pandemia de por medio, visitantes de todo el mundo llegaron a este punto preciso de la Argentina, uno de los mejor ubicados en el hemisferio sur para apreciar el eclipse. Pero no hace falta depender de los astros para descubrir que Jáchal está en el corazón de una zona única por historia y por naturaleza. Para quien busque adentrarse en las tradiciones más remotas de la tierra cuyana, pero también para quienes aspiran disfrutar la inmensidad de los paisajes modelados por milenios de erosión, el pueblo merece ingresar al GPS del viajero 2021.
En verdad, Jáchal es un viejo conocido de quienes visitan el Parque Provincial Ischigualasto, o Valle de la Luna, ubicado a unos 160 kilómetros (algo más de dos horas de viaje) hacia el este. Por eso muchos viajeros eligen pernoctar aquí para efectuar la visita temprano al día siguiente, y luego dormir en San Agustín del Valle Fértil, la otra localidad y centro de servicios más cercana a Ischigualasto (donde la modalidad de visita en caravana con el propio vehículo parece ideal para tiempos de pandemia). Por supuesto, el recorrido es reversible y puede hacerse exactamente a la inversa: San Agustín está a unos 65 kilómetros de Ischigualasto, de modo que se puede visitar el parque durante el día y aún tener luz suficiente para disfrutar del tramo escénico de la RN 150 que atraviesa las montañas hacia Jáchal y más allá.
Ese “más allá” es el lugar que vale la pena conocer si se parte de Jáchal hacia el oeste: entonces, el destino sorprendente que San Juan regalará al visitante ya no serán sus áridos relieves rojizos de siluetas caprichosas como el célebre Hongo o el Submarino, con los pliegues calcáreos donde se esconden las huellas de dinosaurios, sino el impactante dique Cuesta del Viento. El embalse, de sorprendentes aguas color turquesa, está a solo 40 kilómetros de Jáchal y, si se sigue otros 120 kilómetros hacia el oeste, se llegará hacia el paso cordillerano de Agua Negra, por donde se cruza a Chile (a la altura del Valle del Elqui y, sobre la costa, del balneario La Serena).
Por la mañana las aguas del embalse relucen planchadas, invitando a tranquilos paseos en kayak o a salidas de pesca, por la tarde la naturaleza desencadena un impetuoso viento del sudeste y entonces el reloj marca la hora ideal para el windsurf o kitesurf, dos deportes acuáticos con velas impulsadas por la fuerza del viento
Cuesta del Viento se encuentra en el nacimiento del río Jáchal, en la unión del río Blanco y el arroyo Iglesia. Y más allá de sus objetivos energéticos –aquí se generan unos 40 gigavatios/hora y se asegura el riego de miles de hectáreas– la belleza del paisaje lo convierten en uno de los lugares más hermosos e inesperados de San Juan. Dos en uno, por otra parte: porque si por la mañana las aguas del embalse relucen planchadas, invitando a tranquilos paseos en kayak o a salidas de pesca, por la tarde la naturaleza desencadena un impetuoso viento del sudeste y entonces el reloj marca la hora ideal para el windsurf o kitesurf, dos deportes acuáticos con velas impulsadas por la fuerza del viento.
Ruta al pasado
Después de semejante dosis de naturaleza, no hay que olvidar el atractivo histórico de Jáchal, que conserva la huella de los pobladores originarios de estas tierras, entre ellos los huarpes. En torno de la plaza y las calles aledañas se concentran los edificios más antiguos, la iglesia de San José y algunas posadas: pero más allá del encanto pueblerino y la tentación segura de las empanadas sanjuaninas, hay otro tesoro para descubrir en las afueras. Se trata del circuito de los molinos harineros, algunos de ellos de más de dos siglos de antigüedad, que fueron declarados Monumento Histórico Nacional.
Se trata en total de once molinos que funcionaban gracias a la energía hidráulica, y donde se llevaba a cabo la molienda de trigo y alfalfa: solo cuando la cebolla desplazó al trigo los molinos se llamaron a silencio y dejaron de ser protagonistas de la vida diaria para convertirse en piezas de museo, como el de Huaco, que puede visitarse (fue transformado en museo y se realizan moliendas ocasionales). La ruta hasta Huaco es, además, una maravilla panorámica si se toma la RP 49 desde Jáchal. Y si junto con la actividad de los molinos desaparecieron los arrieros que llevan las bolsas de cereal desde el campo hasta la molienda, su huella sigue vive en los versos del poeta sanjuanino Buenaventura Luna: “A tu molino viejo quiero volver / hoy que de amarga vida probé la hiel”.



