El desierto mendocino deja ver las huellas de los huarpes
Viaje al pasado por el departamento de Lavalle, en el norte de la provincia
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LAVALLE, Mendoza.- Este desierto casi inconmensurable, de escasa vegetación, este ambiente inhóspito, casi inhabitable hoy, era muy diferente hace un siglo y medio.
Porque aquí se extendían tiempo atrás las lagunas de Guanacache, que ahora están secas porque los afluentes que las alimentaban riegan los oasis de cultivo de la zona.
Esta tierra yerma estuvo otrora habitada por los huarpes, hábiles canoeros, pescadores, recolectores y cazadores que poblaban los bañados. Y a partir del siglo XVII, por cristianos que hicieron suyo este hábitat generoso hasta que las aguas fueron derivadas a las acequias y las lagunas se achicaron hasta desaparecer.
De aquella época datan numerosos puestos abandonados y algunos oratorios, símbolos de la fe. Uno de éstos es la capilla del Rosario, en el departamento Lavalle, al este de Media Agua y cerca de la confluencia de los ríos Mendoza y San Juan (o lo que de ellos queda como arterias acuíferas).
¿Y por qué un santuario justo aquí, que si no fuera por la mísera huella, sería casi imposible llegar aun con una 4x4? Porque era una comarca feraz. Había una población dispersa pero estable, con abundante caza y pesca. Y donde hoy un vehículo todoterreno se hundiría, se pasaba lo más bien a caballo, a mula ... o a pie.
En el descampado
El edificio religioso es de inconfundible arquitectura colonial, con una sola nave y dos torres con cupulines. En 1630 se construyó una primera capillita de madera de algarrobo revocada con greda; la actual data de 1753, aunque está dañada por el terremoto de 1861 y parcialmente reconstruida en 1863. No obstante, sus modestas dimensiones tienen cierto aire de imponencia en medio del llano descampado donde se yergue.
En su interior penumbroso se guarda y venera la imagen de Nuestra Señora del Rosario, que habría sido traída de Chile. Y en las proximidades se encuentran las tumbas del fiel tropero de San Martín, Sosa y de varios caciques huarpes, entre ellos un tal Pascual Sayanca. "El General San Martín llevaba muchos animales. Miles de mulas de silla y de carga, caballos de pelea y gran número de vacunos para avituallamiento de la tropa. En el cruce de la Cordillera eran importantes los soldados, decisivas las armas, pero más necesarios aún los arrieros y troperos que conducían y cuidaban la hacienda", comentó un hombre de tez bronceada tan viejo que parecía un veterano del Ejército Libertador.
El tropero Sosa era íntimo de San Martín, uno de sus hombres de consulta y confianza. Después de tanto andar reposa cerquita, a pasos de la capilla del Rosario. Aquí es donde en la primavera de cada año, desde fines de septiembre hasta octubre, confluyen miles de peregrinos para rendir culto a la Virgen.
Vienen engalanados los gauchos a caballo, y a veces de muy lejos. Porque la celebración en homenaje a la santa patrona es una de las festividades más arraigadas y concurridas en toda la región de Cuyo. Y muy poco conocida fuera del ámbito local, pero que vale la pena presenciar.
Cómo llegar
Para acceder a la capilla del Rosario hace falta tomar la ruta nacional 40 de Mendoza en dirección a San Juan. Unos 10 kilómetros antes de llegar a Media Agua, en el paraje Tres Esquinas (cartel indicador Laguna del Rosario) se dobla hacia la derecha, primero por camino mejorado y luego por huella de tierra, hasta alcanzar el solitario oratorio después de unos 40 kilómetros de recorrido.


