De Santa Cruz a las sierras de Córdoba, cinco alojamientos muy poco convencionales para una estadía que combina una experiencia lúdica, contacto con la naturaleza y diseños únicos
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La forma de viajar está en constante cambio. Cada vez más estudios confirman lo que ya se ve en los itinerarios: los viajeros buscan experiencias, no solo descansar o conocer un lugar nuevo.
En este contexto, impulsado también por las redes sociales, los alojamientos poco convencionales ganan protagonismo. Generalmente, se trata de propuestas que nacieron de una oportunidad, de una curiosidad o un hobby de alguno de sus propietarios. En todos los casos, hay un denominador común: el alojamiento deja de ser un servicio complementario para convertirse en una experiencia en sí misma y, muchas veces, en el principal motivo del viaje.
1- Hotel cápsula en el aeropuerto de Ezeiza
Sabrina Hernández, con más de 20 años en el rubro de la hospitalidad, tuvo la idea mientras viajaba por Asia. En un aeropuerto, entró a un espacio de descanso capsular y vivió algo inesperado. “Sentí calma en medio del caos: una cama, una ducha, un momento que era completamente mío. Ahí me pregunté, con la certeza de quien ya conoce la industria, ¿por qué esto no existe en la Argentina?”, detalla. Al volver, se lo contó a sus hermanas —que no venían del rubro, pero estaban listas para apoyar su sueño— y así abrieron el primer hotel cápsula en Esquel.
Ese proyecto cerró con la pandemia, pero las hermanas continuaron su camino con un objetivo claro: lograr abrir un hotel cápsula en un aeropuerto. Fue un camino difícil y largo, pero My Pod Capsule Airport finalmente llegó a Ezeiza. “Lo que hoy ofrecemos es el resultado de todo ese camino: una fusión entre el concepto capsular y la experiencia de la línea boutique. Creemos que cualquier viajero, sin importar su presupuesto o su categoría de asiento, merece un refugio antes de seguir su viaje. Eso es lo que nos mueve desde el primer día”, agrega.
Cada pod es un espacio privado para relajarse que cuenta con una cama, iluminación personalizada, enchufes y wifi. Hay algunos más grandes que incluyen duchas con amenities, espacio de guardado de equipaje y snack bar ilimitado. Una particularidad es que se puede reservar por día o por hora, y también permite el uso de espacios de coworking y salas de reuniones.
“Hay quienes llegan por curiosidad porque escucharon hablar del concepto o vieron algo en Instagram. Pero también están los que nos buscan con propósito. El ejecutivo con seis horas de escala necesita una ducha y dos horas de trabajo sin ruido. La persona que llega de madrugada y desea descansar o ducharse. El viajero frecuente que ya nos tiene como parte de su rutina de viaje”, finaliza.
2- A 340 metros de altura, con vistas al Fitz Roy
La mayoría de los viajeros que pisan El Chaltén buscan lo mismo: la vista más impresionante del Fitz Roy. Para eso caminan kilómetros y kilómetros, se levantan al alba para ver cómo los rayos del sol lo tiñen de naranjas y rojos intensos. De esa búsqueda incansable surge este proyecto. Se trata de Ovo Patagonia, un alojamiento de cuatro cápsulas de acero y policarbonato adheridas a una pared de roca, a 340 metros de altura, frente al Fitz Roy.
Y si de experiencias diferentes se trata, esta lo tiene todo: la única forma de acceder a cada habitación es avanzando por una vía ferrata suspendida en el vacío. Cada cápsula tiene tres espacios distribuidos en forma vertical: en la parte superior, está la cama de dos plazas; en la parte del medio hay un living con baño en seco; y, en la parte de abajo, una red suspendida a 300 metros de altura con almohadones para disfrutar aún más de la vista (y del vértigo, claro). “Es un espacio diseñado para que nunca más te olvides que estuviste en el OVO, colgado de la montaña”, describió Ezequiel Ruete, una de las personas detrás del proyecto.

3- Antiguos vagones de tren reciclados en Vagues
Es innegable que los trenes tienen un encanto especial. Ya sea por las distancias que recorren, por el progreso que llevaron hasta tierras recónditas o por la nostalgia que transmiten, siempre son valorados por los viajeros y curiosos que tienen la oportunidad de subirse a ellos. Generalmente se usan para viajar, pero Arturo Figueroa decidió darles otra vida: restaurarlos y transformarlos en habitaciones con todas las comodidades en San Antonio de Areco.
“La idea la tuvo mi viejo. Su objetivo era hacer un hotel que no fuera convencional y, en ese momento, ya estaba restaurando un vagón antiguo”, cuenta Candelaria, la mayor de sus cinco hijos que también forman parte del proyecto Los Vagones de Areco. Cada máquina restaurada está completamente equipada con baño privado, aire acondicionado y hasta calienta colchones para el invierno. “Todo lo hizo mi viejo, desde la decoración hasta la restauración”, cuenta con orgullo.
Y cada uno tiene su historia: por ejemplo, el Peña es un furgón de cola que trajo desde Corrientes. El último en incorporarse al proyecto es un vagón comedor que estuvo 30 años en la Estación Devoto. “Todos fueron comprados a particulares. Él se enteraba que alguien vendía uno e iba, charlaba, negociaba, se tomaba unos mates y así fue armando todo de a poquito”, explica y cuenta que, a las siete habitaciones actuales, se le van a sumar otras dos en un antiguo vagón de subte. La propuesta es todo incluido: reciben a los visitantes con una picada y vino, a la tarde con budines, chipá y algo caliente. La cena es en el vagón comedor de más de 100 años y continúa con un fogón bajo las estrellas. También ofrecen días de campo.
La gente que visita este lugar no sólo se encuentra con la posibilidad de dormir dentro de los vagones, sino también de recorrer la historia a través de diferentes objetos que Arturo colecciona y guarda en su pequeño museo de reliquias. También de disfrutar el entorno del lugar rodeado de naturaleza y tranquilidad. “Es una escapada que está buena y la gente valora mucho también eso: descansar, comer rico y estar en contacto con la naturaleza”, finaliza.
4- Como un huevo de dragón, pero de metal, en Trevelin
En pleno valle fértil chubutense, cerca de los famosos campos de tulipanes que florecen en noviembre, este alojamiento llama la atención sobre todo por su forma: se trata de una estructura de metal con forma de huevo que fue elegido hace dos años como ganador del OMG Fund, el primer Fondo para Alojamientos Singulares de Airbnb.
Llamado Huevo de dragón, está ubicado en un predio de 6.000 metros cuadrados y nació como el propio atelier del arquitecto Martín De Estrada que luego se convirtió en alojamiento. Por dentro hay una cama para dos personas, una mesa con dos sillas, una cocina y un baño. Por fuera, está revestido de chapa cortada y oxidada, la misma técnica que utilizó Tomás Schinelli, escultor del dragón que lanza fuego en la plaza de Trevelin. Para los curiosos, este lugar puede alquilarse por Airbnb y cuesta alrededor de 126 dólares por noche.
“En principio, apareció el huevo en sí mismo como figura. Yo estaba atravesando un momento feo y quería meterme en un huevo. Lo pensé como figura de renacimiento, de la totalidad, como un arquetipo de renacer. Después apareció lo del huevo de dragón, por la cultura de los pobladores galeses, tan arraigada en Trevelin”, contó De Estrada.

5- Aviones transformados en habitaciones, en Córdoba
Lo que comenzó como un proyecto en honor a su árbol genealógico, se transformó en uno de los alojamientos menos convencionales de Argentina. Oscar “Pupi” Scorza comenzó su proyecto Campo Hotel Nono Luigi como un hotel convencional con doce habitaciones nombradas en honor a sus antepasados. El objetivo era darle vida turística a la localidad de Oncativo, ubicada a poco más de 80 kilómetros de Córdoba Capital.
Sin embargo, el concepto del hotel evolucionó cuando en un remate le ofrecieron un avión: “En un principio pensé que era un avión para volar acá en Nono Luigi, donde tenemos una pista. Luego me enteré que era un Boeing 737 que solía ser de la aerolínea Southern Winds”, explica y comenta que terminó comprando los tres que estaban en remate. “Trasladarlos fue toda una travesía. Uno de los aviones se trabó en un puente de la Av. Juan B. Justo, pero fue una desgracia con suerte porque salió publicitado en todos lados”, agrega. El primero que llegó a Oncativo se transformó en un espacio que funciona para eventos.

Los otros dos en un alojamiento llamado Air Damasco. El impacto visual de los aviones estacionados en el predio queda atrás cuando el huésped ingresa y se encuentra con habitaciones súper tecnológicas con mesas de luz inteligentes y duchas en las que se puede escuchar música. Cada una tiene jacuzzi en el balcón, aire acondicionado, wifi, baño privado además de que conservan tal cual el interior como cualquier cabina de avión con sus ventanillas, puertas de emergencia y hasta, en algunos casos, la cabina del piloto.
“Es un lugar único en el mundo. Subís por una manga, igual a la de los aeropuertos y llegás a la sala vip donde hay un pequeño museo con las cocinas, las bauleras, una caja negra y algunos detalles. La gente tiene una gran curiosidad por los aviones y, por eso viene, desde todos lados”, finaliza.

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