1 minuto de lectura'
En 1808, año de llegada de la familia real portuguesa y su corte al Brasil, el entonces Príncipe Don Juan VI creó un jardín de aclimatación de plantas traídas de Oriente en el antiguo Engenho da Lagoa, de Rodrigo de Freitas. El jardín pasó a llamarse Real Horto y, en 1922, con la declaración de la independencia de Brasil, fue abierto al público como Real Jardim Botânico. Su director, el fraile carmelita Leandro de Sacramento, era un erudito en flora brasileña y se encargó de organizar y catalogar las plantas allí cultivadas. Son más de 40 mil ?unas 6.700 especies diferentes? esparcidas en un calmo laberinto. Recorrer la tradicional avenida de palmeras imperiales (algunas tienen 150 años), el magnífico orquidário y el Museo de Medio Ambiente, inaugurado en el 2008, es una revitalizante alternativa para eludir caos urbano y sol. Alrededor del botánico, la exuberante mata atlántica se entrevera con caserones preciosos, estudios y tiendas de diseño, ateliers y gastronomía de la mejor. La concentración de artistas del barrio es notoria; sólo de cerámica hay más de 20 talleres (en ceramicanomapa.blogspot.com están los datos para visitarlos y una lista de buenos restaurantes de la zona). Cada agosto el barrio se llena a causa del Circuito das Artes, cuando muchos artistas abren sus espacios durante dos fines de semana. Atrás del botánico, el pintoresco barrio de Horto es el rinconcito donde la elite-bohemia carioca acostumbra a comer, y el punto de partida hacia la cachoeira do Horto, un oasis a diez minutos del asfalto, en plena floresta da Tijuca.
Leé más notas de Río de Janeiro en nuestro especial online.





