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En el camino pasamos por la vieja estación de trenes, donde sale el Teleférico Línea Roja, en la zona conocida como Ballivián. En la entrada hay unas carpas: allí atienden al público los yatiris, chamanes que leen la suerte con hojas de coca. Más adelante está Laja, donde en 1548 se fundó la ciudad de La Paz y hoy venden un famoso pan sin levadura. En esta excursión nos guía el paceño Ángel Tola. Durante el trayecto, nos resume costumbres bolivianas: en el país hay 33 grupos étnicos, entre ellos quechuas y aimaras; se suele comer cinco veces al día, con excepción de los cochambinos "que comen seis veces, porque trabajan para comer". El típico plato paceño lleva papa, habas, queso frito y carne de res. Hay 300 tipos de papa. Al picoteo antes del almuerzo se le dice "sajear". Nos detenemos en el Mirador Lloco-Lloco, con vista espectacular del valle con la Cordilleras de las Tres Cruces y la Real Oriental de fondo. Hay varios picos que superan los seis mil metros: Sillimani (6.400 msnm), Huayna Potosí (6.088 m), Illampu (6.368 m).
Por fin llegamos al Centro Espiritual y Político de los Tiwanaku, cultura pre inca vigente desde 1580 a.C. hasta el 1200 de nuestra era, que se extendió hasta territorios del actual Perú. El complejo abarca 30 hectáreas con los restos templarios más antiguos de los Andes y dos museos. El Museo Regional Lítico, con colección de esculturas imponentes, fue construido para preservar el Monolito Beneth, de 9 metros de alto y 18 toneladas de peso, que, se estima, fue realizado en el 1538 a.C.; el otro es el Museo de Cerámica, con piezas de los distintos períodos hasta llegar a la alfarería inca. En una de las vitrinas hay una momia aimara envuelta en totora. Está en posición fetal, como sepultaban a sus muertos, listos para el renacimiento.
Entre los restos algo descuidados de los templos ?de piedra andesita gris? está Kalasasaya (156 X 117 metros), donde se encuentra la famosa Puerta del Sol, de diez toneladas de peso. En el solsticio de invierno ?Año Nuevo Aimara? los primeros rayos solares ingresaban por dicha puerta, que hoy está exhibida en otro lugar, donde no se da este fenómeno, según cuenta el guía. El muro del frente no es original y tiene tallado un calendario. A los costados se conserva el material original y eso se nota por el color de la piedra. De la puerta principal del templo se ve el monolito Ponce, de un solo bloque de andesita, con turbante e iconografías. Lo mejor del complejo es el templete semisubterráneo con 175 cabezas enclavadas, todas diferentes. También se pueden apreciar las pirámides de Akapana, restauradas gracias a una millonaria donación del venezolano Hugo Chávez. Es fundamental contratar guía para interpretar las construcciones: Tiawanaku no tiene apariencia espectacular, como otros sitios arqueológicos.
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Por Nora Vera. Extracto de la nota publicada en revista Lugares n° 228.

