El cañón del Atuel dispara emociones
No hace falta ser un buen deportista para entusiasmarse con los rápidos
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SAN RAFAEL.- Vacaciones no tiene por qué ser sinónimo de tomarse un descanso. Al menos, eso parece en territorio mendocino, si el destino elegido es San Rafael. Aquí sobran tentaciones para la aventura: rápidos para recorrer, paredes rocosas para escalar, caminos escarpados para andar a caballo o practicar mountain bike. Todo regado por una buena dosis de aire puro y buenos vinos, para darle al aventurero su merecida recompensa cuando cesa la actividad del día.
Una de las rutas más elegidas suele ser la provincial N° 173, que lleva del centro de San Rafael al cañón del Atuel, en un recorrido impecable de cielo azul y aguas espumosas que bordea el cañadón del río aparentemente interminable, seguido de cerca por un rosario de campings, parajes y casas de techos coloridos en la margen derecha del cauce.
Allí es donde la industria del deporte vacacional se ha instalado con más fuerza. Es una de las elecciones más fashion de la zona calzarse el casco amarillo y el chaleco salvavidas para abordar un bote de goma: preparativos indispensables para la práctica del rafting, un deporte a pura adrenalina con un grado de dificultad 2, en la escala que va del 1 al 6, es decir que puede ser practicado sin problemas hasta por el menos valiente.
El rafting es la disciplina que, prácticamente, define el espíritu juvenil de la zona y que comenzó con un par de supuestos locos sanrafaelinos que probaban las ondonadas del río sobra cámaras de camión unidas con soga. Así empezó una industria de aventura que hoy da los mayores réditos de la región.
Para los más arriesgados, una alternativa temeraria bien podría ser subirse a un bote de goma y encarar los 100 km del Atuel desde El Sosneado, un paraje de montaña perdido en el camino hacia Las Leñas, hasta San Rafael, en una travesía de 3 días.
Las versiones de deportes acuáticos varían desde el rafting hasta el doky -una edición acotada del anterior; el bote es comandado sólo por dos personas, con guía incluido, pero con mayores riesgos para los inexpertos-, el canotaje y el kayak.
El Atuel es el lugar ideal para divertirse. Allí la naturaleza toma formas inéditas, el cañón ofrece su silueta modelada por la erosión y el golpeteo del agua, ideal para enfrentar la aventura desde la mejor visión: en una embarcación, dejándose llevar por los rápidos.
Pero si de rapidez en tierra se habla, la visita obligada toma un camino más largo, pero imperdible por su belleza. Se trata de las dunas del Nihuil, otro cañón rocoso cubierto de arenisca que atrae a los viajeros en vehículos 4x4 o en cuatriciclos. El desafío -más que difícil- consiste en sortear las dunas y no quedarse encajado en sus hechiceras profundidades. Tal es la dificultad de los caminos que los organizadores del Mundial de Rally han elegido el Nihuil como una de sus paradas obligadas cada año.
Aventuras con adrenalina
Desafíos hay para elegir. Desde el trekking con pinturas rupestres, a Co-Chicó, Tres Cascadas o Las Tinajas, hasta una excursión al pie del Aconcagua. Basta con recorrer San Rafael o Malargüe y ponerse en contacto con expertos que hallan el lugar y la inclinación perfectos para practicar barranquismo -descenso de montaña bajo una cascada-, escalada en roca, rappel o tirolesa -cruzar un río colgado de un arnés-. Apenas algunas de las alternativas para disfrutar unas vacaciones con poco reposo.



